Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y República
Eduardo García Gaspar
31 octubre 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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No son lo mismo. Pueden diferir en mucho. androjo

Una es considerada una vaca sagrada. La otra casi no se menciona.

Me refiero a “república” y a “democracia”.

La opinión general y la costumbre verbal colocan toda su atención en la democracia. A la república la hacen de lado y, lo peor, creen que es lo mismo que democracia.

El asunto bien vale una segunda opinión para ver la definición de democracia, la definición de república y examinar las diferencias.

No son cosas complicadas y para hacerlas claras uso la explicación de un amigo, según recuerda él haberla leído en alguna parte.

Supongamos que se comete un robo y el ladrón es capturado. El trato dado al ladrón será diferente es una democracia que en una república.

Si el ladrón fuere juzgado en una democracia, su condena sería puesta a votación popular y, si la mayoría vota que lo ahorquen, eso se hará. La voz de la mayoría es la ley.

Si, por el contrario, el ladrón vive en una república, una vez capturado se le lleva al juez y es sometido a un juicio en el que puede hacer jurados, y donde se aplica la ley: la sentencia estará predeterminada y seguramente no será el ahorcarlo si se le juzga culpable.

No es una diferencia pequeña. Veamos la diferencia entre democracia y república parte por parte.

El principio central de la democracia es la mayoría. La mayoría tiene la razón y ejerce su voluntad. Todo el énfasis está en la expresión de la voluntad del pueblo, de la mayoría, de lo que diga los más numerosos.

Es un sistema altamente dependiente de una opinión pública ilustrada y razonable (esa que no votaría por ahorcar al ladrón).

El principio central de la república es la ley, generalmente una constitución o carta magna nacional.

En ella se establecen las grandes normas que regirán al país y desde las que se crean leyes más detalladas. Hay procesos de elección y votaciones, igual que en la democracia, pero el gran énfasis está en la gran ley primera.

Ahora entremos a las mentalidades que representan esas dos palabras, democracia y república.

Una, la democrática, enfatiza a la voluntad mayoritaria y tiene sus frases comunes, como la voz del pueblo, la voluntad general y otras por el estilo. No es que se olvide de la ley, sino que la rebaja en importancia.

La mentalidad democrática es la que intenta resolver todo por medio de diálogo y acuerdos entre partes, sin grandes principios que normen los asuntos. De aquí surgen los gobernantes que se sienten representantes de las mayorías y para quienes la ley suele ser un estorbo.

La mente republicana es, en cierto sentido, temerosa de las mayorías en quienes no confía totalmente. Consecuentemente se prefiere el imperio de la ley, el estado de derecho que emana de la gran ley superior aprobada por una mayoría de personas selectas, no por mayoría general ciudadana.

Tiene su punto válido. No hay garantía razonable que impida que la mayoría vote por algo irracional e injusto.

En otras palabras, ser demasiado democrático es un peligro que llevaría a regímenes extremos de injusticia. No es que no se tengan votaciones, sino que todo se realiza bajo un marco legal que impida excesos mayoritarios.

Es decir, en resumen, una república es un sistema político que siendo democrático contiene frenos y limitaciones a la voluntad mayoritaria y que están contenidas en la gran ley general, de la que surgen el resto de las leyes. Es una buena idea. El miedo a las mayorías está bien justificado.

Una democracia en la que la gran ley no existe o se ignora llegará eventualmente a un régimen de abuso de poder e injusticia: el gobernante se legitimará con el respaldo mayoritario, real o imaginario, y gobernará de acuerdo con lo que él piense que quiere la mayoría (y que coincidirá lo que a él le dé más poder).

Estas consideraciones son las que hacen posible evaluar a, por ejemplo, el gobierno de Chávez/Maduro. La voz popular definida por el presidente y la violación sistemática de leyes. Jamás podrá decirse que es una república.

Visto de otra manera, en una república se protegen a las minorías tratándolas bajo la ley igual para todos. En una democracia las minorías cuentan poco o nada, porque lo importante es la voz mayoritaria y lo que ella decida que deba hacerse.

En otras palabras, la república es un mejor sistema de gobierno que la democracia.

La mentalidad republicana presenta mecanismos para evitar abusos de autoridad, cosa que en la democracia no existe.

Finalmente, un fenómeno actual.

El caso de países en los que la vestimenta política formal es un sistema republicano, con ley mayor y representantes elegidos que juran trabajar dentro de ese marco legal, pero que en su operación diaria dejan llevarse por la mentalidad democrática que les hace saltarse a la ley. México, y muchos otros, son ejemplos de esta modalidad.

Post Scriptum

Una muy aceptable explicación de diferencias entre democracia y república está aquí.

Si le gustó la columna, quizá también:

Absolutismo Democrático

Un buen ejemplo de la mentalidad democrática y no republicana es el siguiente texto del Instituto Federal Electoral en México y que apoya la acción estatal en favor de mayorías y confirma al país como uno no liberal:

“… la ampliación de los derechos civiles y políticos a capas cada vez más amplias de la población, como los analfabetas, los asalariados, los campesinos, los grupos étnicos, los jóvenes y las mujeres, presionó para que el Estado, originalmente mínimo, se ampliara para dar respuesta a las demandas que formularon esos grupos, que ya eran otras que la simple protección de la propiedad, como lo querían los grupos pudientes. Así nació el Estado social… El liberalismo ortodoxo vio afectadas sus aspiraciones de mantener sin cambios al Estado mínimo, al surgir como un hecho histórico incontrovertible el Estado social”.

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