naturaleza humana

¿Qué es el tiempo libre? El significado y las características de un concepto nuevo que siempre sugiere un modo de empleo.

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Ocio y negocio

Quiero llamar la atención sobre una distinción lingüística que no he visto mencionar con la frecuencia que merece —la diferencia entre dos palabras ‘ocio’ y ‘negocio’.

La distinción usual es sugerente, pues hace al negocio lo opuesto a ocio: neg-ocio, no ocio —un tema que lleva al concepto del tiempo libre, que ha sido definido así:

«Se conoce como Tiempo Libre a aquel tiempo que la gente le dedica a aquellas actividades que no corresponden a su trabajo formal ni a tareas domésticas esenciales. Su rasgo diferencial es que se trata de un tiempo recreativo el cual puede ser utilizado por “su titular” a discreción». Definicion ABC.

O de esta otra manera, en realidad no muy diferente:

«Tiempo libre es el periodo de tiempo disponible para una persona para realizar actividades de carácter voluntario, cuya realización reportan una satisfacción y que no están relacionadas con obligaciones laborales y/o formativas». Significados.

E incluso, definido con un componente médico:

«El tiempo libre es el tiempo dedicado a actividades recreativas y que está exento de obligaciones. Es necesario para un desarrollo óptimo de la salud, para distender las tensiones y entablar relaciones sociales». Definicion.mx.

Tiempo libre y ocio son virtualmente iguales, como se aprecia en esta definición:

«Ocio es el tiempo de una persona para descansar y aprovecharlo en actividades que no sean meramente laborales, es un tiempo para realizar todo aquello que al individuo le guste y le divierta». Significados.

La falla obvia

La definición usual tiene una falla considerable y que parte de la suposición no justificada de que trabajo y ocio son contrarios, de que tiempo libre y ocupaciones son opuestos.

¿Lo son realmente, tanto como para aceptar que si el tiempo libre es positivo, el trabajo es negativo?

No por definición, pues hay casos de personas en los que no hay distinción de tipo negativo-positivo entre ellos —tanto su ocupación o trabajo es tan positivo como su ocio y tiempo libre.

Si en el ocio la persona hace lo que «le guste y le divierta», algo dedicado a la «recreación» y «exento de obligaciones», será natural inferir lo opuesto: el trabajo no gusta ni divierte, no es recreativo y tiene obligaciones.

Pero lo que sucede con quien tiene pasión por su trabajo, quien gusta hacerlo, quien se divierte haciéndolo —todo eso niega la universalidad pretendida de igualar al trabajo con una carga desagradable y al ocio con una carga positiva, lo que es demasiado primitivo.

Este es un punto central en esta columna, el apuntar la equivocación que se hace al suponer que el ocio y el tiempo libre son por definición buenos, y el trabajo y las ocupaciones malas —cuando no hay nada que eso acredite razonablemente.

Es evidente por sí mismo que existen ocios malos y buenos, como por igual existen ocupaciones buenas y malas —lo que abraza la cuestión de fondo en el tema: eso que hace a cualquiera de esas cosas buenas o malas.

Superación propia

Llego de esa manera al punto que pretendo acentuar, el de la existencia de alguna pauta que permita hacer esa distinción entre ocio bueno y ocio malo, entre ocupaciones buenas y malas.

Esa pauta debe estar contenida en la idea de la superación humana, de su enriquecimiento —de la satisfacción de su naturaleza propia. Por esto, quien en su ocio o en su trabajo pierda el propósito de superarse o se rebaje, estará obrando de manera reprobable.

En palabras diferentes, es errado suponer que el ocio es positivo por principio —y negativo el trabajo.

Podría muy bien darse la situación contraria, la que llevada a su extremo podría hacer llegar al absurdo de que es negativo el esfuerzo que presentan las obligaciones de educar a los hijos, o de estudiar para saber más.

Una vez apuntada la idea anterior, creo conveniente señalar que acaso puede verse el error que he señalado como una consecuencia del hedonismo —el que pretende considerar como positivo la renuncia a obligaciones y el dedicarse a hacer cualquier cosa de la que se tenga un capricho.

Y, finalmente, precisar que nada de esto significa que algunos momentos de descanso y rompimiento de rutinas, sean indebidos —incluso con la posibilidad de «romper» reglas midiendo consecuencias.

La idea y características

El concepto del ‘tiempo libre’ ha producido una cierta inquietud —la suficiente como para la existencia de sugerencias sobre el uso de eso momentos.

E incluso para la intervención estatal en este campo:

«En el marco de la Undécima Reunión Internacional de Expertas y Expertos en Encuestas de Uso del Tiempo y Trabajo No Remunerado, la funcionaria federal [Lorena Cruz Sánchez, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres] explicó que para muchas mujeres, la idea de utilizar su propio tiempo libre en algo que les guste o les interese resulta extraña porque simplemente no cuentan con éste». Inmujeres.gob.mx

Es impresión mía que la noción entera de tiempo libre merece ser explorada —para comprenderla con más amplitud que la usual. Esto es lo que intento hacer en lo que sigue.

El real significado del tiempo libre: sus características

1. Oposición a no libre

Tiempo libre supone la idea de la existencia de otro tiempo no libre —un tiempo de obligación y deber, como el de trabajar para el sustento propio; o el de estudiar para la escuela.

Su esencia está bien explicada en el contraste que se da en dos posibles situaciones —una la de «tengo que» y la otra la de «no tengo que».

Por ejemplo, una persona en su tiempo libre puede decidir ir al teatro no, es decir, no tiene que ir; en cambio los actores de la pieza, sí tienen que actuar en el teatro.

2. Ocio simplemente

Una buena palabra es la de ocio para describir el tiempo libre, junto con todos sus equivalentes, como descanso, asueto, holganza, vacación, recreo.

Lo que hace entender al tiempo libre como uno en el que la persona decide qué hacer sin que ella reconozca obligaciones.

La dualidad entre trabajo/obligación y tiempo libre es la manera usual de comprender la naturaleza de este último, cuando la persona puede definir su situación como una en la que no tiene nada obligatorio que hacer —y por eso, puede ella decidir acciones sin obligaciones.

3. Diversión

Existe la mentalidad que hace equivaler al tiempo libre con diversión, entretenimiento, solaz, esparcimiento —a lo que se le da connotaciones de alegría, gusto, placer.

Tener tiempo libre, por esta razón, es en lo general una meta ambicionada, especialmente por quienes trabajan.

La meta ha sido cumplida en proporciones crecientes al reducirse las jornadas de trabajo y ampliarse el número de personas que tienen tiempos libres impensados en tiempos pasados —un efecto del gran aumento de la productividad.

4. Deseable

Ha sido creado un contraste opositor que coloca al tiempo libre en un plano positivo y al trabajo en uno negativo —un efecto no bienvenido que hace pensar en el trabajo como algo indeseable que no proporciona satisfacción alguna, un efecto colateral muy indeseable.

O sea, la actitud frente al esfuerzo que requiere el trabajo es negativa —el trabajo tiende a ser repudiado sin entender las satisfacciones que produce y que obviamente existen.

En el trabajo hay realizaciones humanas que benefician a todos, pero que la obsesión con el tiempo libre ignora.

También, ha sido ignorado el potencial del tiempo libre al considerarlo solo un centro de diversión alejado de la idea de la mejora personal —un efecto indeseable producido en parte por la educación que coloca casi todo su énfasis en la preparación para el trabajo, pero no en la superación personal.

Conclusión

Mi conclusión es el querer poner sobre la mesa el riesgo que existe al valorar de más al tiempo libre y dar importancia escasa al trabajo.

Este riesgo tiene dos facetas:

1. Retirar del trabajo su potencial de realización personal y la satisfacción que acarrean los logros laborales —el riesgo de perder el sentido del trabajo y llegar a aborrecerlo.

2. Considerar al tiempo libre solo como una oportunidad de ocio sin potencial de realización personal, ni de logros que él pueda traer —el riesgo de un tiempo libre sin elementos de aspiración personal.


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Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

¿Qué es felicidad personal? Una definición

Otras ideas:



[Actualización última: 2020-08]

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Notas extras sobre el tiempo libre deseado

Por Eduardo García Gaspar 

Los deseos

Hay de muchos tipos. Los hay de toda clase, tipo y ralea. Funcionan como detonadores de decisiones y conductas. Son las opciones de nuestra vida, esas alternativas que seleccionamos y a las que asociamos con el tiempo libre.

Una cita de C. S. Lewis (1899-1963):

«Todo hombre civilizado y sano debe tener algún conjunto de principios por medio de los que decide rechazar algunos de sus deseos y permitir otros […] Sucumbir a todos nuestros deseos obviamente lleva a impotencia, celos, mentiras, hipocresía y todo lo que es opuesto a salud, buen humor y franqueza. Porque para cualquier felicidad en esta tierra, será necesaria una buena cantidad de moderación».

Siguiendo al mismo Lewis, imagine usted a alguien que tiene un deseo grande por la comida.

«No hay nada de qué avergonzarse cuando disfrutas tu comida: habría todo de qué avergonzarse si la mitad del mundo hiciera de la comida el principal interés de sus vidas, pasando su tiempo viendo fotografías de comida y chasqueando sus labios».

Variedad de deseos

Hay una gran idea en esas palabras de Lewis. Frente a nosotros, a diario, se presentan oportunidades de decisión, alternativas para actuar. Motivadas por la satisfacción de deseos personales, objetivos que queremos lograr.

Puede ser beber una cerveza ahora mismo; ir por la tarde al cine; terminar una tarea; dar un beso a la esposa; saber el último chisme de un político; contar un chisme a un amigo; ver pornografía en Internet; mandar un video de un gato que baila a los teléfonos de los amigos.

Son miles de posibles deseos por satisfacer; robar un banco; pagar la hipoteca; rezar un rosario; engullir un plato doble de pasta; golpear al que está frente a nosotros; ponerse una máscara y romper el aparador de una tienda; miles y miles de cosas, deseos que podemos cumplir.

Muestran principios personales

Mi punto es que, entre esos miles de deseos, nuestra conducta mostrará un patrón de conducta: un cierto tipo de deseos satisfechos con acciones frecuentes. Ese patrón que muestra a un cierto tipo de deseos cumplidos es lo que permite mostrar los principios que tenemos.

Principios que usamos para «rechazar algunos de sus deseos y permitir otros», como escribió Lewis.

Es decir, nuestra conducta real, las cosas que hacemos, son un buen indicador de los principios que están en nuestro interior.

Si examinamos las cosas que hacemos con frecuencia y las que evitamos hacer, eso nos dará información sobre lo que consideramos más importante en nuestras vidas.

Tomo un ejemplo claro y extremo para ilustrar esto. El de una persona que lleva varias operaciones de cirugía estética, es compradora frecuente de ropa y accesorios para vestir, y también de maquillaje. Esto puede dar a esa persona una buena indicación de sus prioridades. Pero no es todo.

Son también importantes las cosas que evita y rechaza. En este caso ella no lee ni el periódico, la ahuyentan las comidas fuertes y las conversaciones «de fondo». Un caso claro, simplificado, que ilustra mi idea.

Observación propia

Observando las conductas propias, uno es capaz de conocerse mejor sabiendo las cosas que a uno más importan.

Por inferencia, eso permite conocer los principios que unos más valúa. Esto no es más que esa idea de conocerse a sí mismo; la de que la vida propia debe ser examinada.

Un examen de deseos propios y cómo los seleccionados y los evitados dan una idea de lo que más valoramos. Este es el punto al que quiero llegar: ese conocimiento propio es que que inevitablemente plantea una pregunta. ¿Eso es todo en la vida o hay más?

Vuelvo al caso simple y extremo anterior. Podría esa persona preguntarse si en su vida hay algo que está más allá de senos rejuvenecidos y bolsos de M. Kors. Otros podrían preguntarse si hay cosas más allá de videojuegos, cerveza y fiestas.

Es esa actitud socrática de ponerse a pensar y vivir una vida digna, es decir, examinada. O al menos tratar de hacerlo. Un buen punto de arranque es esa pregunta de si hay cosas más allá, superiores a las que forman la vida propia actual.