Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Caridad Mal Guiada
Eduardo García Gaspar
13 marzo 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La combinación es fatal. La de una mala idea envuelta en intenciones bondadosas. androjo

Es el problema de la compasión mal entendida.

El de ese que tiene las más loables intenciones pero intenta alcanzarlas por los peores medios.

No está mal querer hacer el bien, pero eso no basta.

El caso lo ilustra muy bien una persona que aprobó la intervención estatal para ayudar a la gente. Alabó el otorgamiento de pensiones, el financiamiento de casas, el seguro de desempleo, la pensión universal y otras cosas más.

“Hay que ayudar a la gente”, dijo sin darse cuenta que al mismo tiempo creaba un gobierno imposible de sostener y un ciudadano impasible y aletargado.

Es cierto que tenemos la obligación de ayudar al que menos tiene, pero eso no justifica que sea el gobierno quien lo haga. La obligación es nuestra, no ajena.

El tema es fascinante y tiene sus sutilezas. Por ejemplo, la distinción en el responsable de la compasión o la caridad. No hay duda de que existe la obligación de ayudar. Pero responder diciendo que la obligación es gubernamental es un razonamiento débil e injustificado.

O bien, otra cosa, la de las consecuencias de esta compasión asignada al gobierno. Ludwig Erhard, el responsable de la recuperación alemana después de la Segunda Guerra Mundial tiene sus ideas al respecto.

“Me alarma haber comprobado […] con qué enorme poder repercute en el ámbito social el llamamiento a la seguridad colectiva. Pero ¿adónde vamos a parar y cómo queremos mantener el progreso si nos entregamos cada vez más a una forma de convivencia humana en que ya nadie quiere responder de sí mismo y todos buscan la seguridad de sí mismos?”.

Es ése el efecto de la caridad estatal, el de producir personas que ya no quieren sentirse responsables de sí mismas, que buscan el amparo de lo estatal y colectivo.

Erhard escribe otra cosa:

“Así como un pueblo no puede consumir más de lo que, como pueblo, ha creado en valores, así tampoco puede el particular conquistar más seguridad auténtica que la seguridad que en total nos hemos granjeado mediante nuestro rendimiento”.

Es cierto e irrebatible. No puede haber más medios para la seguridad de las personas que aquellos que ellas mismas han creado.

Los gobiernos no tienen más recursos para brindar seguridad colectiva que los que han producido sus ciudadanos. El que busca seguridad colectiva sin crear los medios, usará los creados por otros.

Sobre el mismo tema, Erhard apunta que,

“El ideal que yo sueño es que cada cual pueda decir: ‘Yo quiero afianzarme por mi propia fuerza, quiero correr yo mismo el riesgo de la vida, quiero ser responsable de mi propio destino. Vela tú, Estado, por que esté en condiciones de ellos’. El grito no debería ser: ‘¡Estado, ven en mi ayuda, protégeme, asísteme!’, sino: ‘No te metas tú, Estado, en mis asuntos, sino dame tanta libertad y déjame tanta parte del fruto de mi trabajo que pueda yo mismo organizar mi existencia, mi destino, el de mi familia’”.

Ya no es ésta una consideración económica, sino filosófica.

No se trata en el fondo de saber que es imposible de mantener un sistema en el que lo aportado es menos que lo retirado y donde se incentiva el pedir y se castiga el crear. Esto es el cómo ver al propio ser humano.

Y puede verse como ése que grita pidiendo ayuda al gobierno, solicitando su protección y asistencia. O puede verse como el que quiere valerse por sí mismo, bajo las consecuencias de su libertad. No es necesario ahondar en la diferencia que habrá en las sociedades en las que domine una de esas mentalidades, o la otra.

Comencé mencionando el caso de una persona, la que con las mejores intenciones compasivas asignó la responsabilidad de la caridad al gobierno. No supo en realidad lo que estaba haciendo con eso: proponiendo un sistema económicamente inviable y creando un ser humano indolente, cuya única ambición es vivir del esfuerzo ajeno.

Hay muchas personas como ésa, según mi experiencia. Es gente buena, motivada por el deseo de ayudar, que se conmueve ante la pobreza.

Alegra ver eso, pero causa mucha inquietud el verlas apoyar programas gubernamentales de seguridad y protección que son imposibles de financiar y que fomentan la indolencia.

Es el problema de la caridad mal entendida, la que con buenas intenciones justifica medidas malas, de consecuencias nefastas.

Post Scriptum

Las citas son de Erhard, L. (1989), Bienestar Para Todos. Barcelona: Unión Editorial. Una obra que he citado en muchas ocasiones y que me resulta algo que en muy recomendable para quien se interesa en estos temas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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