Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Asunto de Criterios
Eduardo García Gaspar
14 octubre 2013
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La comparación es fascinante. Dos países con frontera común y con situaciones opuestas.

El caso me fue explicado por una persona.

Puso ella de un lado a Argentina, del otro a Chile.

En resumen destacó los siguientes puntos.

Argentina era una gran nación, una de primer mundo, hasta que llegó Perón al poder. A partir de ese momento, el país dejó de ser una nación próspera y se unió al grupo de los “eternos subdesarrollados”, según sus propias palabras. Total, una historia de fracaso.

Chile, por su lado, tuvo a otro gobernante poderoso, pero la historia es la opuesta. De ser otra nación de las “eternas subdesarrolladas”, comenzó a volverse lo opuesto. Total, una historia de éxito, según esta persona.

Por supuesto, la comparación es demasiado simple, pero aún así tiene el potencial de presentar lecciones de aprendizaje.

Una de ellas parece tener cierto sentido: en los países en los que los gobiernos tienen un poder desmedido, ejercen ellos una enorme influencia en el desarrollo económico.

Y esa influencia puede ser positiva o no. Pinochet y Perón ilustran esta posibilidad, a pesar de las grandes diferencias entre ellos.

Lo que sea que hizo y heredó Perón, ello ha mantenido a Argentina en una mala situación. Lo opuesto sucede con Pinochet, sus decisiones y su influencia posterior puso a Chile en un camino a la prosperidad.

¿Hay otros casos similares? Sí, de acuerdo con la persona que me hablaba.

Del lado de las consecuencias positivas de gobiernos poderosos están los casos de Corea del Sur, de Taiwan, de Hong Kong.

Del lado de las historias de fracaso económico producidas por gobiernos poderosos hay más casos: Cuba, Venezuela, la URSS, China durante Mao, Egipto y casi todos los países de África.

Lo anterior echa a andar la imaginación para proponer un principio general y universal: la economía prospera en la medida en la que los gobiernos son menos poderosos.

O, visto del otro lado, la cantidad de poder de los gobiernos está en relación inversa a la prosperidad del país. Hay excepciones, pero incluso ellas son pruebas de esto.

Si el principio funciona, uno puede hacer pronósticos tomando a, por ejemplo, los dictadores actuales y predecir que ellos no gobiernan países prósperos.

Tome usted a Mugabe en Zimbabwe, a Bashar al-Assad en Siria, al régimen de Corea del Norte, al de Burma, al de Uganda, al de Venezuela, de Cuba, Irán, y otros más del estilo.

Ninguno de esos países puede ser considerado próspero. El pronóstico se cumple del lado negativo: a más poder concentrado, menos prosperidad. Muy bien, pero falta responder a por qué sucede eso.

Una respuesta razonable es la siguiente: en los gobiernos de mucho poder concentrado los asuntos económicos se deciden siguiendo criterios políticos, como me imagino que Putin lo hace en Rusia, o Maduro en Venezuela.

El objetivo de las decisiones económicas, tomadas por el gobierno, es político y consiste en mantener el poder. No hay aquí criterios de eficiencia, ni de productividad, ni de crecimiento.

La consecuencia es la natural: en un país de gobierno grande y poder concentrado, los recursos no se usan para elevar el bienestar, sino para mantener el poder político. En esos países sólo hay un objetivo nacional, el conservar al gobernante en su posición actual.

Muy bien, entonces puede entenderse mejor lo que, por ejemplo, sucede en Argentina.

Tiene ella un gobierno excedido aunque, por supuesto, no puede verse como dictatorial. Aún así, en ese país, como en muchos otros, se comete el mismo error, del de gobiernos tomando decisiones económicas con criterios políticos.

En la medida que esto se hace, el país reducirá sus posibilidades de prosperar. Incluso aunque no sean países con regímenes dictatoriales, pero sí países con gobiernos excedidos en su poder. Manejan ellos cada vez más poder económico y recursos materiales, con una mentalidad política, como en Europa.

La lección final es lo que bien vale una segunda opinión. Las probabilidades de prosperidad serán mayores en donde los recursos económicos sean manejados con criterios económicos mucho más que con criterios políticos.

El caso del monopolio petrolero mexicano es un ejemplo legendario de ese uso erróneo de recursos, lo que ha convertido a la empresa en un freno al desarrollo.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Economías Frenadas.

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