Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Decisión por la Dependencia
Eduardo García Gaspar
18 febrero 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son posiciones en conflicto. Una es la opuesta de otra, o casi. androjo

Requieren alguna definición que las aclare.

Y son ideas que los gobernantes parecen usar sin gran idea del significado que tienen. Muchos electores, tampoco.

Veamos algunas de estas posiciones en conflicto. Empecemos por la de privatización versus nacionalización. Su esencia es simple, la de quién debe ser propietario de los bienes de producción, gobierno o personas. El votante decide en qué dirección moverse.

Igual, más o menos, en otro par de ideas opuestas: desregulación versus regulación. La esencia es tener o no tener una detallada regulación de los negocios, que los deje con amplias libertades de iniciativa o los limite con severidad.

También, en la oposición entre comercio libre versus proteccionismo. Es la disyuntiva entre las disposiciones que cierran fronteras a bienes importados, o permiten su comercio sin trabas. El ciudadano debe decidir entre estas posibilidades con su voto.

Otro par de ideas en conflicto tiene que ver con la política fiscal, el decidir si la economía se mueve por la vía del gasto público versus la vía de la inversión privada. Los ciudadanos muestran con su voto su preferencia por alguna de las dos posibilidades.

Todas ellas tienen un denominador común, el de qué tanto gobierno debe tenerse en el país: una economía altamente estatizada versus una economía altamente privada. No es difícil de entender esto en su fondo, aunque en los detalles pueda uno perderse.

Por ejemplo, en el caso del monopolio petrolero mexicano, pueden percibirse estas ideas en conflicto. ¿Quiere usted que ese recurso sea manejado por el gobierno, o que lo sea por parte de varias empresas privadas? Ésa es la pregunta final.

Para responderlo con racionalidad, puede acudirse a dos maneras de contestar. Una es la de los resultados reales de ambas posibilidades, es decir, contestar qué da mejores resultados en bienestar, los gobiernos o las personas. Hay indicios e indicaciones claras en este punto.

En lo general, las economías con gobiernos limitados, que respetan libertades económicas, producen mayor prosperidad. Bajo este criterio, el de resultados reales, la respuesta es clara para quien quiera entenderlo.

Pero hay otra manera de responder y que nada tiene que ver con los resultados prácticos de cada opción. Es una manera filosófica de hacerlo y trata de encontrar la mejor respuesta de acuerdo a un criterio, el de la naturaleza humana.

La cosa es bastante complicada, pero en su fondo se trata de responder si es compatible con la naturaleza humana el que un gobierno controle a la economía, o que la deje en manos de las personas que actúan con libertad. Tenemos una buena idea de la respuesta.

Pocas dudas hay de que está en nuestra naturaleza el ser libres. Si por naturaleza lo somos, entonces se concluye que debemos ser libres también en nuestras actividades económicas. Si tenemos libertad religiosa, entonces sería incongruente que no tuviésemos libertad económica.

Total, que por razones de resultados y de esencia humana, gana en todas las instancias la idea de un gobierno limitado, que no interviene activamente en la economía y que deja esas decisiones en manos privadas. Esto, si es que se estudia el asunto con frialdad.

Y, entonces, llegamos al punto que bien vale una segunda opinión.

Si todo indica que son preferibles las opciones que promueven y respetan la libertad económica, resulta al menos extraño que se tenga una buena cantidad de casos en los que se prefiere lo contrario.

Países como Cuba, o Corea del Norte, así como Venezuela, se rigen por ideas contrarias. No sólo ellos, en los EEUU ha habido un movimiento continuo que ha hecho crecer al gobierno descomunalmente, igual que en muchas partes de Europa. México también, igual que Argentina.

El fenómeno es realmente notable y explicarlo podría tomar varios libros de personas más sabias que este columnista. En lo personal, me parece que se debe, en buena parte, a una modificación en la definición de gobierno.

Hubo un tiempo, no lejano, en el que los gobiernos eran entendidos como árbitros de la sociedad, donde los ciudadanos actuaban con libertad respetando a la ley. En cambio hoy, el gobierno ya no es un árbitro, sino un jugador que apoya a unos ciudadanos y castiga a otros, según su antojo.

Los gobierno dejaron de ser jueces imparciales que aplicaban la ley y han sido ahora concebidos como otorgadores de dádivas, ayudas, regalos y limosnas, que algunos reciben a cambio de su voto y aprobación.

El cambio es prominente y, lo más eminente, es que se ha hado en medio de un ambiente democrático que refleja un cambio mental prodigioso.

Del ciudadano que recelaba del gobierno y ansiaba ser libre, aceptando deberes y responsabilidades, se ha pasado al ciudadano que desea depender del gobierno que le quita responsabilidades y el sentido del deber.

Post Scriptum

El cambio en la mentalidad ciudadana, por supuesto, tiene consecuencias. Nos manda a un sistema político que no da buenos resultados y que está en contra de nuestra naturaleza.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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