Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vacío Político, Electoral
Eduardo García Gaspar
5 marzo 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La frase es conocida. Dice que la naturaleza aborrece los vacíos.

Se llenan ellos de lo que sea que evite el vacío. A veces para bien, otras para mal.

Tiene su sentido la idea.

Si usted, por ejemplo, vive en una sociedad que tiene un vacío moral, ese hueco se llenará con otra cosa, sin remedio.

Lo mismo va para el vacío religioso. Donde sea que se quiera retirar a la religión, se tendrá un vacío y será él llenado con algo. Irremediablemente los vacíos se llenan. No pueden permanecer vacíos por largo tiempo.

Hay un tipo de vacío que es poco conocido, el político. Se produce por la inacción ciudadana. Por su desinterés en los asuntos públicos.

Uno de mis autores favoritos lo ha expresado con elegancia. Tocqueville (1805-1859) escribió que,

“No queriendo los ciudadanos que trabajan pensar en la cosa pública y no existiendo la clase que podría encargarse de este cuidado para llenar sus ocios, el lugar del gobierno queda como vacío”.

Creo que la idea es clara. Una ciudadanía, inmersa en sus ocupaciones cotidianas, descuida los asuntos públicos, los de política, los temas de su gobierno.

Es comprensible que esto suceda en alguna dosis. Los trabajos diarios, las preocupaciones acostumbradas, los pendientes usuales, todo quita tiempo al ciudadano. Tiempo que haría bien en dedicar a los asuntos públicos.

Tocqueville añade otra variable, la de no existir una clase que podría encargarse de esas cosas. Me imagino que se refiera a la aristocracia de sus tiempos, personas con más capacidad y tiempo, que puedan hacerse cargo de los político. Es gente con más recursos y más educación, de la que se esperaría cierta buena conducta al hacerse cargo de los gobiernos.

Hay otra posibilidad, que no es afortunada. ¿Qué sucede si los ciudadanos descuidan las cosas públicas y no existe esa clase capaz de hacerse cargo? Es un momento real.

“Si en ese momento crítico, un hábil ambicioso viniese a apoderarse del mando, encontraría sin duda libre el camino para todas las usurpaciones. Si cuida algún tiempo de que todos los intereses materiales prosperen el campo quedará libre; tanto más cuanto garantice un buen orden”.

No es un buen retrato de la ciudadanía que descuida las cosas públicas. Con sólo cuidar que haya cierta prosperidad y un orden razonable, la ciudadanía estará dispuesta a dejar de lado los asuntos políticos y dedicarse a lo suyo.

Un retrato cruel, pero realista. Se ve en México, ahora, cuando desde hace tiempo, no existe ya ese orden o paz social razonable que antes se disfrutaba.

O, como hace tiempo, cuando al final de la presidencia de Díaz Ordaz la economía tenía serios problemas de crecimiento y Echeverría quiso reanimarla por los medios menos adecuados. Esto mezclado con la inquietud política produjeron los cambios que llevaron en 2000 a una presidencia no-priísta.

Tememos, entonces, a ese vacío político posible. Lo provoca el desinterés ciudadano hacía lo político y el gobierno del oportunista que da una cierta prosperidad y un cierto orden.

Satisfecho el ciudadano con esas condiciones positivas, deja el campo libre al arribo de cualquiera, literalmente cualquiera. No es algo bueno y en México se padece.

Sin preparación adecuada, sin creencias políticas arraigadas, sin valores sólidos en asuntos públicos, como en otras partes, los mexicanos enfrentan la responsabilidad de elegir gobierno en elecciones razonablemente legítimas.

El problema es que no están preparados. No saben cómo diferenciar las alternativas políticas y así se crea otro vacío.

Un vacío político en tiempos electorales, que es llenado por lo que espera la persona que no tiene costumbre de atender las cosas públicas.

Se sucumbe así al canto del oportunista político que ofrece prosperidad y paz sin que el ciudadano intervenga. Y el ciudadano le cree y piensa que es posible conseguir el milagro de tenerlo todo eligiendo a uno. Como si la política se resumiera en el día de las elecciones.

La perspicacia de Tocqueville es realmente notable al señalar ese vacío que se llena con el arribo del oportunista. Un vacío que crea la desatención del ciudadano, su carencia de valores políticos. Un vacío que se llena con la creación de esperanzas vanas en la elección del oportunista que más convence.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en Contrapeso.info: Electorado, con columnas que examinan las conductas del ciudadano y la opinión pública.

Uno de los síntomas de la desatención de las cosas públicas por parte del ciudadano, puede verse en el contenido de las noticias y las discusiones que ellas generan: todas orientadas a los gobernantes, sus acciones y declaraciones, tratadas con el tono y profundidad con los que se tratan los chismes de celebridades del espectáculo. Rara es la discusión o noticia que trata de ideas y valores políticos.

Sirva de complemento esta columnna a la publicada ayer, que critica a las elecciones convertidas en un circo de varias pistas cuando el electorado busca más diversión que otra cosa.

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