Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vaticano, Iglesia, Riqueza
Eduardo García Gaspar
20 marzo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Me alegra que el Papa Francisco haya dicho que la Iglesia debe ser pobre y ayudar a los pobres. Es tiempo que la riqueza del Vaticano se use para el bienestar de los millones de pobres que hay en el mundo. ¿Qué piensa usted de esto?” Un lector.

El comentario tiene un origen reciente. El sábado y el domingo pasados fue reportada una declaración del pontífice. “El Papa dijo: ‘¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!’’’.

La inspiración de esas palabras está en uno de los mayores íconos del Catolicismo, San Francisco de Asís.

Las palabras del Papa Francisco, mucho me temo, pueden ser interpretadas de muchas maneras, dependiendo de las creencias personales.

Una de esas posibles formas de entenderlas es ésa, la de que la “riqueza del Vaticano” se utilice en la ayuda a los pobres.

Veamos más de cerca este significado asignado por demasiados.

Se trata de una modalidad de la mentalidad redistributiva. Presupone que el Vaticano posee una riqueza enorme y que ella puede ser usada para hacer caridad con los pobres.

Y el producto de esa redistribución es lo que se entiende como “una Iglesia pobre”. Esta manera de ver las cosas tiene un problema: considerar que Iglesia y Vaticano son una y la misma cosa. No lo son.

Aunque Iglesia y Vaticano están intrínsecamente ligados entre sí, hay que distinguir. La Iglesia, en realidad, no es sólo el Vaticano, sino que también es el conjunto de fieles en comunión con Cristo. Una Iglesia pobre significa también fieles pobres, no sólo el Vaticano.

Si una persona piensa que el Vaticano debe vender, por ejemplo, obras de arte y objetos sacros de oro, o vender otros activos, para hacer obras caritativas, debe entender que esa persona debe también hacer lo mismo.

Debe desprenderse de lo material y seguir el ejemplo. Si piensa que es sólo el Vaticano el que debe hacer la caridad con sus “riquezas”, se equivoca de cabo a rabo. También él debe hacer lo mismo.

Pensar de manera que en el Vaticano cae la sola responsabilidad de hacer caridad con su patrimonio, padece la mentalidad del Estado de Bienestar: es siempre otro, y no uno mismo, el que debe hacer la caridad.

Es incomprensible que un católico crea que la caridad sólo puede hacerla el Vaticano. La caridad es un deber de cada uno de nosotros, uno por uno. Delegarla en el Vaticano es renunciar al precepto del amor al prójimo.

“Una Iglesia pobre, para los pobres” no es, mucho me temo, algo que haga referencia sólo al Vaticano. Hace referencia a todos los católicos, incluyendo al amable lector que envió el comentario (si es que es católico).

Hay otra pieza vital para entender esto. Otra declaración del mismo Francisco. Dijo que si la Iglesia no proclama a Jesucristo, se convierte en “una ONG piadosa, pero no en la esposa del Señor”.

Si la redistribución de “la riqueza de Vaticano” es la clave del asunto, en nada diferiría la Iglesia de una fundación caritativa cualquiera. Es más, se parecería a una especie de Estado de Bienestar.

Dudo mucho que eso de “una iglesia pobre” pueda entenderse sólo como un acto de redistribución de patrimonio propio. Es demasiado materialista, excesivamente limitado.

Para entender esto con otra referencia más central, hay que ir al Evangelio.

A la historia del joven que pregunta que debe hacer para tener vida eterna. Jesús responde que cumplir los mandamientos. Dice el joven que ya los cumple y pregunta si le queda algo por hacer. Jesús contesta, “Si quieres ser perfecto…, vende todo lo que tienes y dalos a los pobres… Después, ven y sígueme” (Mc. 10: 21).

Y el hombre, “Al oír estas palabras, el hombre se entristeció, porque era muy rico” (Lc 18: 23).

¿Ve usted mi punto? La Iglesia somos todos los católicos, los que siguen el llamado de Jesús y sólo a eso puede referirse “una Iglesia pobre”, a los que la forman, a todos los que entienden el amor de Dios y la obligación de amarlo en quienes nos rodean.

Otra manera de entenderlo es lo que un cura me dijo una vez, “el desprecio por lo material, sin que eso signifique mal usarlo pues también es creación de Dios”.

Mi preocupación es la interpretación materialista de “una iglesia pobre”, porque ignora la dimensión divina. No, la Iglesia no puede ser meramente un agente redistribuidor de recursos, ni una ONG, ni una fundación caritativa con muchos recursos, ni un Estado de Bienestar.

Mucho menos puede ser un pretexto para evitar hacer nosotros mismo obras de caridad creyendo que ellas son sólo responsabilidad de un tercero, pero jamás nosotros uno por uno.

Post Scriptum

En cuanto a la riqueza del Vaticano, véase Peligros Entre Paréntesis, donde apunto datos de Foreign Policy, señalando que:

El Vaticano tiene un presupuesto anual de 400 millones de dólares y se estima que sus inversiones son de mil millones. Esto para una iglesia con mil millones de fieles. La Universidad de Harvard tiene un presupuesto de 3 mil millones. Y Oprah Winfrey posee 2.5 mil millones de patrimonio. El gasto del gobierno federal en México es 250 veces mayor que el del Vaticano.

Otro punto por aclarar es la premisa de que en la actualidad “la riqueza del Vaticano” no se usa para el bienestar de los pobres. La premisa es atrevida, pues ignora labores misioneras, hospitales y otras labores que son cubiertas por el Vaticano y las iglesias a cargo de sus obispos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Vaticano, Iglesia, Riqueza”
  1. Rolando Dijo:

    Una vez mas me dejaste muy satisfecho con tus palabras. Felicidades.Hace muy poco, me enfrasqué en una discusión (por facebook) con un muy buen amigo que sugiere lo de la “distribución de la riqueza” Ojalá hubiera leído este texto antes…. :-)





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