Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Creencia a Conocimiento
Eduardo García Gaspar
11 noviembre 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Una situación tensa. Una persona aseveró algo con total certeza. androjo

Otra le dijo que era falso lo que decía. Entre las dos se acusaron de idiotas.

De desconocer de qué hablaban. No llegó a mayores.

Tampoco a acuerdos. Hablaban de guerras religiosas, pero esto es lo de menos.

Lo que bien vale una segunda opinión es examinar eso del conocer, del saber. Es decir, de qué en realidad es eso que se llama conocimiento.

Conocimiento es serio, no eso que se llama opinión y que en nuestros tiempos parece tener más valor que el saber. Seamos lógicos.

Saber algo, conocer algo, como por ejemplo, saber que en este momento está lloviendo, es una idea que tiene dos componentes al menos.

Uno es el natural, la opinión o creencia mía de que está lloviendo. Tengo que tener esa creencia como un requisito del conocer.

El otro elemento es que esa creencia mía sea corroborada por otros medios creíbles y convincentes.

Los dos elementos se reúnen para definir conocimiento: una creencia que está validada por la realidad, una creencia verdadera, real. No es complicado.

Yo puedo comprobar que llueve sacando la mano por la ventana, pero el agua puede venir del vecino de arriba que riega sus plantas. Puedo ver varias ventanas y comprobar que en todas se ve el pavimento mojado y los coches con limpiadores funcionando y la gente con paraguas.

Entonces puedo concluir que tengo un conocimiento, es decir, una creencia ajustada a la realidad. Está lloviendo. Y eso me hace actuar de cierta manera, como por ejemplo, salir a la calle con paraguas, o incluso posponer el salir a la calle si lleve demasiado.

Total, todos tenemos creencias a las que podemos llamar opiniones tal vez. Ideas que creemos son ciertas por alguna razón, pero ellas serán conocimiento solamente cuando coincidan con la realidad. Esa es la justificación del conocimiento.

El conjunto de creencias que tenemos forma nuestra visión del mundo, el cómo lo entendemos y explicamos, y además, es lo que justifica nuestra conducta en buena parte.

En la medida que esas creencias coincidan con la realidad tendremos conocimiento y nuestra conducta será acertada.

Tomo un ejemplo de política económica. Un gobernante tiene la creencia de que aumentando el monto del circulante la economía crecerá. Sobre esa creencia realiza un acto y manda imprimir más billetes para que el país tenga mayor bienestar. Si esta creencia se ajusta a la realidad, esa acción producirá el efecto deseado.

El tema de fondo es si esa creencia o cualquier otra se ajusta a la realidad o no. En este caso, cualquier podrá decirle al gobernante que es dudoso lo que piensa, razonando que si fuera cierto, desde hace siglos se tendrían economías boyantes en todas parte.

Igual que en el caso de las personas que hablaban de guerras religiosas. Una de ellas sostenía que si la religión desapareciera ya no habría guerras. Esta creencia, si es cierta, llevaría a una paz mundial inmediata. La otra persona le respondía que muchas guerras no tienen motivaciones religiosas.

¿Ve usted el asunto de fondo? Tenemos creencias y concluimos que basados en ellas si hacemos X tendremos el efecto Z. Si bebemos agua saciaremos la sed.

Pero tendremos el efecto Z siempre y cuando nuestra creencia X coincida con la realidad. Y entonces el problema es uno de verificación de la creencia, de validación y justificación.

Es la confrontación entre la realidad y las creencias, entre lo que tenemos en la cabeza y lo que existe allá afuera y que no depende de nosotros.

Y esto nos lleva a otro elemento del conocimiento, lo que podemos llamar la prueba, la justificación, la comprobación.

Es decir, las razones por las que creemos lo que creemos. Las demostraciones de que son ciertas nuestras creencias. Un terreno muy difícil, pero podemos iniciar con lo demostrable en sí mismo, como 4+4=8; o el todo es igual a la suma de sus partes.

Otra validación es de tipo curioso, una que no admite pruebas, pero que no puede negarse: las sensaciones personales, como el tener dolor de cabeza. Debe creerse a la persona a pesar de no poderlo comprobar. Más tarde quizá un análisis lo podría hacer, pero la creencia de la persona es lo suficiente como para recomendar tomar aspirina.

También, hay comprobaciones que se hacen a través de los sentidos, como el mojarse en la calle para comprobar que llueve. Y que puede ser tan refinado como pruebas de laboratorio y experimentación científica. O bien descubrimientos en las ciencias, o en ruinas arqueológicas, o lo que a usted se le ocurra.

Y, por último, están las justificaciones abstractas, las que se hacen razonando con lógica y siguiendo sus reglas (y que no admiten comprobación tangible).

Post Scriptum

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