Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Corrección Política: su Idea
Eduardo García Gaspar
27 marzo 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento”. George Orwell

Es una forma de censura. Una manera de impedir pensar. androjo

Es sutil, fina y refinada. No usa la fuerza tanto como la indignación y la repugnancia.

No acude a la razón tanto como al disgusto y al enfado.

Es como un lamento que grita “¡Como se atreve usted a decir eso, a pensar así!”

La censura tradicional es simple: alguien con poder usa su fuerza para impedir que se difundan cosas que no tienen su aprobación. Es una imposición violenta, con fuerza física, que amenaza y castiga corporalmente.

Los defensores de la libertad lucharon contra la censura, contra la autoridad que impedía ejercer lo que ahora conocemos como libertad de expresión, de pensamiento, de creencia.

Y se han tenido logros notables, especialmente en el dejar atrás a los impedimentos gubernamentales.

Lo que bien vale una segunda opinión es entrar dentro de la mente del censor, sea quien sea.

El censor es una o más personas que usan medios de varios tipos para impedir que circulen y se difundan ideas e información que ellas no aprueban; incluyendo la posibilidad de anular a la persona de la que salen esas ideas e información.

La clave está en la mente del censor: el choque entre las ideas que le son de beneficio y las ideas que le pueden dañar. Claramente quiere frenar a quienes tienen esas ideas que le lastiman.

En política esto se entiende muy bien: la intención es detener a la información y a las ideas que socavan el poder del gobernante.

Todos entendemos eso y tenemos ejemplos en la mente (Cuba, Venezuela, China y otros más).

¿Qué pasa cuando dejamos en campo de la política y vamos a otros en los que las partes no tienen el poder de usar la fuerza para reprimir a quienes no están de acuerdo con ellos?

Un ejemplo, uno entre profesores y académicos. Entre ellos no pueden arrestarse, ni encarcelarse, ni darse de golpes. Pero entre ellos de seguro existen grandes desacuerdos, a veces realmente profundos. A unos y a otros le gustaría que fuesen sus ideas las que prevalecieran.

Si fuese un choque entre liberales y socialistas en una facultad de economía, a ambos bandos les agradaría deshacerse del otro. El fenómeno se repite en otras partes: el ateo contra el religioso, el conservador contra el progresista…

El debate razonado entre las partes no suele servir para convencerse mutuamente. ¿Cómo censurar a la otra parte sin usar ni la razón ni la fuerza física?

Hay una manera. Se llama corrección política y consiste en una serie de normas que obligan a apoyar ciertas ideas y reprobar otras. La clave es que la imposición de esas normas obligatorias no acude a la lógica del pensamiento, ni a la violencia física. Usa otra herramienta.

Utiliza los sentimientos y la emoción para crear dogmas, nociones incuestionables a las que defiende usando al lenguaje y popularizando esas ideas a las que convierte en pensamiento promedio comúnmente aceptado. Las ideas contrarias son prohibidas so pena de reprobación general y riesgo de exclusión.

Es así que personas que no han pensado ni un instante el asunto adoptan un vocabulario novedoso que las convierten en defensores inconscientes de lo que quizá de otra manera reprobarían. Recuerdo un caso de estos, el de un sacerdote que usaba repetidamente “género” en lugar de “sexo”.

La censura está allí, en el lenguaje, en los adjetivos que homologan opiniones y frenan a la razón. Ya no se dialoga propiamente, en ese sentido socrático que busca la verdad, simplemente se lanzan frases hechas y adjetivos comunes. Es la corrección política.

Es el freno a la razón por medio del miedo a herir sentimientos, a provocar daños emocionales. Logra crear un gran miedo a decir la opinión propia y así alcanza una meta suya, el silencio del que se piensa diferente. Si no calla, es estigmatizado, excluido.

Intente alguien hablar de las diferencias entre hombres y mujeres, de la exageración democrática, de la responsabilidad personal, de la castidad y la virtud, de la incidencia más que proporcional de pobreza en ciertos sectores, de muchas otras cosas y se verá funcionar este sutil mecanismo de reprobación general contra dogmas laicos.

La corrección política, además, busca y en parte ha obtenido, la aprobación gubernamental. Así tiene de su lado al aliado mejor, el que puede usar la fuerza en contra de quien piensa diferente. Y castigar a las monjas que atienden un hospital y se rehusan a proveer anticonceptivos o realizar abortos.

Nuestros tiempos de demasiada televisión y escasa razón, a pesar de tener grandes libertades, han creado una nueva modalidad de censura más terrible que la anterior. Más terrible porque pasa desapercibida y logra adeptos involuntarios.

Se mete en el lenguaje y penetra en las mentes produciendo opiniones clonadas. Con una consecuencia, la libertad desaparece. George Orwell lo expresó bien: “La libertad es el derecho a decir a la gente lo que ella no quiere escuchar”.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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