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Conservadurismo: su Razón
Eduardo García Gaspar
22 septiembre 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Recibe ataques por docenas. Su definición está en manos de sus enemigos. androjo

Algunos de sus representantes son odiosos.

Creo que pocos lo conocen razonablemente.

No es fundamentalismo, no es religiosidad extrema.

Es otra cosa y esa cosa merece verse un poco más de cerca.

El nombre que recibe es el de conservadurismo. Tiene muchas gradaciones e intensidades.

Es una postura política, la opuesta al socialismo y al gobierno grande y a los progresistas. Favorece las libertades humanas y respeta a las tradiciones, lo que le lleva a defender valores morales.

Es comúnmente reconocido que el fundador de eso que llamamos conservadurismo fue un político irlandés, Edmund Burke (1729-1797).

Fue su recelo frente a la Revolución Francesa que le surgió la noción de sospechar de los grandes proyectos de cambio nacional y valorar tradiciones y costumbres (que no podían ser tiradas a la basura de la noche a la mañana).

La situación, como la entiendo, fue un exceso de la mentalidad liberal y que llevaba a la transformación de la sociedad hasta tal punto que deseaba destruir el régimen anterior para construir uno nuevo.

Esto coincidía con otras doctrinas de transformación social que perseguían la construcción de la nueva sociedad ideal sobre las ruinas de la anterior.

Visto de otra manera, la idea de reformar tan a fondo a la sociedad presente para levantar una nueva sociedad utópica sustentada en algún proyecto ideal, fue un común denominador de partes de la izquierda y partes de la derecha, entre las que no había ya gran diferencia.

Los opuestos a la destrucción de lo actual formaron la llamada reacción, y la política se volvió una lucha entre quienes proponían a la sociedad utópica futura y quienes defendían a la sociedad presente de la destrucción que pedía los otros.

En medio de esto, Burke adoptó una posición razonable.

Primero, la de olvidarse de sueños de destrucción de la sociedad actual. Segundo, la de olvidarse también de la posibilidad de utopías sociales. Tercero, volverse más realista, menos propenso a las grandes ideas abstractas.

Las circunstancias importan. Las tradiciones importan. Las costumbres importan. Lo que heredamos de generaciones anteriores tiene valor. No puede tirarse por la ventana así como así. Hay que preservar sin que eso sea el abandono de cambios y reformas.

Es como una posición más pausada, menos extrema que la de izquierdas y derechas extremas.

Hay aquí algo que bien vale una segunda opinión. El conservadurismo, bien entendido, hace una aportación importante a la política de todo país: crea un sano escepticismo frente a los grandes proyectos gubernamentales que prometen sociedades ideales.

Por igual, nos recuerda que el abandonar las creencias y valores tradicionales es un riesgo grande sin garantía de éxito.

Es una buena actitud de sana duda ante las promesas exageradas de los gobernantes. Un recordatorio de la imperfección inevitable de nuestra vida. Debemos aceptar que nuestras sociedades nunca serán perfectas y que las promesas de sociedades ideales producen situaciones peores de las que quisieron resolver.

No está mal, nada mal. Más aún, el conservadurismo, bien entendido, respeta libertades y recela del intervencionismo. Es partidario de mercados libres y libertades políticas, sospechando de cambios y reformas que sean aceptadas sin prudencia.

En este sentido es que se vuelve opositor al progresismo y al laicismo integral.

Lo que creo que importa es una idea central, la de no desechar al conservadurismo sin darle la oportunidad de ser escuchado. Digo esto, porque suelen existir personas que al escuchar que alguien es conservador, suelen lanzar acusaciones inexactas.

Un ejemplo real, el de la persona que acusaba a los conservadores de querer establecer una teocracia católica en México. Supongo que haya quien eso sueñe, por disparatado que sea, pero no sería realmente un conservador propiamente dicho.

Por igual, al conservador se le ataca creyéndolo alguien que reacciona negativamente ante cualquier propuesta de cambio o reforma, prefiriendo el status quo. No necesariamente, simplemente pide tener prudencia ante los cambios, especialmente los que prometen demasiado.

El conservadurismo, al final de cuentas, presenta una opción política útil y fundamentada. Una opción que puede ser más refinada que la acostumbrada dualidad de izquierda-derecha.

Post Scriptum

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