Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tres Críticas, Una Curiosidad
Eduardo García Gaspar
27 mayo 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Las críticas tienen su dosis de verdad. La tienen incluso a pesar de ser apuntadas con cierto rencor, y hasta rabia.

Se le acusa de escándalos sexuales, abusos a menores de edad.

También de manejos financieros cuestionables. A lo que se adiciona un ambiente de enemistades internas, politiquería, facciones y divisiones.

Son ciertas esas críticas. No pueden negarse.

Cierto es también que suelen ellas señalarse dentro de un humor resentido en el que el aborrecimiento es elemento acostumbrado. Esto las distorsiona, pero no les retira su realidad.

Sí, la Iglesia Católica tiene esos defectos. Sí, algunos de sus miembros ha cometido hechos aborrecibles, sí hay manejos financieros sospechosos y sí, hay divisiones entre ellos (algunas significativas).

Lo anterior, creo, resume las principales críticas que recibe la Iglesia Católica. Nada nuevo he dicho hasta ahora. Y, sin embargo, hay algo interesante en todo esto. Muy interesante.

Comencemos siendo lógicos.

Para juzgar que algo es malo y que merece ser criticado, primero debe existir una norma que lo apunte.

Por ejemplo, el abuso sexual es reprobable porque existe una norma que lo señala: se juzga como indebido el aprovecharse de una persona sin su consentimiento, especialmente cuando ella es menor de edad. Lo mismo, se juzga indebido al aprovechamiento de una posición de poder para fines de beneficio personal cuando se daña a otros.

Creo que el punto queda claro. Si se piensa que es indeseable que dentro de una organización existan divisiones internas y actos entre facciones que la dañan, es porque tenemos una idea más o menos clara de lo que es bueno. Es bueno que no existan esas divisiones, es bueno que se respete a las personas.

No es un asunto difícil de entender.

En entonces cuando las cosas realmente se ponen interesantes, por una razón que suele no ser puesta encima de la mesa con la frecuencia que debiera.

Lo digo, porque resulta que es la misma Iglesia la que ha enseñado por siglos esa idea de lo bueno y, por ende, de lo malo. Es el Cristianismo, sin duda, la fuente central de la ética que nos hace ver como negativos los abusos sexuales, la politiquería interna, los manejos financieros sospechosos.

Visto de cierta forma, ha sido el Cristianismo mismo el que nos ha dado las normas que se usan para criticar la conducta de algunos de sus miembros. Si esas nociones cristianas sobre lo bueno o lo malo tales señalamientos críticos no existirían, o tendrían mucho menos peso del que tienen.

Eso es lo que resulta realmente curioso, que la moral fomentada por una institución sea la misma que sirva para criticarla.

Las cosas se ponen ahora aún más interesantes, aunque por otra razón. Me explico.

Si necesitamos normas morales, la causa es sencilla de ver: está en nuestra capacidad la posibilidad de decidir hacer lo bueno o lo malo. Y esa capacidad no tiene excepciones. Existe en todos nosotros, incluyendo a los ministros de una iglesia, la que sea.

Un obispo, por ejemplo, lo mismo que usted y yo, puede tener malas conductas y lo malo de ellas sólo puede saberse cuando existe una moral que lo especifique. Esto es lo que lleva a una conclusión inesperada.

¿Son esas acciones criticables de la Iglesia Católica lo suficientemente fuertes como para desear su desaparición o como para renuncia a ella dejando de ser católico?

La respuesta usual se inclina por una respuesta positiva. Sí, esas malas acciones, en lo que tienen de cierto, tienen tal peso que uno pierde toda la fe en la Iglesia… al menos eso de dice.

Pero si uno de verdad pierde toda la fe en ella, también debe perderse la fe en lo que ella misma enseña: perder la fe en que es negativo abusar sexualmente de menores, perder la fe en que es malo iniciar peleas internas, perder la fe en creer indeseables los manejos financieros cuestionables. No tiene mucho sentido.

Quizá todo pueda remediarse haciendo una cosa simple: distinguir la conducta personal de algunos miembros de una institución, de los principios de esa institución.

Después de todo, no anularía usted a todos los abogados del mundo porque algunos de ellos tienen conductas que su misma profesión condena.

Post Scriptum

Quizá el tema pueda ser ilustrado con la historia de las negaciones de San Pedro, narradas en los evangelios. Resulta que el primero de los papas, cuando se pone en una situación de riesgo personal, niega a su Maestro. Una conducta claramente negativa, reprobable, pero que no lleva a la anulación total del mandato que la reprueba.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Escándalos Católicos.

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2 Comentarios en “Tres Críticas, Una Curiosidad”
  1. Eduardo Trueba Dijo:

    El primero de los Papas no fué Pedro, él solo fué un discípulo. Cristo nunca fundó un sistema de sucesión papal ni los papas son el ‘vicario’ de Cristo, ni su sucesor ni representantes de Dios en la tierra. Estas doctrinas falsas son tan o más reprobables que los escándalos mediáticos de la iglesia católica. NOTA DEL EDITOR: ¿y entonces qué hacemos con lo que dicen los Evangelios acerca de la “piedra” sobre la que se fundará su iglesia y lo del Espíritu que no nos abandonará y toda la tradición intepretativa que vino después?

  2. Juan Jose Moreno Dijo:

    Si la doctrina que enseña la iglesia católica es falsa ¿en entonces que hacemos con las demás doctrinas cristiano-protestantes que salieron de ella ?





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