Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Invención Incómoda
Eduardo García Gaspar
29 mayo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Soy de la opinión de que Dios no existe, que toda religión es una invención y que lo inventamos a Dios para sentirnos bien e imaginar que cumplimos con cosas que también son inventadas. ¿Qué puede decir de esto?” Un lector.

Antes que nada, agradezco su comentario. No es usted el primero que piensa eso.

Es relativamente común pensar que la idea de Dios es producto de una imaginación desbocada.

Más aún, también se habla de inventar a un Dios mejorado con respecto a, por ejemplo, el de la Biblia.

Es fascinante que ese “invento” sea tan universal, en todo tiempo y lugar. Como que existe algo en la naturaleza humana que nos lleva a admitir que Dios existe.

Por supuesto, hay varias versiones. Sabemos de creencias en muchos dioses y en uno sólo. En fin, lo sorprendente es que esa creencia en un ser superior o varios sea tan generalizada.

Lo que lleva a plantear el problema de otra manera posible. Si Dios realmente existe, eso nos llevaría a la invención del ateísmo, la suposición de que Dios no existe.

Y, entonces, estaríamos hablando de acusaciones mutuas de inventar lo que no existe y eso no lograría ninguna posibilidad de acuerdos entre las partes. Nos quedaríamos en acusaciones mutuas y eslóganes que son estériles.

Existe una manera de tratar el problema. Si tratamos de inventar un dios, tendríamos que hacerlo de cierta forma. Una que se acoplara a lo que pensamos, a lo que nos gustaría de ese invento, a nuestras ideas. Cada una de las personas, casi seguramente, crearía su propio dios personal, el que se acomode a sus creencias y gustos.

Más aún, el dios inventado tendría que cambiar de opinión de acuerdo con los cambios de opinión de su inventor.

Para unos podría ser un dios que consuela en un momento, pero que en otro es permisivo. O bien, podría ser uno que en cierto momento sustituyera a la razón y en otros la siguiera. El resultado neto de esto, sería el mismo que tiene el ateísmo.

Cuando cada uno inventa su dios, Dios ha sido negado. El dios de cada quien permitiría los gustos de cada uno y terminaríamos igual que si Dios no existiese. Esto, creo, nos lleva a una situación particular, un tanto curiosa. Pensemos en el Dios del Cristianismo y en la posibilidad de que sea un producto de la imaginación, toda una invención.

Haciendo de lado las pruebas de la existencia de Dios, debemos considerar una pregunta muy realista.

¿No resulta demasiado molesto el Dios del Cristianismo como para haber sido inventado? Digo, porque nos exige, nada escapa a su vista, tiene reglas claras y molestas, es todopoderoso… en fin. Me imagino que un dios inventado sería de otra índole más cómoda para nuestra vida.

Sin que nos demos mucha cuenta de ello, eso es precisamente lo que se hace.

Un amigo, católico, muy dado a los placeres carnales, ha inventado su propio dios, una modificación del Dios cristiano. Uno que le autoriza esos placeres porque, como dice él, “Dios nos dio el sexo para disfrutarlo todo lo posible”.

¿Ve usted mi punto? Si Dios fuese una invención, el Cristianismo ha inventado un dios realmente incómodo y desagradable. Uno que es demasiado fastidioso y molesto.

Si se tratara realmente de una invención, tendríamos un dios flexible, dispuesto a acomodarse a nuestros gustos, a seguir deseos mayoritarios. Sería un dios que no necesitaría tareas misioneras. Todos acudirían a él porque sería como obtener un permiso para hacer lo que sea con autorización divina.

Otro ejemplo, una asociación mexicana llamada Católicas por el Derecho a Decidir se queja de que la moral del Dios Cristiano se opone a sus creencias en asuntos de sexo. Claramente una incomodidad muy molesta. Si inventaran un dios, harían que él se acomodara a lo que ellas creen. O le harían cambiar de opinión varias veces.

Finalmente, esto me lleva a entender lo ingrato que puede ser la labor misionera de una religión como la Católica: persuadir de la existencia de un Dios que respetando nuestra libertad, nos pide seguirle por un camino incómodo teniendo fe en una recompensa final, no me parece que sea una invención humana.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Dios.

Doy ampliamente las gracias a quien planteó esa pregunta que intenté contestar con brevedad y de manera razonable. Hay una clave para entender al Dios que nos incomoda: no nos obliga a seguirle, lo deja a nuestro criterio, respeta nuestra libertad.

La posición del ateo, de cierta manera, es una variante de la invención de un dios que se acomoda a nuestros deseos, los que sean. Es una invención extrema, la que simplemente inventa que no existe y así logra el acomodo total a cualquier deseo que tengamos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Una Invención Incómoda”
  1. José Luis Samper Dijo:

    A quien eso sostenga, le preguntaría si tiene clara la distinción entre “descubrir e inventar”. Entonces le preguntaría si, por ejemplo, el lenguaje es una invención o un descubrimiento. Pues caso de ser una invención, resultaría extraño que alguien sin conocimiento del lenguaje lo inventara. También lo sería que lo descubriera, como se descubrió, por ejemplo, el magnetismo. Y es que hay “cosas” que son por naturaleza y de las que el hombre toma conciencia en sí mismo. De ahí que se hable de “la dimensión religiosa del hombre”… Muy acertada la observación de que es el ateísmo el que es una invención humana… Un saludo

  2. Rodrigo Cendejas Dijo:

    La idea de un dios, como lo es de las religiones más difundidas en el mundo. Es que son dioses “molestos”, porque son dioses que no se andan con cosas. ¿A qué me refiero? Son dioses que definen los absolutos, que sus ideas son claras, son binarias y no se prestan a cuestiones semánticas, de enfoque o como se le quiera decir. Y la razón de su invento para parafrasear al autor, es que hubo seres humanos con un orden lógico superior. Que saben que hay estructuras, que hay un orden, que hay absolutos. Que la perfección demanda reglas, que la vida demuestra reglas y patrones. Si la vida fue generada por un “Ser Perfecto”, este “Ser Perfecto” sigue patrones, ya que ello es prueba de su perfección. Este “Ser Perfecto” demanda absolutos y perfecciones para poder admirarle.





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