Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Como un Jardín de Niños
Eduardo García Gaspar
19 febrero 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Se ha convertido en un ideal. O al menos en algo bondadoso. androjo

Es lo que persiguen muchos gobiernos. Su idea es llevar la democracia a la economía.

Y hacerlo de una manera muy curiosa.

Empecemos por el principio.

Hay una buena cantidad de tipos de socialismo. Sus intensidades son variables y sus métodos, variados.

Llevan varios años de existir y tienen todos un común denominador, el intentar lograr una mejor vida para todos, o al menos la mayoría. Nada original, todos los sistemas buscan lo mismo.

Lo interesante es lo que sucede en nuestros tiempo. Una variante del socialismo que busca hacer el bien buscando que la economía sea democratizada.

Esto significa que ella esté bajo el control del electorado, de las mayorías, del pueblo, o como usted quiera decirlo.

No es una vía revolucionaria, al estilo marxista, sino una democrática. Tiene sus peculiaridades que la hacen francamente curiosa. Propone que la economía se ponga bajo el control del pueblo, lo que significa democratizarla.

Es la generalización del sistema político de una democracia a la esfera económica. Si el gobierno, en una democracia, se legitima por la soberanía que radica en el pueblo y que se delega en sus representantes en el gobierno, sueña lógico que eso se lleve a la economía.

¿Cómo exactamente funcionaría la economía democratizada?

De manera simple, ella pasaría a manos del gobernante, quien manejaría a las empresas de acuerdo con lo que él cree que el pueblo desea. Igual que hace leyes para el pueblo, administrará empresas para el pueblo.

Desde otro punto, la democratización de la economía es el traslado de las empresas al gobierno, es decir, puro y simple socialismo. Poner a las empresas bajo el control popular de las mayorías, que suena muy democrático, en realidad es un simple traslado de dominio de las empresas.

Se llama “nacionalización” y es la expropiación de los medios de producción. Hacerlo tiene consecuencias, como el acumular demasiado poder en los gobiernos, una acción indeseable a todas luces. Como el violar derechos de propiedad de los recursos adquiridos por medio del trabajo propio. Y otras más.

Pero una de ellas es particularmente notable. ¿Quiere usted realmente democratizar a la economía? La solución es simple: deje que la gente produzca, compre y venda lo que quiera. Más democratización que ésta no será posible lograr por ningún otro método conocido.

Lo anterior quiere decir dejar en manos privadas los medios de producción. Cada quien producirá lo que los demás quieran y sus decisiones serán libres, sin intermediarios. Porque si no lo hace así va a suceder algo particularmente odioso.

Si la economía se democratiza por medio del traslado de la propiedad de los medios de producción al gobierno, usted no va a tener los bienes que quiere, sino los que los gobernantes creen que son buenos para usted. No sólo se trasladará la propiedad de los medios de producción.

También se trasladará al gobierno la decisión de consumo. Ya no decidirá usted que comprar, eso lo decidirá el gobernante. Sucede esto por una situación paradójica que sucede en las democracias modernas.

En ellas, se supone que la soberanía radica en el pueblo y que su voluntad es la que deben seguir los gobernantes. Esto significa aceptar la hipótesis de que el pueblo sabe y conoce mucho, pero el gobernante no acepta eso. Al contrario, cree que el pueblo es una masa ignorante de imbéciles a los que no se les puede dejar solos.

¿No me cree? Vea la cantidad de regulaciones y mandatos que existen y que suponen que usted, yo y el resto somos unos idiotas. Los gobernantes regulan alimentos, bebidas, tabaco, drogas, empaques, ingredientes, pensiones, escuelas, medicinas, hasta dietas, madres solteras, diversiones…

Si alguien cree que es una buena idea democratizar a la economía, debe pensar que en ese sistema será el gobernante el que tome las decisiones de producción y consumo. Nadie será realmente libre para hacer su voluntad. Lo bueno será lo que decida el gobierno, lo malo, lo que decida también.

Al final de cuentas, democratizar a la economía es un lenguaje bello, hermoso y gallardo, con un contenido desagradable y temible.

Conduce al peligro político mayor de nuestros tiempos, a la dictadura mental. Al régimen en el que los gobernantes suponen que deben cuidar a ciudadanos que no son más que personas irresponsables, incapaces de tener responsabilidades.

Quizá sea que la democracia ha dejado de ser lo que era, un sistema para limitar la posibilidad de abusos de poder, y se ha convertido en un sistema en el que el gobierno cuida a menores de edad, es decir, a todos. Como una guardería o jardín de niños.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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