Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Crimen: Freno Interno
Leonardo Girondella Mora
25 septiembre 2014
Sección: CRIMEN, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


En lo que sigue exploro la idea de la búsqueda de resultados perfectos —y lo separador.001imposible que es.

Concretamente, me refiero a un caso específico, el de querer tener una sociedad en la que exista una criminalidad de cero: ningún delito intencional cometido.

Yendo más a detalle, examino solamente un caso, el del robo violento —y la idea de que en un cierto lugar se adopte la meta de tener cero robos de este tipo durante un tiempo largo e indefinido.

Tendrá que crearse un sistema para lograrlo, como, por ejemplo el de que cada persona esté siempre en presencia de un policía que lo acompañe para prevenir esa posibilidad —lo que supone que el policía es cien por ciento honesto y no ha a asociarse en ese crimen con su vigilado.

Esa posibilidad podrá ser evitada, quizá, añadiendo a otro policía que supervise al primero —sin que esto prevenga totalmente la asociación de ellos tres para formar una banda de asaltantes.

Demasiado caro y demasiado complejo para resultar aconsejable, por lo que podría pensarse en otra posibilidad: la instalación de cámaras de televisión en toda la ciudad —pero esto dejaría sin vigilar el interior de casas y edificios, donde tendrían que colocarse también ese sistema.

Se tiene, entonces, un problema que ya es visible: la búsqueda de la perfección con una meta de cero crímenes resulta demasiado cara —un imposible que debe ser visto como una meta incorrecta. Solamente en una sociedad de santos podría alcanzarse.

La idea está bien resumida en un texto de David Freeman:

“La regla correcta… es prevenir una ofensa si y solo si el costo neto de la ocurrencia del la ofensa es mayor que el costo de prevenirla”. (Friedman, D. D. 2000 Law’s order : what economics has to do with law and why it matters. Princeton, N.J: Princeton University Press).

Es decir, tiene sentido el tener un sistema contra la criminalidad cuando su costo es inferior al costo del crimen —lo que manda a tener que aceptar que la meta de cero es irreal: tendrá que aceptarse que no todos los asaltos con violencia podrán ser evitados.

El nivel máximo al que podrá aspirarse es su reducción a un mínimo aceptable, logrado por medios que demandan estrategias muy diferentes a las de poner un policía detrás de cada ciudadano:

• Castigar proporcionalmente los asaltos, dependiendo de su gravedad, agravantes y atenuantes —lo que incluye al resto de los crímenes.

• Elevar, dentro de lo posible, la probabilidad de captura de los sospechosos y la probabilidad de condena de los acusados formalmente.

• Implantar un sistema de prisión libre de corrupciones, que haga sentir como castigo real a la pena impuesta.

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Esas tres medidas son responsabilidad de gobierno: policía, tribunales, prisiones. Cuando ellas no funcionan bien, los delincuentes tendrán incentivos para realizar sus crímenes, en un número mayor al que se tendría bajo circunstancias de buen funcionamiento.

Todas ellas son externas a la persona, castigos por la comisión de actos indebidos —fuerzas que fuera de su control actúan como incentivos negativos en caso de que haga cosas que le merecerán una pena.

Lo que sigue es preguntarse si existen cosas internas, dentro de la misma persona, y que actuaran también como frenos a la comisión de acciones prohibidas, como el robo. Esto ayudaría a la prevención de delitos, reduciendo aún más su monto.

Se tendría a cada persona frenándose a sí misma —una decisión propia de no cometer ciertos actos y que no está motivada por causas externas, como castigos, sino convicciones propias.

Es lo que podría llamarse genéricamente una sociedad virtuosa, en la que la inmensa mayoría de las personas no necesitaran castigos legales externos para decidir no realizar robos —o cualquier otro crimen.

Esa sociedad virtuosa es el producto de creencias morales arraigadas y convertidas en conductas habituales —costumbres y usos normales en las conductas de la gran mayoría.

De esto puede derivarse una idea: de la fibra moral de la sociedad se obtiene uno de los mejores frenos que puede tenerse para la prevención de la criminalidad — y en la proporción en la que la sociedad carezca de esa fibra moral, la criminalidad crecerá poniendo más exigencias en los sistemas policiacos y judiciales.

Con una situación potencialmente explosiva: cuando una sociedad carece de fibra moral, es muy seguro que tampoco la tengan los sistemas judiciales y policiacos —lo que conducirá a un aumento de la criminalidad.

Es decir, una forma de calcular de manera sencilla y rápida la fibra moral de la sociedad es el ver los índices de criminalidad.

Nota del Editor

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