Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derechos: Sus Desatinos
Eduardo García Gaspar
21 mayo 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La idea es central en nuestros tiempos. androjo

Tiene sus facetas buenas, aunque también sus desatinos.

Ver estos últimos ayudará a precisar mejor su idea.

Me refiero a la noción de derechos humanos y cómo suele entenderse.

Comencemos por lo más obvio. La idea de seres humanos con derechos es valiosa. Es una manera de entender la dignidad humana. De establecer que somos sujetos y no objetos.

La pregunta que sigue es la más evidente que se nos pueda ocurrir.

¿De donde salen esos derechos, como el de vivir? Existen dos respuestas sobre su origen.

Una es la idea de que los derechos salen de la misma naturaleza humana y se tienen con independencia de que lo diga o niegue alguien. Una gran respuesta que da solidez al concepto.

Hay otra, muy débil, que supone que los derechos salen de acuerdos, convenciones, tratados, organismos, que los “descubren” y decretan. Es como cuando se dice que “expertos mundiales se reunieron y acordaron que los humanos tenemos derecho a vacaciones”.

Este es uno de los desatinos a los que me refiero. Los derechos humanos emanan de la propia naturaleza humana y lo más que puede hacerse es reconocerse que existen.

Por ejemplo, somos libres por naturaleza, no porque lo diga la ONU. Tenemos derecho a la vida por naturaleza, no porque lo diga la constitución del país.

Hay otro desatino común cuando se habla de derechos. Es más sutil. No es fácil de ver.

Todo comienza con una idea, la que considera que las personas son dañadas cuando se violan sus derechos, por ejemplo, cuando se les despoja de sus propiedades.

La idea es correcta, pero ha llevado a creer que la única manera de dañar a las personas es violando sus derechos. ¿Hay otras formas de lastimar a las personas adicionales a la violación de sus derechos?

La pregunta ha sido respondida implícitamente de manera positiva: sí es la única manera de dañarlas.

La pregunta vale la pena de verse con más detenimiento. Roger Scruton (1944-) lo ha expresado bien:

Las personas pueden lesionadas de formas que no están bien resumidas en la idea de una violación de derechos. Ellas pueden ser contaminadas, profanadas, deshonradas —y en muchos casos este desastre toma una forma corpórea. Si no se ve esto, entonces no solo la moral sexual nos aparecerá opaca e inexplicable; perderemos la visión de las formas en las que la vida moral se vive mediante el cuerpo y se despliega en la cara.

Veamos esto en el terreno más obvio de nuestros tiempos, la sexualidad.

Desde el punto único de derechos, ella se interpreta como libertad sexual abierta, sin restricciones. Lo que ha llevado a reclamar que el aborto sea un derecho de la mujer.

El desatino es claro ya: si se considera que la violación de derechos es la única manera de dañar a las personas, se olvida que hay otras formas de hacerlo.

Se olvida que la misma dignidad humana conlleva la noción de nobleza, respetabilidad, honor, excelencia, decoro. No son derechos pero son rasgos que implican humanidad también.

Tome usted, por ejemplo, a la pornografía y verá un caso de esos. Tal vez el más claro para todos. Personas rebajadas, humilladas, profanadas, en sus mismos cuerpos, y que se amparan en los derechos sexuales o reproductivos. El desatino es mayúsculo.

Puesto de otra manera, la idea de los derechos humanos que rige nuestros tratos sociales es cuanto más “una parte de nuestro pensamiento moral”, como lo escribió Scruton.

Hay otra parte que debe considerarse, la de la dignidad misma y que nos lleva más allá de la idea de los derechos humanos.

Nos lleva al terreno de lo sagrado que hay en nosotros mismos, de la nobleza que poseemos, del respeto que debemos a otros, pero también a nosotros mismos. Lo que ha sucedido es que la idea de los derechos humanos ha puesto de lado la otra faceta del ser humano, esa de su honor y dignidad.

Sí, existe otra violación posible de la idea del ser humano, cuando se profana, cuando se prostituye y mancha. Los derechos humanos, en otras palabras, no lo son todo y, peor aún, han sido ocasión de profanación humana.

Un amigo ha resumido esto como una situación “en la que tenemos derecho a todo y obligación de nada, en la que se cree que la libertad es libertinaje y el libertinaje un mandato”.

“Solo lo que es sagrado puede ser profanado. De allí la habitual profanación de la muerte y el amor sexual, me aventuro a decir, prueba su naturaleza sagrada”, escribió Scruton.

Es un buen punto. Quizá sea que nuestros tiempos de demasiados reclamos convertidos en derechos han creado una cultura de profanación sistemática en la que los mismos seres humanos encuentran gozo profanándose a sí mismos.

En conclusión, los derechos humanos salen de nuestra naturaleza y no de reuniones internacionales de expertos; y los derechos humanos no son la única forma de lograr respeto humano.

Post Scriptum

La cita es de Scruton, R. (2012). The Face of God: The Gifford Lectures. Bloomsbury Academic.

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