Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vaticano: Narrativa Crítica
Leonardo Girondella Mora
28 febrero 2013
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La renuncia de Benedicto XVI ha sido ocasión de una narrativa crítica que merece un examen dirigido a arrojar alguna luz sobre el asunto.

En lo que sigue, primero expongo esa narrativa crítica que se enfoca a Benedicto XVI en particular, pero que atañe al Catolicismo en general —esa narrativa explica su punto de la manera siguiente:

Benedicto XVI es un hombre talentoso, un filósofo destacado, un gran teólogo, un polemista inteligente, un pensador lúcido. Pero también, la cabeza de una institución reaccionaria, antimoderna, anticuada que rechaza ponerse al día e impone creencias absolutas e intolerantes. Además, una institución cómplice de encubrir escándalos de sus propios miembros a los que protegió y que padece divisiones internas.

Si se le aísla del elemento de Benedicto XVI, la narrativa permanece más o menos igual —la del Catolicismo, con sede en el Vaticano, como una religión conservadora, opuesta a lo moderno, reaccionaria, absolutista, intolerante, que amenaza con el infierno a quienes no cumplen con sus mandatos.

En esa narrativa crítica juegan un papel protagónico la condena de la homosexualidad, el mal trato a las mujeres al impedir su ordenación sacerdotal, la reprobación de métodos anticonceptivos y su oposición al aborto —una fuerte crítica a la que se adicionan los abusos sexuales de sacerdotes y el encubrimiento de esas faltas.

Me parece que es una narrativa poderosa y que, si bien tiene exageraciones y demasiadas veces proviene de un odio extremo, contiene algunos elementos reales y ciertos.

En lo que sigue intento examinar esa narrativa —pero lo hago tratando de llegar a la razón más profunda que se me ocurre, y no a contestar acusaciones específicas una por una.

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¿Qué es lo que explica esa narrativa que se repitió de nuevo en ocasión de la renuncia de Benedicto XVI? Las noticias y las opiniones se enfocaron a los detalles y declaraciones —interpretaron palabras, especularon razones, se recordaron hechos pasados, pero en todo esto nada hubo más allá de polémicas concretas y un tanto superficiales.

La narrativa, en resumen, coloca al Catolicismo en un papel de institución conservadora y reaccionaria, que impone un código moral que choca con la modernidad, cuando sus miembros son humanos capaces de realizar actos muy reprobables.

Esta descripción crítica del Catolicismo/Vaticano/Papado puede ser correcta —pero sólo lo sería cuando se tiene una visión política, económica y cultural que es exclusivamente material, una visión que, sin decirlo explícitamente, presupone que nada hay más allá de lo material en el universo.

La narrativa crítica que he expuesto es, sin embargo, al menos inexacta, si se tiene otra visión que por el contrario presupone la existencia de lo sobrenatural —la existencia real de Dios, creador del universo y la vida, y que ha dejado su palabra entre los humanos.

Bajo esta visión diferente, sobrenatural, las cosas cambian radicalmente —por ejemplo, la acusación de reaccionaria que es netamente material, se justifica plenamente al sostener que la Iglesia cuida y mantiene la palabra divina incluso a pesar de contrariar ideas del momento.

En otras palabras, la Iglesia Católica tiene otro punto de partida que es muy distinto. Si se presupone que Dios no existe, que Cristo no se hizo hombre, entonces la Iglesia no es nada más allá que esa institución que se opone a las opiniones que dominan en un momento dado.

Pero si efectivamente Dios existe, si Cristo vino al mundo y dejó su Iglesia en manos de los apóstoles y quienes le siguieran, la narrativa no se sostiene —no acepta un análisis exclusivamente material, como si se tratara de otra institución más creada por humanos.

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Mi tesis es muy directa. La narrativa crítica del Catolicismo, del Vaticano, del Papado —y también la de Benedicto XVI o cualquier otro Papa— estaría plenamente justificada sólo cuando se presupone que Dios no existe, que Cristo no fundó esa Iglesia.

Si, por el contrario, Dios existe y Cristo fundó la Iglesia, la crítica no tiene sentido, porque una institución así no admite los mismos criterios que se usan para evaluar al resto de las instituciones humanas, como, por ejemplo, la ONU.

Si Cristo fundó esa Iglesia, entonces ella es literalmente una misión evangelizadora cuya tarea consiste en difundir la palabra de Jesucristo —incluso cuando ello choque contra las ideas predominantes del momento. No está esa Iglesia en un concurso de popularidad, ni de modernismo. A ella no son aplicables las etiquetas de conservador o progresista.

Es por eso que siempre existirá una tensión entre lo que sucede en el mundo y lo que predica la Iglesia.

Crea o no crea la persona en Dios, estoy seguro que en lo anterior encontrará una explicación de la razón que está detrás de la narrativa crítica a la que he aludido.

Por último, en la narrativa critica hay un elemento no explícito muchas veces —el de reclamar quién es el Papa, o quién es la Iglesia, para sentirse portadora de la palabra de Dios.

De nuevo, bajo la visión de que nada hay sobrenatural, esa pregunta tiene sentido y su respuesta es negativa —nadie podría ostentarse como representante único de Dios, el que al final de cuentas no existe. Pero si sí existe, entonces la Iglesia tiene razones poderosas para justificar esa misión de resguardar y propagar la palabra de Cristo.

En resumen, la narrativa crítica del Catolicismo es atinada solamente bajo la perspectiva secular que presupone que Dios no existe —si Dios, por el contrario, sí existe la crítica es totalmente falsa.

Addendum

Una vez considerada, me parece, la razón que explica a esa narrativa crítica, quedan un par de asuntos más específicos por tratar.

• Los actos abominables de algunos curas —y las acciones de ocultamiento—. Si bien han sido tratados con saña más que con objetividad, no dejan de ser ciertas y son reprobables a toda luz.

Los miembros de la Iglesia, claramente, no están exentos de la posibilidad de pecar y lo hacen en ocasiones. Ha sucedido siempre, incluso desde la traición de Judas Iscariote y la negación de san Pedro. Debe reconocerse, el mundo es imperfecto y las personas lo son.

El papel de la Iglesia, que es el de evangelizar, intenta elevar a la persona, haciéndole ver sus faltas y moviéndolo a evitarlas para alcanzar la vida eterna con Dios. De esto no están exentos los sacerdotes.

• La reprobación de métodos anticonceptivos, aborto y en general, de la sexualidad sin límites es una postura perfectamente justificable si se acepta a la Iglesia como evangelizadora —una que intenta elevar a la persona y hacerla digna de Cristo.

Para la visión no creyente esto tiene una apariencia conservadora y reaccionaria —para el creyente, es simplemente seguir la palabra de Dios.

 

Nota del Editor

Hay más ideas relacionadas en ContraPeso.info: Iglesia Católica. Véase otra columna del autor, en la que se profundiza mucho más la idea central, Contradicciones Católicas.

Véase también Contradicción y Congruencia, escrito en ocasión de la elección de Benedicto XVI y con citas de prensa que seguramente se repetirán.

No puedo dejar de mencionar una versión sesgada que se presenta con frecuencia. Ella dice que el Vaticano II se inspiraba en el aggiornamento. Una palabra que connota actualización y modernización y que se tomó, erróneamente, como el único gran principio del concilio.

Ese sesgo olvida que también existió otro principio, el ressourcement. Significa el mayor uso de las fuentes originales, el resurgimiento de los padres de la iglesia para la revitalización de la iglesia bien fundamentada y sólida, fiel a sus principios.

Quien sólo tomó al aggiornamento supuso que ese concilio pondría a la Iglesia en sintonía con las opiniones de la actualidad cambiando dogmas y mandamientos. Obviamente no fue así y eso desilusionó a algunos, que olvidaron el ressourcement.

 

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1 comentario en “Vaticano: Narrativa Crítica”
  1. José Luis Samper Dijo:

    Respecto a la “narrativa crítica” de la Iglesia, pienso: a) Considera a la Iglesia Católica como una institución más, sin atender a su carácter espiritual, sobrenatural. b) Se trata de una crítica “perezosa”, que cree poder llegar a la realidad de algo utilizando mecánicamente las categorías de “progresista/retrógrada”, “moderna/anticuada”, “demócrata/jerárquica”, “tolerante/intolerante/, etc. El juicio sobre a qué especie, familia, grupo o reino pertenece el especimen “Iglesia” se hace mediante esas categorías binarias que deciden su valor… Creo que deberían revisar esa “forma” de pensar. La forma desde Aristóteles es la esencia de algo, y ese pensamiento es esencialmente limitado en relación a la verdad de algo.





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