Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Trampa Mental
Leonardo Girondella Mora
13 diciembre 2013
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es igual a una falacia —una que se usa en argumentaciones y que es tramposa: la de introducir los separador.001intereses personales del opositor.

Cito una observación sobre el tema:

“Esto como Hannah Arendt observó una vez, fue una de las grandes innovaciones de los Comunistas: la habilidad para disputar cualquier hecho por medio del cuestionamiento de los motivos del presentador” Goldberg, J., The Tyranny of Cliches: How Liberals Cheat in the War of Ideas, (2012, Sentinel HC).

La trampa del cuestionamiento de motivos puede ser vista esquemáticamente:

• La persona A ataca las reglamentaciones que impiden fumar en restaurantes y bares —expone razones, efectos, consecuencias, concluyendo que esas leyes son indebidas.

• La persona B contraataca a la persona A argumentando que dijo todo lo que dijo porque ella es una persona que fuma —sin necesidad de mencionar siquiera los puntos tratados por A.

La falacia del cuestionamiento de los intereses del contrario es excepcionalmente útil —suele tener éxito rápido y cómodo por medio del descrédito de la parte contraria, a la que ni siquiera se le examinan sus argumentos.

Es, también, una falacia en extremo popular —una usada por cantidad de personas sin siquiera saber que lo están haciendo, las que en lugar de tomarse la molestia de responder a cada una de las argumentaciones del opositor, simplemente responden cuestionado su interés personal en la materia.

Si alguien defiende a la propiedad privada —usando las más convincentes argumentaciones posibles—, eso no importa a la persona que responde diciendo, “tú piensas así porque tienen muchas propiedades, si no las tuviera, no pensarías así”.

En este caso habría un problema si la otra persona respondiera, “en realidad no tengo propiedades, sólo una casa pequeña y nada más”. Así es posible ver que el argumentar cuestionando los motivos del otro, es una trampa.

Si quien defendiera la libertad para fumar en restaurantes fuera un no fumador, esta falacia no aplicaría —incluso cuando se usaran las mismas argumentaciones utilizadas por un fumador. O sea, la argumentación y sus elementos son independientes de los motivos del presentador de una opinión. Deben ser juzgados separadamente.

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No significa lo anterior que los intereses o motivos de la persona deban descartarse —pero sí quiere decir que ellos deben ocupar un lugar secundario en una argumentación lógica, nunca ser causa única ni central por la que se descarte la explicación argumentativa de nadie.

Un sacerdote puede razonar la existencia de Dios, un banquero puede argumentar sobre las ventajas de la banca, un millonario puede defender a la propiedad privada —todos ellos pueden tener intereses personales al hacer eso, pero no son esos intereses un motivo para desechar de un plumazo sus ideas.

Quien, por ejemplo, está en el negocio de la publicidad y lo defiende, puede hacerlo por motivos personales y de conveniencia —pero no necesariamente es por estar en esa profesión que la defiende, porque puede ser que por creerla justificable la practique.

El propósito de mi escrito es recordar una de las trampas más comunes usadas para atacar posiciones contrarias a las propias, la de poner en tela de juicio las motivaciones o los intereses de que así piensa.

Para evitar caer en esa trampa del razonamiento, es necesario separar a la persona de sus pensamientos —y tomar a estos de forma independiente, sin prejuicios.

Nota del Editor

Véase La Falacia del Motivo. Hay más ideas en ContraPeso.info: Falacias.

En lo personal, me gusta explicar la falacia del cuestionamiento de intereses con el ejemplo del bebedor que ataca a la Prohibición. El hecho de ser un bebedor nada tiene que ver con la fuerza o la debilidad de sus razonamientos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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