Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buen Gobierno, Buena Sociedad
Eduardo García Gaspar
6 octubre 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un repaso de ideas. Una lista de nociones. androjo

Esas que son necesarias para tener una buena sociedad, una que sea propicia a la prosperidad, en la que todos vivan bien.

Sobre todo con potencial para mejorar. No son cosas complicadas.

Podemos comenzar con igualdad de derechos. Pero derechos entendidos en su sentido original, como libertades con responsabilidad, no como reclamos.

Eso permitirá poner en uso a nuestras facultades y habilidades, las que repartirán sus frutos entre el resto. Es decir, se necesita una sociedad que valore a la libertad y un gobierno que la respete.

Se necesitan valores. Creencias y principios como “la honestidad, la verdad, la templanza, la gratitud y el amor humano”, como escribió T. Jefferson, y que son “alumbrados por una religión benevolente, profesada y practicada en varias formas”.

Es decir, la sociedad necesita personas con sentido moral, mucho del que se debe a la religión.

Otra cosa más. Se necesita “un sobrio e inteligente gobierno que impida a los hombres herirse mutuamente, aunque por otro lado, los deje libres para que regulen sus propios objetivos industriales y de desarrollo, y no quite a los trabajadores el pan que se han ganado”.

Trabajadores entendidos en general, como gente que trabaja.

En resumen, una buena sociedad necesita al menos estar formada por personas que valoran su libertad, que la consideran sagrada y valiosa, que no están dispuestos a venderla.

Pero también, esa sociedad necesita guiar su libertad con principios como esos, honestidad, templanza, compasión y las demás virtudes.

Y, si esa sociedad quiere mantenerse en esta situación de libertad responsable, requiere de un gobierno congruente con ella. Un gobierno que también valore y respete esa libertad, interviniendo solo como último remedio, cuando tenga que impedir a “los hombres herirse mutuamente”.

Estas ideas son de Thomas Jefferson (1743-1826), de su discurso inaugural de 1801. No están mal, nada mal.

Y, lo mejor, pueden entenderse sin dificultad. Tienen un eje central muy obvio, a la libertad en dos niveles, la gente y el gobierno.

Una buena sociedad debe apreciar su libertad, tenerla como su valor primordial. Valorarla y defenderla es un rasgo de esa sociedad.

La idea está muy bien ilustrada en la frase de otro de los personajes de la Independencia Norteamerican, P. Henry, el que finalizó un discurso con “¡Dame la libertad o dame la muerte!”

Pero la libertad vista así en abstracto de poco sirve. Su idea tiene que ser afinada con un complemento natural, la responsabilidad que ella implica y que nos lleva entonces al terreno de lo moral: se necesitan virtudes que la coloquen un sano yugo a la libertad. Cosas como prudencia, caridad, consideración por los demás.

Es decir, la persona misma se convierte en el conductor de su libertad y no deja que ella lo lleve a donde no debe irse. Entra aquí la idea de la religión, propuesta por Jefferson y bien explicada por Tocqueville, medio siglo después. Sin religión no se puede ser libre.

Y, finalmente, el pequeño gran detalle del gobierno y sus límites. No es difícil entender que su función es la de defender a la libertad de las personas. Esto nos manda a otro autor más actual, Michael Novak.

En su obra más famosa, inicia con una pregunta simple.

Dados los datos que se tienen debe indagarse qué sucedió alrededor de finales del siglo 18 y principios del 19 para que sucediera una cosa inesperada, la creación de riqueza. Aumentaron los ingresos, se elevaron los estándares de vida. Sucedió eso que nunca había sucedido antes.

Novak propone algo que parece muy razonable. La riqueza fue creada consistentemente en los lugares en los que aconteció lo que tampoco antes había sucedido en la misma proporción.

Las personas fueron libres y pudieron trabajar, ahorrar, imaginar, invertir, crear sin temor a que sus frutos fueran incautados o robados.

Veamos esto de otra manera. Un país tiene recursos, los que usted quiera. En México, por ejemplo, siempre se han enfatizado los recursos naturales, como petróleo, minas, mares y similares, suponiendo que eso hace rico al país.

Ideas como las de Jefferson, Tocqueville y Novak niegan eso.

Esas cosas no hacen rico a un país. Y puede ser que un país con gran cantidad de esos recursos sea pobre y sus habitantes vivan en malas condiciones.

Como lo opuesto, que un país con escasos recursos naturales sea rico y sus habitantes disfruten de buenos niveles de vida.

La clave de la riqueza de un país está en la gente, en su trabajo, sus iniciativas, sus ideas, su creatividad. Y si ese recurso no se aprovecha, el país será pobre incluso cuando esté inundado con abundancia de recursos naturales. Eso es lo que produce riqueza, lo que remedia pobreza.

Post Scriptum

Las ideas que he incluido las puede encontrar en:

• El libro de Aguirre, E. (2009). Discursos Para la Libertad. Madrid: CiudadelaLibros, donde están las de Jefferson y Henry.

• Tocqueville, A. D. (1978). La democracia en América. México: Fondo de Cultura Económica. Un real clásico del tema.

• Novak, M. (1990). The Spirit of Democratic Capitalism. Madison Books. Un clásico de nuestros tiempos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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