Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Revoluciones y Transformaciones
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2014
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La discusión fue fascinante. El tema: las revoluciones. androjo

Esas que en realidad pueden llamarse así. Las que cambian las cosas en lo más profundo.

No las revueltas violentas que hacen que las cosas vuelvan a ser como eran.

Los ejemplos abundaron. La invención de la imprenta. El descubrimiento de leyes de gravitación. El descubrimiento de América. La llegada a la luna. La creación de la era digital y la revolución industrial.

Estas y otras cosas más fueron mencionadas, como los números arábigos, o la partida doble, o el arado.

Algunas de ellas más profundas que otras. Y las más profundas con las que cambian maneras de pensar. Una cosa es el adelanto técnico de la imprenta, otra cosa es el contenido de lo impreso.

Lo técnico parece como un medio que cambia mucho las cosas pero que necesita un contenido.

Se trataba en realidad de algo más que revolución, un término muy echado a perder por sus connotaciones violentas y resultados poco útiles.

Era más bien un tema de transformaciones con efectos profundos que duran siglos y todo lo cambian. Y que, tal vez, son tan profundos que no pueden observarse con facilidad.

Una de esas transformaciones es, para mí, algo en extremo llamativo. Es una transformación que cumple con todos los requisitos. Quizá sea la mayor de todas las que hemos tenido en la historia de nuestra civilización.

Sí ha habido varias transformaciones, todas ellas ligadas a cambios en las ideas.

Cosas como la filosofía de los griegos y su redescubrimiento posterior. O bien, como la Edad de la Razón. En breve, las transformaciones mayores son las que alteran a las ideas en sus más profundas bases. Algunos les podrían llamar transformaciones culturales. Y son profundas.

Un libro reciente propone una idea sobre el tema.

“… entre todas las muchas grandes transformaciones que han marcado la evolución de la civilización Occidental, sean por convulsión o graduales, políticas o filosóficas, sociales o científicas, materiales o espirituales, ha habido solamente una —el triunfo del Cristianismo— que puede ser llamada ‘revolución’…”

Amigos y enemigos del Cristianismo, no importa, estarán de acuerdo en que la transformación producida fue masiva, de consecuencias en todo campo.

Una nueva visión del mundo, producida de modo gradual, alterando la forma en la que entendemos al mundo, a nosotros mismos, a lo que está a nuestros alrededor.

La aceptación de esa idea, me parece, no tiene problemas. Es real, el Cristianismo fue seguramente la mayor transformación de toda la historia.

Unos pensarán que para bien, otros dirán lo opuesto. Quizá la mayoría ni siquiera se de cuenta de eso. No importa, la realidad está allí y es innegable.

Y eso es lo que hace que las cosas se pongan interesantes si nos ponemos a pensar en una posibilidad. Una que quiero explicar, antes que nada, con una especulación que ilustre el camino que quiero seguir. Supongamos un cambio.

Supongamos la anulación o desaparición de una de esas varias revoluciones que consideramos históricas. Por ejemplo, supongamos la desaparición de los libros, o la de los números arábigos. ¿Qué sucedería? Difícil de imaginar, pero podríamos anticipar grandes consecuencias.

Ahora entro a mostrar mi punto, el de qué sucedería en el caso de que desapareciera el Cristianismo.

Será en extremo difícil y muy extenso describir las consecuencias detalladas, pero podemos con seguridad anticipar un cambio tan grande como lo fue el provocado por él. Hablo de una transformación como se ha visto una sola vez en la civilización.

Si la aparición del Cristianismo fue la mayor de todas las revoluciones de nuestra historia total, su desaparición sería una transformación de igual tamaño, realmente gigantesca. La segunda mayor de todos los tiempos.

Y esta es la transformación que está sucediendo. La llamamos secularización general: el olvido voluntario o no de la religión en ese sentido de considerar a lo sobrenatural.

En otras palabras, el punto puede ser simplificado. El Cristianismo incorporó a nuestras ideas lo sobrenatural: un Dios único que por amor nos creó inmortales destinados a regresar al Creador. La secularización, al desear retirar esa idea de lo sobrenatural cambiaría todo, absolutamente todo.

Esto es precisamente lo que no sé si logra entenderse en nuestros tiempos, esta dimensión del cambio que algunos desean. Porque lo que vendría sería algo muy distinto a lo que conocemos, y sin garantía alguna de ser siquiera marginalmente mejor.

¿Cómo sería ese mundo sin la faceta de lo sobrenatural? No lo sabemos con exactitud, pero tenemos algunos indicios en regímenes en lo que ello ha sucedido, como en la URSS.

Post Scriptum

La cita es de Hart, D. B. (2009). Atheist Dellusions: The Christian Revolution and Its Fashionable Enemies. Yale University Press.

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