Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Competencia, la Bestial
Eduardo García Gaspar
8 mayo 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es razonable y lógico. Cuando hacemos algo, lo hacemos por una causa. androjo

La causa es el beneficio que lograremos. Un pequeño o gran aumento en el bienestar propio.

No es codicia, ni egoísmo, incluso puede ser lo opuesto. Pero es lo que nos mueve.

Es lo que mueve al misionero religioso y al empresario innovador y al estudiante esforzado y a todos.

Hacemos lo que hacemos por lo que pensamos que obtendremos como resultado. Es parte de la naturaleza humana: pensamos en términos de “yo” y esa identidad propia nos lleva a actuar en medio de otros “yos”.

Ese es el gran terreno en el que suceden grandes y pequeñas cosas. Cosas buenas y cosas malas. Es lo que mueve al carterista y al defraudador, lo que hace actuar al santo y al padre de familia. Y sucede en un cierto medio ambiente concreto que puede influir en las acciones de la gente.

Lo que bien vale una segunda opinión es uno de los posibles ambientes que pueden existir y que altera la forma en la que muchos pueden conducirse.

El ambiente de la intervención estatal, por ejemplo, bajo las condiciones de un régimen de control de cambios. El gobierno limita la compra y venta de divisas por medio de permisos especiales que él otorga.

O bien, otro caso, el del control de importaciones que solo pueden realizar quienes obtienen esos permisos gubernamentales. O cualquier otro caso, como el de exenciones de impuestos, el otorgamiento de subsidios, y otras cosas similares.

Estas son, en su fondo, oportunidades de beneficio. Son incentivos para actuar: tendría sentido, por ejemplo, invertir cinco millones para lograr obtener un permiso de importación que daría un beneficio de diez millones.

La persona gastaría esos millones en cabildeo, pagos ilegales, comidas, regalos, lo que sea que le lleve a obtener el favor de gobierno.

Se trata de un caso especial de incentivo. Tiene un nombre, búsqueda de rentas. Su esencia es simple: “ocurre cuando existe una oportunidad para la gente de gastar recursos transfiriendo riqueza de otros a ellos mismos”, como lo escribió D. Friedman.

Podemos entenderlo mejor de otra manera si hacemos la comparación entre dos situaciones, la del mercado libre y la de la intervención estatal.

En un mercado libre, los empresarios y emprendedores compiten con sus ofertas por la preferencia de consumidores y compradores. Ofrecen mejores productos, bienes más baratos, innovadores, lo que atrae al cliente.

En un mercado intervenido por el gobierno también hay competencia, no por la preferencia del cliente, sino por los favores, permisos, licencias, privilegios, lo que sea que el gobierno ofrezca y atraiga a personas que sientan que pueden hacer negocio con ello. Competencia, pero de otro tipo.

En esta competencia por el favor gubernamental sucede lo mismo que en la otra, se busca complacer al cliente, es decir, al gobierno. Todo, porque él es la fuente del negocio, igual que en un mercado libre la fuente es el cliente.

Este es el ambiente de incentivos que cambia no la búsqueda del beneficio personal sino la manera de hacerlo.

Piense en esto. En un mercado libre, las empresas compiten entre sí para satisfacer al cliente. No es un sistema perfecto y puede haber acciones indebidas, pero la fuente del negocio es mantener los clientes más satisfechos posibles.

Cuando el cliente es el gobierno, el consumidor pasa a un plano secundario. Al que hay que mantener satisfecho es al gobernante. Todo el talento, o la mayor parte de él, se dedica a buscar el favor que solo el gobierno puede otorgar.

Imagine que alguien pueda obtener un subsidio de varios cientos de millones. Es un gran incentivo para contratar abogados, hacer cabildeo, dar regalos, usar influencias, cosas legales e ilegales, para lograr obtener el favor que solamente el gobernante puede otorgar.

No es que ese sistema tenga fallas como el de un mercado libre, es que el sistema en sí mismo es erróneo y malo: desperdicia recursos, desvía talentos, daña a terceros. Un mal sistema en su diseño mismo, aunque sus intenciones sean buenas.

Este problema, el de la búsqueda de rentas, es algo que los intervencionistas deben reconocer como una falla seria de su propuesta general. Suelen ellos justificar sus propuestas de intervención para corregir las fallas del mercado libre, que las tiene. Pero hay un problema.

Las propuestas para corregir esos problemas crean otros problemas, mayores y más serios que los originales. No es una falla menor, es una del sistema mismo que desvía incentivos. ¿Qué hacer? Lo lógico, reducir la intervención estatal en la economía.

Finalmente, los proponentes del intervencionismo estatal suelen estar en contra de la competencia a la que califican de salvaje. Es paradójico que sus propuestas no hagan desaparecer a la competencia, sino que la conviertan en algo ahora sí realmente bestial.

Post Scriptum

La cita es de Friedman, D. D. (2000). Law’s order : what economics has to do with law and why it matters. Princeton, N.J: Princeton University Press.

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