Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Competencia Fiscal
Eduardo García Gaspar
11 julio 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es simple. La llamamos competencia. androjo

Consiste en disponer de alternativas variadas de bienes y servicios.

Lo opuesto sería tener un monopolio, por ejemplo, de gasolina.

Con competencia, habría varias marcas que comprar.

Eso tiene ventajas para el consumidor: si el vendedor quiere tener éxito sostenido, debe de atraer a clientes y para hacerlo, debe darles gusto.

La vida del vendedor en competencia no es placentera, como sí lo es la del propietario de un monopolio que no tiene que complacer a nadie para tener ingresos.

La competencia es una situación compleja, en la que el deseo de ganar más que tiene el vendedor solo puede lograrse complaciendo al comprador.

Un mecanismo doble que pone freno a las maneras negativas en las que se busca ganar más.

Muy bien, eso lo sabe todo el mundo. Lo que bien vale una segunda opinión es trasladar la idea de competencia a otros campos.

Sabemos que la competencia funciona muy bien en economía. El punto ahora es trasladarla a, por ejemplo, la política.

Existe competencia en las elecciones, por ejemplo, pero eso es un día cada varios años. Sería una gran idea incorporar a la competencia durante todos esos años en los que realmente el gobernante no está en competencia con otros.

Una idea ilustra esto: la competencia fiscal, es decir, entre tasas de impuestos entre naciones y dentro de ellas.

El país A competiría en impuestos con el país B, cada uno ofreciendo quizá impuestos más bajos y más sencillos. O bien la región C dentro de un país podría competir de igual manera con la región D.

Esto permitiría a los ciudadanos seleccionar las opciones más ventajosas para ellos. Forzaría a los gobiernos a continuamente buscar complacer a la gente.

“Nosotros ciudadanos queremos competencia de impuestos porque queremos gobiernos que compitan para proveer el mejor gobierno al menor costo…”, dijo Grover Norquist recientemente.

La idea es fenomenal. Podemos ver el contraste con lo que actualmente se tiene.

Los gobernantes son máquinas de aumentos de impuestos y canales de gasto público, sin que exista preocupación alguna por ser productivo y eficiente. Peor aún, los gobernantes hacen algo que prohiben a otros.

Ellos buscan crear cárteles internacionales de impuestos: países que cobren todos los mismos y crecientes impuestos.

Critican y desean cambiar a los países cuyos gobiernos tienen la osadía de cobrar menos impuestos. Ellos son competencia indeseable, que les quitan clientes.

Odian los monopolios, pero tienen el peor de todos, el fiscal.

La idea de competencia entre países, con impuestos, puede llevarse al interior de cada uno. Esto nos lleva a dos posibles situaciones.

• Impuestos centralizados, cuando dentro de un país la gran parte de los impuestos se recolectan por el gobierno central y los gobiernos locales cobran una proporción muy pequeña.

• Impuestos descentralizados, cuando dentro de un país una parte grande de los impuestos totales que paga el ciudadano los cobran los gobiernos locales y proporcionalmente menos el gobierno central.

Esta descentralización es la que facilitaría la competencia fiscal entre regiones de un mismo país. La centralización fiscal, en cambio, dificultaría la competencia fiscal interna.

Piense usted en la situación de un gobierno local, cuyos ingresos dependen de la asignación de fondos que haga el gobierno central que es el que cobra la gran mayoría de ellos.

En este caso, los gobiernos locales se vuelven negociadores de asignaciones centrales, de las que depende su vida.

En esa situación, simplemente no les interesa complacer fiscalmente a sus gobernados, los que pagan los impuestos centrales. Pero sí les interesa complacer a quien reparte los fondos, y lo harán incluso con actos cuestionables.

Al final de cuentas, el asunto es uno se simple sentido común.

Si cuando voy a comprar un automóvil tengo a mi disposición una gran cantidad de marcas y modelos que compiten por mi preferencia, no veo razón alguna por la que no hagan lo mismo los gobiernos con sus impuestos.

Post Scriptum

La publicación de la que tomé la cita y otras ideas es Norquist, G. G. et al (2014). A U-turn on the Road to Serfdom: Prospects for Reducing the Size of the State (Occasional Papers). Institute of Economic Affairs. El pequeño libro puede ser obtenido sin costo en el sitio de IEA.

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