Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desfile de Bobadas
Eduardo García Gaspar
12 agosto 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un asunto repetido, frecuente, habitual. androjo

Lleva siglos sucediendo. Forma parte de lo común, regular y rutinario.

Una y otra vez lo vemos. Tan generalizado es que se convierte en una constante cotidiana.

A nadie sorprende, a nadie llama la atención.

Veamos un caso reciente y representativo. Un diputado estatal, en Nuevo León, México, propone una ley. Esa ley obligaría al gobierno a pagar un millón de pesos a los familiares de “desaparecidos”. Esto, si la labor de la policía no da resultados en dos años.

De este modo, el legislador propone algo curioso: cuando falle la policía en su tarea, que es una responsabilidad del mismo gobierno, se toma dinero de los contribuyentes para reparar la falla policiaca. Es decir, usted pagará la ineficiencia del gobierno.

Curiosa manera de pensar. Un ejemplo de eso que es usual, periódico y recurrente: el desfile de bobadas gubernamentales. A diario se observa. ¿No me cree?

Otro ejemplo. El presidente del PAN propuso hacer una consulta pública sobre salarios mínimos. De acuerdo con lo reportado, esa consulta pedirá a las personas que respondan a una pregunta, la siguiente:

“¿Estás de acuerdo en que la Ley Federal del Trabajo establezca que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos fije un nuevo salario mínimo que cubra todas las necesidades de una familia?”

Cualquier experto en encuestas de opinión pública dirá que la pregunta está mal hecha. Está sesgada para contestar afirmativamente y eso invalida la consulta. Peor aún, el hecho de que no sea respondida por una muestra representativa de la población, hará que los resultados obtenidos carezcan de valor.

Piense que existen expertos en investigaciones de opinión pública y que no son escasos; que el gobierno puede contratarlos. Pero no lo hace y propone hacer una tontería. Otra bobada parte de eso que es repetido, frecuente, habitual. Una detrás de la otra.

¿Para qué hacer esa consulta popular? Para justificar una decisión tomada ya, la de fijar un salario superior al actual y que sea el suficiente como para satisfacer las necesidades de familias de trabajadores.

El problema es el obvio. Un salario es el precio del trabajo realizado. Trabajos poco valiosos tendrán salarios bajos. Trabajos poco o nada especializados, lo mismo. Y lo contrario. Trabajos valiosos tendrán mayores ingresos. No es difícil de entender.

Permítame ser brutalmente directo. Los salarios no se determinan ni fijan por las necesidades personales, sino por el valor que otros dan al trabajo realizado. Un mismo empleo no puede generar distintos salarios dependiendo de las necesidades de cada trabajador.

Si usted eleva el salario mínimo, eso ayudará al trabajador soltero que vive con sus padres; pero no gran cosa al trabajador con seis hijos. Sería injusto que este último ganara más que el primero.

Esta es la constante cotidiana a la que me refiero. Ese desfile rutinario de bobadas al que ya no se presta atención.

Los gobernantes tienen así una gran libertad para proponer las mayores gansadas que a nadie llaman la atención. Los medios noticiosos los reportan como si fueran las propuestas más serias y sólidas, cuando son insensateces extremas.

Mis creencias al respecto son varias.

Primero, se trata de un fenómeno universal, de todo tiempo, de todo lugar, de todo gobierno.

No hay excepciones, afecta a todo gobernante. Se observa en todo sistema político, aunque se agudiza en sistemas centralizados, como los socialistas. El Universal reportó hoy:

“El jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera [PRD], propondrá a finales de este mes incrementar el salario mínimo en la ciudad de México de 67.29 a 80 pesos”.

Segundo, es irremediable. Seguirá sucediendo en el futuro y lo único posible de hacer es reducirlo a dosis razonables que causen el menor daño posible.

Requerirá una vigilancia constante, 24 horas diarias en 365 días. Los gobernantes, por inclinación personal, están orientados a cometer más bobadas que el resto de los mortales.

Tercero, es producto de una mentalidad que parte de la idea de que no hay problema que el gobierno no pueda remediar con una ley, un impuesto, un subsidio, o cualquier otra acción estatal.

Los gobiernos pueden educar, sanar, pensionar, administrar, construir, financiar, divertir, vestir, nutrir. Todo sin limitación.

Esto es lo que afecta a la mente del gobernante, volviéndola propicia a los disparates expresados con la mayor de las seriedades. Que eso no llame la atención de las personas es algo realmente fascinante.

Post Scriptum

La información de esta columna es de dos reportajes de El Norte (29 julio 2014).

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