Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Allí Sale todo
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2014
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un punto de arranque. Como un centro del que todo lo demás se deriva. androjo

El corazón del que emanan principios y reglas.

La idea central que debe alimentar a la política económica.

El gran común denominador del que surge el progreso.

Si se nos hiciera responsables de encontrar ese punto de arranque, quizá nos sirviera antes de meternos a una sala de reuniones con los otros que tienen la misma tarea, hacer otra cosa.

Visitar un supermercado. Visitarlo y observar a la gente que allí hace sus compras.

A fuerza de observar, veremos que hay gente de todos tipos, que allí buscan lo que quieren y toman decisiones de compra. Imaginemos dos escenarios extremos en el supermercado y lo que en ellos sentirían los consumidores.

En el primer escenario, el supermercado tiene unos pocos productos, otros están agotados. Los que hay, son caros y malos. Hay personas haciendo fila para comprar.

En el segundo, sucede lo contrario. Hay muchos productos, de muchos tipos, a diferentes precios y en competencia de precios.

No hay duda de cuál de esos escenarios será el mejor para los consumidores. Esto tiene conclusiones que llegan lejos. Una de ellas me parece irrebatible. ¿Quiere un gobierno tener una política económica que produzca bienestar y riqueza creciente?

Entonces, que haga que sus medidas económicas, sus leyes, sus impuestos, que todo eso se oriente desde un principio central, el del ante todo lo demás que sea el consumidor el que sea beneficiado.

Nada de proteger segmentos especiales, sectores estratégicos, industrias nacionales y demás.

Si las decisiones de un gobierno buscan beneficiar al consumidor, ellas serán universales, pues todos somos consumidores. Todos sin excepción. Ahora es cuando se entiende mejor lo del supermercado: el consumidor satisfecho es el que encuentra variedad de productos sustitutos, abundancia de ellos, competencia de precios, de calidad, de innovación.

No es complicado de entender. Se trata de juzgar a las decisiones económicas de un gobierno bajo el lente del beneficio al consumidor.

¿Ejemplos? El monopolio petrolero mexicano es un caso de lo que no debe hacerse: una sola marca, sin competencia, un único proveedor, una pesadilla para el consumidor.

Otro ejemplo del lado negativo, el sistema educativo público de muchos lugares. En manos de los gobiernos, presenta la estructura de un monopolio que no atiende las preferencia del consumidor y se beneficia a sí mismo de su posición privilegiada (los sindicatos educativos son buen ejemplo).

Podrían esas dos situaciones corregirse y beneficiar al consumidor.

El monopolio estatal de petróleo podría romperse en varias porciones y ser privatizadas, con la idea de crear competencia en la oferta de gasolina, gas y demás. Lo mismo para la educación: hacer que las escuelas compitieran por satisfacer al consumidor, no a los sindicatos.

Del lado positivo, vea lo que se ha logrado en sectores de tecnología, de automóviles, de alimentos, de bebidas. Mercados en los que hay competencia y, por eso, variedad y beneficios al consumidor.

En fin, me parece irrebatible que si se busca bienestar económico general la política económica del gobierno debe partir de la idea central de beneficiar al consumidor. Lo que no lo haga, será una mala política económica.

Es un asunto práctico, de mero sentido económico, que nada tiene de ideológico.

Entonces el problema es definir cómo crear y mantener competencia entre fabricantes de bienes. Esto es más específico y constituye la pequeña sutileza que demasiados gobernantes parecen no entender.

Es sencillamente facilitar esa creación de satisfactores que forman una oferta de bienes competitivos entre sí.

Para ser claros, bajo esta forma de ver las cosas, los gobiernos deben

(1) romper monopolios, especialmente los propios,

(2) abstenerse de ser proveedores de servicios y productores de bienes y

(3) promover la iniciativa personal de las personas en su papel de productoras sin privilegios especiales.

No es complicado de comprender. Por eso resulta asombroso que una y otra vez los gobiernos adopten políticas que obstaculizan a la competencia y, por ello, dañan al consumidor.

Hacen exactamente lo opuesto de lo que deben hacer. El gobierno bolivariano de Venezuela es un caso exacto de lo que no debe hacerse. Igual que Cuba, que Argentina, que México, que Ecuador…

No es el único. En una situación parecida están los EEUU con Obamacare y México con el monopolio petrolero.

Quizá se deba a una confusión mental: el gobernante cree que debe intervenir directamente en la económica, cuando lo que debe hacer es intervenir indirectamente, haciendo que se cree y mantenga la competencia económica.

Mi punto es simple y creo que bien vale una segunda opinión.

Si usted quiere saber si una política económica es buena o mala, simplemente examine si ella promueve o limita la competencia, si facilita o dificulta la producción de bienes. De allí, usted podrá concluir una opinión sustentada y sólida.

Si esto resulta difícil de comprender para un político, ése es otro problema que ya no es económico, sino mental o de preparación.

Quizá sea que los gobernantes, por regla general, nunca han trabajado en una empresa usando recursos limitados y produciendo bienes que buscan la preferencia del consumidor.

Post Scriptum

No sólo los políticos tienen dificultades para comprender esta idea tan simple, también le sucede a otros muchos. No son pocos los empresarios que no la ven con claridad, o que, peor aún, acuden a los gobiernos a buscar privilegios, es decir, protección contra la competencia. En buena parte del sector académico esta es una noción desconocida.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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