Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Disparidades de Ingresos
Eduardo García Gaspar
20 enero 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No tiene sentido que un futbolista gane más que un profesor de escuela. Le suplico comentar sobre esta injusticia”, un lector.

Tiene un inicio deportivo. El de los ingresos de deportistas. androjo

Se citan datos. Messi gana 40 millones. Ronaldo por allí. Federer mucho más.

Lo mismo va para artistas. Se citas nombres, Robert Downey Jr., Leonardo DiCaprio.

Se mencionan sueldos e ingresos millonarios.

El tema se prolonga con otras ideas. Hay taxistas que ganan más que un profesionista. Un diseñador gana poco más que un guardia de seguridad. Un mesero supera el ingreso de un auxiliar de contabilidad.

En resumen, el tema es uno de comparación de ingresos de personas. Llama la atención la disparidad de cifras y suele concluirse que hay algo raro en todo eso, algo incluso injusto, pero de seguro raro. Como una distorsión de lo esperado.

Sin embargo, la situación tiene gran sentido y es lógico que se tengan esas disparidades tan marcadas. Una manera de verlo es examinar los números de la oferta.

¿Cuántos jugadores de fútbol hay? Deben ser millones y de seguro su ingreso es bastante bajo o nulo. ¿Cuántos Messis hay? Uno y eso es una oferta realmente limitada. Un bien fuera de serie, extraordinario, vale mucho más.

Ahora, del lado de la demanda, ella es enorme. El fútbol tiene millones y millones en audiencias. Y si esos millones, o una parte de ellos, valoran a Messi, y no hay más que uno, el natural que Messi valga mucho. Perfectamente lógico.

Se lamentaba uno, “¡cómo es posible que los clubes paguen esas fortunas a los jugadores!”

No, los clubes no les pagan a los jugadores. Los que les pagan son los aficionados que ven los partidos. Cada uno de ellos da algo y como son millones, el club recibe el dinero y le paga al jugador más o menos proporcionalmente a lo que él aporta en número de aficionados.

Perfectamente natural. No hay gran sorpresa.

Es así que un profesor gana menos que Ronaldo y que Messi. Hay muchos maestros y profesores, pero solamente unas muy pocas estrellas de esa calidad. Peor aún, el sistema educativo no puede crear profesores estrella que se demanden más.

Un profesor puede dar clase al mismo tiempo a unos pocos solamente, mientras el jugador puede exhibirse ante millones al mismo tiempo. Y el sistema educativo, no permite realmente a los padres seleccionar al profesor y a veces ni a la escuela.

Otra faceta poco considerada es la del tiempo. Mientras que un recién graduado de ingeniería puede tener un ingreso similar al de un taxista, el ingreso de éste último tenderá a mantenerse igual en el tiempo, mientras que el del profesionista tenderá a elevarse con el tiempo.

Tome usted otro caso, el de los escritores. Solo un puñado de ellos tienen ingresos millonarios, como E. L. James en estos días. Pero escritores los hay por miles, la mayoría sin ingresos importantes, quizá nulos. Y esos ingresos los pagan los lectores de sus obras (la demanda por sus obras), no las editoriales.

La disparidad de ingresos es natural en nuestro mundo. Así funciona la realidad. Querer ir contra ella será una tarea imposible a la larga.

Y si se intenta, las consecuencias serán negativas. Piense usted, por ejemplo, en un gobierno que se obsesiona con la igualdad de ingreso, al estilo Obama.

Ese gobierno podrá intentar igualar ingresos, quizá elevando los impuestos de los mayores. Pasado cierto punto, quitará incentivos a ellos y se perderá lo que esa minoría produce, al menos una parte. El efecto neto es que una gran mayoría dejará de beneficiarse de lo que le daba la minoría de altos ingresos.

La cosa empeora porque los de más bajo ingreso recibirán algo del gobierno, sin esfuerzo, y ya no tendrán incentivos para hacer siquiera lo poco que hacían.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es apuntar el riesgo de las apariencias que mueven a las emociones y llevan a los impulsos irreflexivos. Ver la disparidad de ingresos entre Messi o algunos empresarios y el resto de las personas, especialmente los pobres, causa una fuerte impresión.

Hasta aquí no hay problema, es natural que así reaccionemos. Pero a partir de este punto, podemos tomar uno de dos caminos.

El del impulso irracional o el del análisis prudente. El impulso buscará el quitarle a unos para darle a otros, sin meditar en consecuencias. Esta es, desafortunadamente, una reacción común.

La alternativa del análisis prudente buscará primero explicar la situación, entenderla y, después de eso pensar en acciones posibles. Esta es, por desgracia, una reacción infrecuente.

Y es que en estos tiempos de demasiada televisión y poco seso, la emotividad atolondrada es un uso y costumbre de las políticas económicas. Los gobernantes de nuestros días son poco más que activistas sociales, con agendas propias y en busca de votos por cualquier medio

Post Scriptum

Hay una paradoja en este tema: la disparidad de ingresos produce un ingreso mayor en los segmentos más bajos, del que produciría la igualación de ingresos.

Incluso hay otra paradoja: las políticas de igualación de ingresos son las que producen la mayor brecha de ingresos, al hacer de los gobiernos los mayores acaparadores de riqueza puesta en pocas manos.

Véase Deportistas y Maestros.

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