Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tolerancia: Vieja y Nueva
Eduardo García Gaspar
20 septiembre 2013
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Puede pensarse que es una idea muy moderna.

Una de esas que nos hacen sentir superiores a las generaciones pasadas.

Una de las que nos sentimos orgullosos por ser progresista o moderna o actual.

La verdad es que es bastante vieja. No somos la primera generación que piensa en ella.

Me refiero a la tolerancia, eso de soportar aquello con lo que no estamos de acuerdo o que contradice lo que pensamos.

La manifestación más sensible de esto es la religión. ¿Debe una religión tolerar a otra? ¿Puede un cristiano ser amigo de un judío, un ateo, un budista? La respuesta moderna es un sí muy claro.

Pero también había un sí muy claro en el siglo 13. Santo Tomás de Aquino (1225?-1274) escribió que la Iglesia “no prohibe que los creyentes se asocien con no creyentes que nunca han aceptado la fe Cristiana”.

No está nada mal ver esto escrito unos buenos siglos antes que las ideas de la tolerancia de Locke.

Lo que en nuestros tiempos se ha olvidado es la razón de esa tolerancia. Ahora la vemos como un principio ilimitado que a todo aplica y que nos hace sentir que hemos progresado mucho comparado con los salvajes de antes.

No es para tanto, y la razón central que antes se esgrimía para justificar la tolerancia es más práctico.

La noción de tolerancia de antes se fundaba en la prudencia. Se razonaba que soportando algunos males, se podían tener algún bien y quizá evitar males mayores. Es una razón superior a las que se usan hoy y que justifican a la tolerancia por la tolerancia misma.

Hablando de estas cosas, Santo Tomás cita a San Agustín: “Prohíbase la prostitución y el mundo se destruirá por la lujuria”.

El fondo es un razonamiento poderoso y, me parece, más refinado que el actual (si es que existe). La tolerancia tiene una justificación central, la de prevenir males mayores.

La prostitución es un ejemplo pasado. La prohibición de las drogas es un ejemplo actual, donde me parece, muchos como Aquino y Agustín, hubieran dicho que sí, que son malas, pero que el todo empeoraría al prohibirlas.

La Prohibición en los EEUU es un buen ejemplo de no tolerancia al viejo estilo, con sus secuelas terribles.

Esto es lo que creo que merece una segunda opinión. La tolerancia, a ese viejo estilo, tiene más inteligencia que la de nuestros días.

Al menos tiene una justificación sólida, esa de evitar males mayores posteriores. Una razón refinada y sutil, la que anticipa de cierta manera una noción posterior, la Teoría de los Efectos no Intencionales (especialmente la expresión de B. Mandeville)

La tolerancia al nuevo estilo es más burda y tosca. Creyéndose un valor incuestionable, invita a justificar lo que sea como algo válido y bueno. Esto desvirtúa toda la noción: sólo puede tolerarse aquello con lo que se está en desacuerdo y hacerlo para evitar males mayores.

No tiene sentido tolerar todo, lo que sea, pensando que es válido y bueno, sin considerar los efectos de esa tolerancia indiscriminada.

Supongamos que usted no está de acuerdo con los matrimonios de personas del mismo sexo, ante lo cual se suele pedir tolerancia. Interpretada al viejo estilo, esa tolerancia es muy distinta a la tolerancia de estilo moderno.

En su sentido original, la tolerancia de esos matrimonios estaría dictada por la idea de no causar males posteriores mayores (y si se cree que los causa, la tolerancia indicaría una discusión civilizada de sus inconveniencia). Pero en el sentido moderno, lo que la tolerancia pide es muy distinto.

Lo que la nueva tolerancia nos pide es aprobar esos matrimonios, congratularnos de que existan y aceptarlos sin condiciones, pues de lo contrario se nos acusaría de intolerantes.

Eso no es tolerancia, sino una petición incondicional de aprobación de esos matrimonios por parte de quienes piensan que son indebidos.

Quizá sea ése el error central de la nueva idea de tolerancia, la de significar una solicitud forzada de aprobación a lo que uno piensa es reprobable.

El giro y la distorsión de la idea vieja es notable y forma parte de ese terrible conjunto de cosas que se llama censura por la vía de lo políticamente correcto, una forma de regresar a los temas que son tabú.

Post Scriptum

Debo agregar que en las nociones de tolerancia religiosa de Locke, por ejemplo, había alguna dosis de discriminación contra algunos creyentes, que no podían ser, por ejemplo, gobernantes.

Santo Tomás, también, muestra un trato severo contra quienes habiendo creído en la fe verdadera, la han abandonado o se han vuelto herejes.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Tolerancia.

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