¿Qué es absolutismo político? Definición, significado, características. Una de las modalidades de gobierno caracterizada por la alta concentración de poder político.

Absolutismo político, definición y elementos

Una forma de gobierno

El significado de absolutismo político está unido claramente al terreno político. Concretamente a un tipo de régimen o forma de gobierno caracterizado por el poder sin limitaciones.

En un período histórico

El absolutismo político suele ser asignado a una época histórica. Una en la que el sistema político era monárquico como regla general y fue una modalidad de la monarquía. Creó el concepto de monarquía absoluta.

Concentración de poder

En su centro mismo, el absolutismo político toma como base la noción de que el gobernante es absoluto. En él se concentra todo el poder gubernamental. Esto tiene varias facetas.

Gobernante por encima de todo

La más obvia de ellas es la colocación del rey o gobernante por encima de la ley, costumbres y mandatos que existan. Un poder sin limitación de tipo alguno y que es bien descrito en la frase de «su voluntad es ley».

Poder indivisible

Por necesidad, el poder entendido por el absolutismo político es indivisible. No puede ser fragmentado al estilo de las repúblicas democráticas de estos tiempos. El rey manda, legisla y juzga sin posibilidad de apelación.

Poder inalienable

El poder absoluto es considerado inalienable. Es decir, no puede ser trasladado a otro, ni cedido, ni transferido. Está depositado en el rey y solo puede ser heredado. Tampoco puede ser explicado totalmente porque eso podría limitarlo.

Voluntad divina

Su justificación, en buena parte, se encontró en la idea de la voluntad de Dios que ha colocado a un cierto gobernante en el poder y que, por eso, no puede ser cuestionado. Es el llamado derecho divino.

El absolutismo busca bases en el estado natural de las cosas, el que supone ser ordenado de tal manera que se necesita un poder absoluto sobre las personas —lo que también legitima el poder

Alta dependencia en el gobernante

El absolutismo político es un sistema de gobierno cuyos resultados, buenos y malos, dependen principalmente de la calidad del rey. Un rey prudente y sabio, producirá un reinado mejor para sus súbditos que uno ambicioso y deshonesto.

Sin plan ni organización

Un sistema como el absolutismo político se sustenta en la voluntad del rey en turno y carece de un plan ideológico que intente crear un cierto tipo de sociedad considerada ideal, que es la característica central del totalitarismo (que une al absolutismo con una utopía a implantar).

Imposibilidad pacífica de cambio

La posibilidad que abre al absolutismo político a un cambio de gobierno es nula. Lo único que puede cambiar al régimen es una sucesión monárquica —la muerte del monarca y un nuevo rey. Cualquier otra vía llamará a la violencia.

Menos absoluto de lo imaginado

La interpretación literal del absolutismo político como un régimen de libre voluntad total del gobernante debe ser evitada. Estos regímenes crean círculos de poder alrededor del rey que eran instrumentos para la ejecución de sus órdenes y lo limitaban siquiera un poco.

El rey o gobernante necesita personas a su alrededor y organizaciones de apoyo personal. Como policía, ejército y un sinnúmero de otras personas que logran un modo de vida sustentado en la obediencia de las órdenes, pero que en la práctica pueden ser instrumentos de limitación del poder (o de su exageración).

En resumen

Los rasgos del absolutismo político lo ligan en su esencia misma con otros tipos de gobierno que tienen como una faceta central la centralización de un poder concentrado en una persona o un grupo de ellas.

El autoritarismo, el despotismo, el caciquismo o caudillismo presentan esa misma característica del absolutismo —la concentración del poder en personas cuya voluntad no debe ser cuestionada por alguna razón.

El socialismo, el estatismo, el dirigismo y el intervencionismo son modalidades de intensidad variable que presentan esos mismos rasgos de concentración de poder incuestionable que no se abre a posibilidades de cambio con facilidad.

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Sobre el absolutismo

Por Leonardo Girondella Mora –   11 marzo, 2011

Dos absolutismos

La connotación general de la palabra ‘absolutismo’ acarrea consigo la noción de que no existen excepciones a eso que se considera absoluto —una regla considerada absoluta es una que no admite salvedades.

Esta idea general tiene aplicación en dos terrenos —el de la filosofía moral y el de la política, siendo este último el que más interesa aquí.

Menciono brevemente el de la filosofía moral, donde el absolutismo es la creencia de que conductas de un cierto tipo son siempre malas o buenas, con independencia de cualquier otra consideración que pueda hacerse.

Es una posición que sostiene que el bien y el mal existen de manera universal, en todo tiempo y lugar, sin excepciones. Por ejemplo, que asesinar es malo y que eso no tiene excepciones.

La posición opuesta es la del relativismo, que afirma que el bien y el mal son distintos en cada tiempo y lugar.

Finalmente, el absolutismo en filosofía moral admite gradaciones diversas. Ellas van desde la interpretación literal de escrituras religiosas hasta un absolutismo más razonable pero que siempre defiende la existencia de principios que son verdaderos, que no cambian.

Absolutismo en política

Más me interesa aquí tratar una definición del absolutismo en el terreno político. Es posible tener una definición del absolutismo político considerando los elementos siguientes:

Se refiere a un sistema político, es un tipo de gobierno.

Su base esencial es el poder ilimitado de quien lo detenta —es decir, una autoridad sin frenos.

El sistema carece de mecanismos que confinen la autoridad de los gobernantes, como una constitución y sus leyes. Tampoco existen elecciones que renueven gobernantes, ni regiones con autonomía estatal.

La voluntad del gobernante es el gran principio rector y uno que no admite excepción ni discusión. De allí puede comprenderse el nombre de ‘absolutismo’: las decisiones del gobernante no están sujetas a límites.

Casos de absolutismo

Esos elementos pueden estar presentes en varios tipos de regímenes políticos, como el de la monarquía absoluta. Un sistema en el que la voluntad del monarca constituye la orden máxima, sea la que sea, sin que pueda ser cuestionada.

Pero, el mismo sistema absolutista puede darse en regímenes que reciben nombres de totalitarios y dictatoriales. Sin olvidar sistemas populistas en los que el gobierno justifica su total poder argumentando que representa al pueblo.

Sistemas como el nazismo y el fascismo son también de naturaleza absolutista, igual que lo fue el sistema de gobierno en la URSS.

Concentración de poder

Para comprender al absolutismo político es vital su esencia haciendo caso a su nombre. Su esencia es la de la concentración del poder en la autoridad, la que lo ejerce sin pesos ni contrapesos, de manera absoluta.

¿Cómo reconocer un gobierno con rasgos absolutistas? Examinando la cantidad y calidad de los frenos con los que se ejerce el poder.

Por ejemplo, un gobierno en el que el presidente hace su voluntad sin que el congreso lo limite y donde el poder judicial lo obedece, es uno que tiene dosis de absolutismo. No sería esto diferente a una dictadura militar.

Igualmente, en donde la autoridad limite la libertad de prensa, puede allí existir algún nivel de absolutismo. Por ejemplo, donde el gobierno expropie medios de comunicación, o donde los que existen sean sólo de propiedad estatal.

Absolutismo, sus opuestos

Para mejor comprender al absolutismo político ayuda el ver su opuesto, los sistemas republicanos de libertades individuales y que están basados en principios:

División del poder político en áreas funcionales que se encuentran diversificadas, generalmente una de elaboración de leyes, otra de aplicación de ellas y otra de ejecución de labores gubernamentales.

División geográfica de entidades con niveles de autonomía con respecto al gobierno central y que pueden diferir de ese gobierno central.

Posibilidad pacífica de realizar cambios de gobierno por medio de elecciones que llevan al poder personas distintas y por tiempos limitados en las funciones legislativas, judiciales y ejecutivas.

Propiedad privada y diversificada de los medios de comunicación, los que ejercen la libertad de expresión sin censura previa ni consecuencias posteriores provenientes de la autoridad.

Aplicación de la ley a todos por igual, sin excepciones, lo que da un carácter institucional por encima de las personas que gobiernan en un momento dado —y existe la posibilidad de cambiar las leyes por medios pacíficos.

Los ciudadanos gozan de amplias libertades para realizar sus iniciativas y proyectos y no dependen de favores ni concesiones gubernamentales.

Estos rasgos de los sistemas de repúblicas de libertades personales sirven para calificar el nivel de absolutismo de un régimen, cuando se usan en sentido opuesto.

De esta manera es posible calificar a algunos países como poseyendo sistemas absolutistas de gobierno en esta fecha, como: Corea del Norte, Burma, Libia, Cuba, China, Venezuela y otros más.

Insisto en mi punto de no confundir sistemas políticos absolutos por recibir nombres diferentes —puede ser absoluta una monarquía, pero también lo puede ser un sistema que se llame democrático.

Y una cosa más…

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: División del Poder.