Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Curioso Letrero
Eduardo García Gaspar
17 enero 2013
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es el producto de una ley. La de establecimientos mercantiles del Distrito Federal, en México.

Publicada en enero de 2009, su capítulo III, artículo 14, fracción X, inciso b), contiene una obligación fascinante.

Dice que todo establecimiento comercial debe tener en exhibición un letrero legible.

Ese letrero que es obligatorio debe decir:

“En este establecimiento no se discrimina por motivos de raza, religión, orientación sexual, condición física o económica, ni por ningún otro motivo”.

No puedo sino especular sobre la causa de la curiosa obligación, una mentalidad extraña que tiende a obsesionarse con ciertas ideas. En este caso la discriminación.

Para cualquier economista desde hace tiempo, el letrero resulta peculiar. En una relación comercial, de compra y venta, lo menos que se tiene en cuenta es la persona que compra o vende.

Los bienes se ofrecen y adquieren por sus valores percibidos, su utilidad, con poca atención en las personas que los fabrican o necesitan.

Si usted vende salchichas, le importará tener muchos clientes y tenderá a no considerar quién los compre, con tal de que los compre. Aunque usted sea un fan del Real Madrid, no por ello dejará de venderle a fans del Barcelona. En el comercio hay poca atención en el quien lo produce personalmente.

Y, si es que la hay, es imposible de evitar. Un amigo, por ejemplo, no compra rones cubanos por causa de los Castro. No me imagino que se le pueda obligar a hacerlo. Y del lado de los productores de esos rones, no creo que discriminen evitado que les compren productos los imperialistas americanos.

Supongamos la tienda a la que fui y donde encontré ese raro letrero. La tienda vendía embutidos, quesos y otros comestibles.

Al propietario le conviene vender todo lo posible y será en su perjuicio si dice que no vende, por ejemplo, a orientales, a lesbianas, o a cualquier otro grupo. El que sea que llegue a comprar será bienvenido. A menos que el propietario sea alguien de mentalidad radical y quiere perder las ventas de algún grupo.

Pero lo que bien vale una segunda opinión es otra cosa en la que no suele ponerse atención. Todos los establecimientos comerciales discriminan y no le venden absolutamente nada a un grupo de personas.

A esas que no tienen el dinero para pagar por los bienes que quieren comprar. Los carros de lujo son un ejemplo de esto. El establecimiento que vende autos Bentley lo hace.

Si el cliente quiere ese auto, digamos un Continental Supersport, le va a pedir que le dé a cambio algo como 300,000 dólares. Esto es una discriminación que usa el criterio de la condición económica y no hay manera de evitarlo.

Esto sucede en todas partes. Si usted quiere comer ostras en Europa, por ejemplo, el menú le dirá que que no hay problema, que lo puede hacer siempre que a cambio usted pague unos 4 o 5 euros por unidad.

No es todo lo que sucede en cuanto a discriminación. En esa tienda a la que entré, vendía productos que discriminan por motivos religiosos: venden embutidos con contenido de cerdo, animal prohibido por varias religiones.

Es decir, están violando lo que dice ese letrero. Un amigo publicista, decía hace tiempo que los champúes discriminaban contra los calvos y las zapaterías de mujer contra los hombres.

Vea usted, por ejemplo, las áreas destinadas a ropa de mujer y a ropa de hombre en las tiendas departamentales. Las dirigidas a las mujeres son más grandes, es decir, se discrimina contra los hombres.

Otro amigo, muy dado a ver paradojas, señaló que el primero es discriminar por condición económica es el gobierno. Y es cierto.

Discrimina contra quienes tienen más ingresos, haciéndoles pagar más impuestos a lo proporcional que deberían pagar. Obama, por ejemplo, discrimina en este sentido y a nadie llama la atención. Al ofrecer subsidios al campo, los gobiernos discriminan en contra de otros sectores, y tampoco nadie se indigna.

En fin, curiosa mentalidad esta que produce la obligación de poner letreros innecesarios en establecimientos comerciales, con ideas que son poco realistas y que demuestran una obsesión igualitaria que es enfermedad de nuestros tiempos.

Porque, después de todo, los cantantes de rap discriminan contra quienes no gustan de ese estilo y quienes no tienen el dinero para pagar sus discos. Por no mencionar a los sordos.

Post Scriptum

El problema del letrero puede verse esquemáticamente en dos aspectos.

1. Al que vende no le conviene discriminar a nadie, como tampoco al que compra. Usted comprará la cerveza que le gusta sin importar realmente quién la ha fabricado. Y quien la fabrica la venderá a todos los que la quieran, sin hacerles un interrogatorio antes.

2. A pesar de la no intención de discriminar, los fabricantes y los comercios lo hacen por la simple naturaleza de sus productos que desechan grupos de personas como efecto inevitable. Los ejemplos son infinitos: las tiendas de discos contra los sordos. Las tiendas de libros contra los ciegos. Las tiendas de deportes contra los paralíticos. Los restaurantes caros contra los de ingresos bajos. Los bikinis contra los musulmanes. Los anticonceptivos contra los católicos…

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Igualdad. Véase ¿Qué es Discriminación? y Discriminar es Complicado.

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