Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cadenas de Oración
Eduardo García Gaspar
21 noviembre 2014
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El concepto es simple. Realmente sencillo. androjo

Parte de una solicitud a muchos. Los más posibles. Incluso desconocidos.

Se les pide rezar por un motivo específico.

Su origen es una sola persona y sus peticiones. Es una forma peculiar de pedir ayuda a otros.

Un caso concreto: un amigo de un amigo tiene una enfermedad grave; mi amigo se conmueve y pide a otros personalmente y por correo-e que recen por la salud de su amigo. Queda a decisión de los otros hacerlo o no.

No tengo cifras, pero imagino que es común. Incluso hay procedimientos formales para hacerlo, como en AciPrensa. Mi amigo me pide mi opinión sobre las cadenas de oración, lo que supongo sea de interés para otros.

Primero, nada malo hay en ellas. Al contrario, son algo loable. Algo muy humano, que nos muestra la imposibilidad de dejar de pensar en lo sobrenatural. Es como si dentro de nosotros mismos estuviera escrita la idea de Dios

Segundo, se presentan en situaciones extremas, las consideradas desesperadas. Como la de mi amigo y su amigo al borde de la muerte. O como otro caso, el de una cadena de oración por la salud de un recién nacido con serios problemas de salud y que al final murió.

Tenemos, por tanto, casos de desesperación con pocos visos de solución. Situaciones extremas de desánimo y postración ante realidades graves. Hay aquí abatimiento y desesperanza. Cosas que suceden en muestra vida y que son inevitables.

Ante ellas, la reacción es considerar la intervención de Dios por medio de la oración en masa. Rezos numerosos que piden solución y alivio proveniente del Creador. Un pedido real de mediación e intercesión, que en el fondo es la petición de un milagro.

Tercero, es eso precisamente, la creencia en milagros de Dios. La hipótesis es necesaria: solo creyendo en milagros su justifican las cadenas de oración. Aquí puede existir algo curioso.

Gente que en su vida normal, sin enfrentar situaciones desesperadas, jamás piense ni en rezar ni crea en milagros propiamente. Pero cuando vive algo que es grave y crítico, incluye esta alternativa extrema: pedir un milagro, rezar a Dios, solicitar cadenas de oración.

Es decir, nuestra vida misma y sus inevitables sufrimientos, nos llevan a pensar en Dios. Quizá, si una persona tiene una vida placentera, sin esas situaciones, pocas oportunidades tenga de pensar en Dios (excepto si tal vez comienza a pensar en la muerte suya o de otros).

Mi punto aquí es realista: el sufrimiento es parte de la vida; no es placentero, pero es humano. Es parte de lo que nos hace quienes somos. Nuestros placeres y gozos no tendrían total sentido sin sus contrapartidas.

Cuarto, los resultados de la cadena. Si las oraciones dan resultado y el amigo de mi amigo se salva de una enfermedad fatal, será tentador concluir que las oraciones convencieron a Dios de hacer un milagro.

Y mi amigo, tal vez, se convenza de que Dios existe y por algún tiempo se sienta conmovido y crea. Hasta que deje de hacerlo abiertamente y pase el tiempo, y suceda otra cosa que le cause desesperación.

¿Qué sucede cuando no hay resultados? Como en el caso del recién nacido que murió a pesar de cuantiosas oraciones de muchas personas. Me imagino que existan dos reacciones.

Una de ellas, la negativa. La que lleva a pensar que Dios no existe, o que si es que existe, es un despiadado a quien importamos un comino. Comprensible y humana, sobre todo al principio.

La otra es más profunda. Produce resignación. No causa una reacción contra Dios, sino una de aceptación de la realidad. No es que Dios no escuchara, se piensa, sino que así es mejor aunque no se entienda la razón.

No sé la razón por la que a veces Dios concede milagros a cadenas de oración y por qué a veces no. Lo que sí sé es que Dios no es un genio en una lámpara que se frota para pedir deseos que el genio tiene obligación de cumplir.

Tener una vida aislada de Dios, tomándolo como un recurso de última instancia para casos de emergencia extrema, no me parece que sea algo que produzca provecho. Pero si Dios, aún así, concede el milagro, quizá sea su modo de decirle a la persona sígueme, en lo bueno y en lo malo, no solamente cuando sufras desesperanza.

Post Scriptum

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