Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bobadas Sociales, Dos Ejemplos
Eduardo García Gaspar
19 junio 2014
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son frases hechas, lugares comunes. androjo

Una repetición sinsentido de lo vago y vacío. Encontré dos de ellas en una misma persona.

La del “contrato social” y la de los “pobres buenos”.

Irresistible es dejar de pensar en ellas.

Comencemos por “contrato social”. La teoría supone que en ese contrato radica el origen de la sociedad y su gobierno.

Supone que primero hubo un estado natural del hombre, en el que las personas viven aisladas unas de otras, en un estado salvaje de continua violencia entre sí.

Después, dándose todos cuenta de la desventajosa anarquía en la que se vivía deciden cambiar las cosas. Acuerdan vivir juntos y bajo ciertas reglas, como la de hacer del gobierno la única entidad capaz de usar con legitimidad a la fuerza y en defensa de la persona y sus propiedades.

No sé usted, pero a mí me parece un tanto atrevido suponer que en el inicio todos viven aislados unos de otros. Más atrevido aún que se haya realizado una conferencia con acuerdos exitosos. Y prácticamente imposible suponer que eso sucedió en varias partes aisladas unas de otras.

Me imagino que lo del contrato social sea una especie de metáfora explicativa de la necesidad de reglas para la convivencia. Aunque contiene el grave peligro de creer que los derechos y libertades personales salen de la decisión de una asamblea original de acuerdos tomados hace muchos siglos.

Si eso fue cierto, entonces podría ser que mañana otra asamblea similar haga lo mismo, añada derechos y libertades, o bien los modifique o anule. ¡Espere, eso sí sucede ahora! La ONU hace eso precisamente, hacer listas de derechos, cambiar sus significados, retirar libertades.

En resumen, la idea del contrato social, si se toma en serio, lleva a problemas: los de creer que las reglas de convivencia y los principios de los que ellas salen, son el producto de simples acuerdos comunes.

Creer esto es malo, porque abre la puerta a creer que las libertades y los derechos son arbitrarios y cambiantes.

Hasta aquí la primera de las bobadas, la del contrato social. Vamos a la segunda bobada.

La idea común que generaliza en dos direcciones: los pobres son por definición buenos y los ricos son por definición malos.

Es una bobada por la simple razón de que lleva a conclusiones desatinadas: si un pobre se saca la lotería se convierte en un malvado; si un rico pierde toda su fortuna se transforma en un tipo bueno. Además, ¿qué sería una persona de ingresos medios?

Imagine usted que la calidad ética depende de los ingresos de la persona, en proporción inversa. Entonces, la mejor alternativa para ser bueno sería la de dejar de trabajar y tener un ingreso de cero.

El tipo sin ingresos sería prácticamente un ángel. En cambio el esforzado y exitoso sería un demonio.

No tiene sentido. La realidad es que los vicios humanos, y las virtudes, son independientes de la fortuna material. Esto lleva a una conclusión que horroriza a algunos: algunos pobres pueden ser realmente malvados y algunos ricos puede ser verdaderamente bondadosos.

Tome usted, por ejemplo, la acusación de materialistas o consumistas que usualmente es lanzada a los de ingresos mayores. ¿Son los pobres una excepción al consumismo? No lo creo. Tienen menos dinero para hacerse notar, pero pueden tener la misma inclinación hacia lo material.

Esta segunda bobada, adicionalmente, presenta su paradoja: sería absurdo intentar lograr mayor bienestar económico, puesto que a mayor ingreso se tendría mayor maldad y el mejor de todos los mundos sería el de la más abyecta y vil pobreza global.

Las dos bobadas examinadas aquí son una pequeña parte de una gran serie de errores y fallas de razonamiento, que al mismo tiempo son extraordinariamente comunes.

El riesgo no está tanto en cometer errores, sino en la incapacidad para corregirlos, pero especialmente en la difusión aprobatoria de tales equivocaciones.

Recuerdo una conversación de hace ya tiempo, con un profesor universitario, un sociólogo hasta donde recuerdo, y que argumentaba que ser obrero es igual a ser víctima y que ser empleador era igual a ser villano.

Sobre esa idea había construido su sistema económico ideal, en el que no había empleadores propiamente, sino empresas cooperativas y estatales. Allí, las personas no podían emplear a nadie, solamente podían trabajar “colaborativamente” (lo que sea que eso signifique).

En fin, el desenmascarar bobadas es irresistible, pero tiene su faceta horripilante al darse uno cuenta de la incapacidad de muchos para corregir al enfrentar pruebas que lo contradicen. Quizá esta terquedad sea producto de la educación moderna que ignora enseñar cómo razonar correctamente.

Post Scriptum

La columna ha sido clasificada en la colección de ContraPeso.info: Bobadas, donde hay buena cantidad de ellas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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