Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Diversidad
Eduardo García Gaspar
21 enero 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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Es un asunto de contradicción entre ideas. Nociones que se sostienen al mismo tiempo. androjo

Pero que están en conflicto. Sucede con frecuencia.

Y hay una que es particularmente llamativa.

La hizo notar K. Minogue en un libro de 2010. Lo que él dice es claro,

“La idea de la democracia y la idea de la diversidad cultural (como la promueve la doctrina multicultural) son entonces ideas contradictorias… No puedes, en otras palabras, tener democracia sin un pueblo, y debe ser una población en la que se tratan unos a otros como individuos no como enemigos y rivales colectivos”.

En otro estilo, con otra mentalidad, una novela de 1930, de Pío Baroja, coloca las siguientes palabras en boca de Chimista, uno de los dos personajes centrales,

“No cabe duda de que, aunque uno encuentre defectos a sus paisanos, con ellos es donde se está mejor, porque tienen con uno la comunidad de ideas, de instintos, de intereses, de cualidades y defectos. No hay internacionalismo que valga. El español se halla mejor entre españoles, el francés entre franceses, y el inglés entre ingleses. Si, además de esto, existe en el ambiente algún elemento hostil, la cohesión de los paisanos se hace más fuerte”.

Quitándonos de la mente la venda de lo políticamente correcto, podremos adelantar mucho. Se trata de ser realistas y entender la contradicción que se tiene frente a nuestra misma cara.

Primero, en una democracia se presupone que el gobierno respeta la voluntad de la gente, a la que rinde cuentas en la ejecución de esa voluntad.

Conforme esa voluntad sea homogénea, la tarea se facilitará. A esto ayuda eso de lo que habla Baroja: “comunidad de ideas, de instintos, de intereses, de cualidades y defectos”.

Segundo, las diversidad cultural implica por definición la multiplicación de ideas, instintos, intereses, cualidades, defectos, creencias y demás.

Si es una ganancia en variedad, es también una pérdida en identidad. Se gana en amplitud, pero se pierde en comunidad.

Tercero, se complica notablemente el ejercicio de la democracia. Si gobernar a una sociedad homogénea es ya difícil, hacerlo en una sociedad heterogénea será mucho más complejo.

No se trata de atacar a la idea de la diversidad cultural, se trata de ser realista y reconocer el problema que eso presenta. Y el problema es una dificultad creciente para gobernar y hacerlo implantando la voluntad popular.

La respuesta de “ser tolerante” no es satisfactoria porque no puede aplicarse a todo. ¿Como gobernar al que cree en la libertad de expresión y al que no cree en ella? ¿Al que cree en la separación entre iglesia y gobierno y al que no? ¿Al que impone la censura de la corrección política y al que no?

Es fácil apreciar la diversidad cultural en la variedad de restaurantes, trajes típicos y expresiones culturales, pero ¿cómo tratar al vecino que tiene la costumbre de fiestas escandalosas o comida de olores insoportables?

La situación democrática se complica al perderse homogeneidad en la población, como se ilustra en los casos de símbolos religiosos. Y, peor aún, cuando se entiende a la tolerancia como el respeto a grupos excéntricos, que los colocan como diferentes y lo diferente suele ser opositor.

Hablo de la hostilidad nacionalista y la dificultad de remontarla. Ella se acrecienta especialmente si no existe asimilación del emigrado quien no acepta las ideas y creencias de su nuevo lugar. Uno amigo usa un ejemplo políticamente incorrecto.

Dice que los católicos están acostumbrados a que su religión sea atacada varias veces al día, a veces de manera extrema, y que hay otras religiones que no tienen esa costumbre reaccionado de manera ajena a las costumbres del lugar.

Es este tipo de sucesos los que muestran que efectivamente tenemos un par de ideas, que en teoría tienen una bonita apariencia, pero que en la realidad nos complican la vida cuando se implantan simultáneamente. Darnos cuenta de esto ya sería ganancia.

Lo que es irracional es andar promoviendo ideas que tienen atractivo sin darse cuenta de las consecuencias que en conjunto tienen. “La heterogeneidad cultural entonces hace a la democracia difícil o imposible”, dice K. Minogue.

Tiene su punto y no debe ser desechado sin pensarlo muy bien. Gobernar a diferentes culturas, a diferentes pueblos, ha sido una problema serio, muchas veces resuelto mediante el autoritarismo y la represión.

“En la primera década del siglo XXI, el número de los mártires cristianos fue creciendo hasta alcanzar a mediados de siglo la alarmante cifra de 160 mil nuevos mártires al año”, reporta un estudio.

La democracia y la tolerancia son dos nociones netamente occidentales, como también es el saber vivir cambios, aceptar razones y estar abiertos a ideas. Reconocer problemas es algo que no debe perderse.

Post Scriptum

La primera cita está en Minogue, K. (2010), The Servile Mind: How Democracy Erodes the Moral Life (1 ed.). Encounter Books.

La segunda está en Pío Baroja (1930), La Estrella del Capitán Chimista.

El mismo K. Minogue dice, “La democracia como un régimen político entonces postula una población relativamente homogénea con ambas, la capacidad de expresar sus demandas y una tradición de hacerlo”.

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