Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Centralización: el Problema
Leonardo Girondella Mora
23 octubre 2014
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los gobiernos —la gran mayoría de ellos— han confundido su papel en la sociedad separador.001a la que gobiernan. La confusión es sutil y es la que pretendo explicar en lo que sigue.

La primera consideración es muy básica —si existe un gobierno es porque se juzga y se tiene la experiencia de que es mejor vivir en una sociedad con gobierno que en una sin gobierno. Lo que ese gobierno da es orden y certidumbre, es decir, la protección personal de quien allí vive.

Lo mismo podría decirse de otras cosas que existen en la sociedad y que tienen una contribución positiva —como la propiedad privada que produce bienes y satisfactores, las familias y escuelas que preparan a las generaciones siguientes.

Es decir, los gobiernos tienen un papel en la sociedad y es un papel importante para el bienestar de todos —pero es solamente un papel de varios y de los que hay gran variedad. No hay una sola organización ni una sola persona que sea responsable total del bienestar de la sociedad.

Mi punto es claro: el gobierno es una y nada más que una de las muchas organizaciones de las que existen, cada una con funciones y responsabilidades que hacen que la vida en la sociedad sea mejor que la vida en soledad, separados de ella.

De allí derivo un principio central —el de que los gobiernos tienen como función y responsabilidad central una muy básica y de importancia mayúscula: establecer y mantener un orden que permita funcionar bien al resto de las organizaciones por medio de la protección a la vida y las propiedades de quienes las forman.

Esto permite establecer dos escenarios sobre el papel del gobierno, uno de ellos el correcto; y el otro, el que ha confundido su papel, como dije al principio.

• Escenario correcto, adecuado a la razón: el gobierno actúa estableciendo y manteniendo ese estado de orden y protección que hace posible el buen funcionamiento del resto de la sociedad.

• Escenario confundido, inadecuado a la razón: el gobierno va más allá de su función natural y realiza funciones que pertenecen a otras organizaciones, como la familia, las iglesias, las empresas, las escuelas y similares.

Este último escenario es al que me refiero, el de la confusión de papeles en las organizaciones que las personas forman en una sociedad —cuando los gobiernos añaden funciones que le pertenecen a otros.

Es un fenómeno de acumulación de funciones y responsabilidades que se encuentran diversificadas a través de todos los miembros de la sociedad y que van a parar a las manos de quienes forman el gobierno. La duda es obviamente si eso contribuye o no al bienestar de la sociedad.

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¿Hay más bienestar en la sociedad que centraliza funciones en el gobierno, o en la que esas funciones se diversifican en otras organizaciones independientes? Esta es la pregunta que describe buena parte del problema político de estos tiempos.

La respuesta, en mi opinión, es un no rotundo —por, en parte, las siguientes razones.

• La centralización de funciones adicionales a las naturales de un gobierno significaría un aumento de autoridad o poder —un aumento importante y significativo que llevaría a crear una entidad con demasiado poder y la probabilidad de abusos, corrupción y demás.

• La centralización de funciones, además, disminuiría las ventajas de la división de especialidades necesaria para el buen desempeño de las diversas entidades en campos muy diferentes.

• Desperdiciaría el talento del resto de las personas, cuyas habilidades y conocimientos dejarían de usarse a no realizar esas funciones —las personas fuera del gobierno terminarían sin libertades ni responsabilidades, teniendo sólo la función de obedecer.

• La elevación significativa de fracasos por malas decisiones centrales que impedirían descentralizar los riesgos —un problema de falta de diversificación.

• Se atentaría en contra de la naturaleza humana —su libertad y capacidad de razón— al limitar las contribuciones y creaciones de quienes no fuesen parte de la autoridad.

• Habría problemas económicos severos, producidos por el gran nivel de gasto que requeriría la implantación de las nuevas funciones gubernamentales —y surgiría un estado de cosas en el que las personas tendrían que ceder recursos propios para financiarlas.

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Lo que he intentado hacer es exponer una gran confusión de nuestros días en cuanto a las funciones naturales de los gobiernos —las que sin razón se han expandido colocando a la sociedad entera en una situación seria de desventaja.

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