Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Total, da lo Mismo
Eduardo García Gaspar
5 junio 2013
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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La idea es sencilla. Tanto que suele no reconocerse. Tampoco verse.

Pero es simplemente, un asunto de consecuencias lógicas.

Me refiero a una de las causas de la pobreza.

Comencemos por el principio aceptando que el factor central para prosperar es uno sólo, la productividad.

No es secreto. Tampoco lo es que ella sólo puede lograrse con un método, la creación de más y más capital: cosas como tecnología, dinero, instalaciones, procesos, infraestructura y demás.

Y entre esas cosas hay un elemento clave, el capital humano. La relación es directa. A más capital, más productividad y más prosperidad general para todos.

Vayamos ahora a esa parte vital, la de capital humano. Por supuesto, incluye conocimientos, preparación, capacitación, experiencia, lo obvio.

Todo eso que se refiere a saber en general, en especial, al saber qué hacer y cómo hacerlo. Es lo que se obtiene en los salones de clase, en las aulas de capacitación, en los cursos prácticos, en el trabajo diario. Es obvio y lógico.

Pero es ahora que las cosas se ponen interesante. Todo, porque capital humano también incluye otras cosas.

Cosas como honestidad, puntualidad, sentido del deber, confianza en sí mismo, capacidad imaginativa, ansias de prosperar, hábitos de ahorro y cosas que podrían llamarse virtudes, si es que usamos esa palabra tradicional.

Esas virtudes, todas ellas, están sostenidas en una idea directa, la de que hay cosas buenas y cosas malas, cosas que deben hacerse y cosas que no deben hacerse.

Y que eso bueno y eso mal es objetivo, real, existe, no es una cuestión subjetiva, ni personal, ni variable. Ser puntual es mejor que no serlo, ser honesto es mejor que no serlo, ser esforzado es mejor que ser perezoso.

Usted dirá, tal vez, “eso ya lo sabía y este columnista no ha dicho nada nuevo”. Es cierto, pero aún me queda por añadir algo. ¿Qué diría usted si se entera que hay quienes niegan eso?

Sí, gente que dice que ser honesto es igual a no serlo, que ser puntual es igual a no serlo, que tener sentido del deber es igual a no tenerlo. ¿No me cree? Es cierto, hay personas, muchas, que eso afirman una y otra vez.

Si regresamos a lo de capital humano, podemos ver el efecto que eso tiene: reduce el capital humano, le quita calidad y, por eso, disminuye su productividad. Es decir, eleva la pobreza, o al menos, hace que la prosperidad sea menor a la posible.

No es un asunto complicado. Quite usted virtudes al capital humano y éste será de menor calidad que en el caso opuesto.

Eso desafía la imaginación. Es una de las acciones más miopes en las que podría pensarse. Y existe. Hay personas que lo sostienen y defienden. Eso tiene un nombre. Se llama relativismo y su idea central es que todo es relativo (menos eso que ellos dicen).

Si todo es relativo, entonces nada hay objetivo, y da lo mismo ser prudente que no serlo. Igual, da lo mismo gastar que ahorrar, ser perezoso que esforzado. No exagero y esto me sirve para tratar el real punto de fondo: las ideas que tienen las personas son parte de su capital humano. Y esas ideas puede ayudar a valer más, o a valer menos.

En parte, esto explica el por qué en estas columnas se ataca al relativismo. Tiene un efecto material negativo. Nos hace menos ricos de lo que podríamos ser. Un ejemplo añadirá claridad a lo que afirmo. Tomemos algo que me parece es un rasgo cultural mexicano, aunque también de otras partes: la costumbre de pedir, exigir, solicitar.

Esto puede verse muy bien en los pliegos petitorios de los sindicatos, en las protestas de estudiantes que exigen siempre algo, en las personas que reclaman ayuda gubernamental por algún cataclismo, en las empresas que solicitan tratos preferentes. Es el hábito arraigado de pedir, demandar, querer y darle ese deber a otros.

Contraste usted ese rasgo cultural con otro, el contrario, el de ofrecer y dar. El de trabajar y esforzarse. El de valerse por sí mismo sin depender de la ayuda de otros. Este es un sentido de independencia y valor personal, exactamente lo contrario al otro, que es un sentido de dependencia y poca estima propia.

Y, sin embargo, para un relativista, eso da lo mismo. Es igual tener confianza en uno mismo que no, o estudiar mucho que no. Y es que cuando alguien predica que todo es relativo, lo que hace es fomentar lo opuesto a lo deseable. Si da lo mismo esforzarse que no, es humano no hacerlo.

Sí, las ideas tienen consecuencias y la idea del relativismo no es excepción, ella disminuye lo que valemos.

Post Scriptum

Hay más materia sobre el tema en ContraPeso.info: Relativismo Moral. También en el tema fascinante de ContraPeso.info: Efectos no Intencionales. Sí, las ideas tienen efectos.

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