Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación Sin Gobierno
Santos Mercado Reyes
24 marzo 2014
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


FORO DE CONSULTA NACIONAL PARA LA REVISIÓN DEL MODELO EDUCATIVO

Ponencia 4 SEPARAR EDUCACIÓN Y ESTADO

“Por la fuerza de la costumbre hacemos cosas que parecen buenas, pero son malas, muy malas. Ayer tuvimos que separar iglesia y Estado, hoy debemos separar Educación y Estado”

Desde la conquista nos malacostumbraron. El poder político centralizador de la Corona española estaba decidido a crear en la Nueva España una nación con estructuras políticas semejantes a la madre patria.

La Corona nombraba a todas las autoridades generales y locales. Prácticamente se gobernaba según fueran los dictados de los reyes de España. Se ordenaba o autorizaba la construcción de iglesias, palacios o nuevas poblaciones.

Nos acostumbraron a la subordinación política. Nadie podía ejercer su propio criterio.

En esta tesitura es que se forman las primeras instituciones educativas en México. La Real y Pontificia Universidad fue creada por decreto de las autoridades políticas y religiosa, igual que los seminarios y otras instituciones “para educar a los recién convertidos”.

Todo por decisión o permiso de la máxima autoridad.

Con la Revolución Mexicana se acentúa esta costumbre y, peor aún, se plasma en la Carta Magna que “el Estado es el responsable de educar al pueblo” (ESTADO EDUCADOR), se crea el monopolio educativo del Estado.

El gobierno se arroga el derecho exclusivo de dar educación laica, gratuita y obligatoria. Se funda la Secretaría de Educación Pública y con ello un amplio e insuficiente programa de alfabetización, construcción de escuelas primarias, secundarias, preparatorias, normales, universidades, tecnológicos, institutos de investigación, maestrías, doctorados.

Toda una intensa y raquítica labor estatal con un gasto enorme. Paralelamente se forman los sindicatos gigantes, costosos e inútiles de maestros. Toda esta actividad estatal parece normal, buena y necesaria. Normal, porque así lo han hecho otras naciones y en todo tiempo, incluidos los Estados Unidos de América, Francia, Inglaterra; buena, porque nadie puede negar la necesidad de tener un pueblo educado y necesaria para preservar y desarrollar las habilidades de la población.

Pero veamos cual ha sido el resultado del Estado Educador.

A cien años de iniciados los programas de alfabetización, tenemos muchos analfabetos. De cada cien niños que ingresan a la educación básica menos de tres terminan con un título universitario; solo el 30% de los graduados ejercen en lo que estudiaron; el costo por formar a un graduado en una universidad pública es superior si a ese graduado se le hubiera enviado Harvard University pagándole todos sus gastos; profesionistas desempleados, sin iniciativa emprendedora; escuelas conflictivas, huelgas, paros, marchas, bloqueos de carreteras, profesores guerrilleros, sindicalismo destructivo, desinterés por la enseñanza, investigación intrascendente y así se pueden seguir señalando vicios y enfermedades de un sistema educativo que se ha convertido en obstáculo para el desarrollo de México.

Es el fracaso rotundo del monopolio educativo del Estado.

¿Qué fue lo que hicimos mal?

Es necesario reconocer que fue un grave error haber dejado en manos del gobierno la educación del pueblo.

No había fundamento para pensar que la gente que llega el poder a sombrerazos y codazos se transforma en genios capaces de decidir lo que el pueblo debía aprender.

Aun cuando el gobierno hubiera reunido a los hombres más doctos para formular los planes y programas de estudio, era del todo inconveniente aplicarlos a todos por igual, pues se perdía diversidad.

El control estatal de la educación terminó por crear un monopolio educativo pues hasta las llamadas escuelas privadas tienen que aplicar los planes de gobierno.

La construcción del Estado Educador borró del mapa a la sociedad, a los individuos, a la iniciativa privada que pudieran aportar ideas mejores de cómo educar.

Además, la monopolización estatal de la educación fue acompañada de un gasto enorme de recursos que fácilmente se esfumaban por las manos de una burocracia insaciable.

Si fue un error haber dejado la educación en las manos de políticos y funcionarios del gobierno, ¿acaso habría sido mejor dejarla en manos de la iglesia?

Estoy convencido que un monopolio educativo eclesiástico no nos habría llevado a mejor puerto. Tampoco habría sido correcto haber dejado todas las escuelas y universidades en manos de Carlos Slim o de Bill Gates.

El quid es que la educación no debe ser monopolio de nadie, este es el centro de la discusión.

Mao Tse Tung decía, “que se abran mil flores y compitan cien escuelas de pensamiento” y aunque lo dijo un hombre malvado, son palabras correctas.

El mejor sistema educativo es el que permite que se expresen todas las ideas, corrientes de pensamiento, enfoques, teorías y visiones del mundo y esto nunca se logra con los monopolios y menos con el control del estado. Se debe permitir y fomentar la libre competencia educativa.

Retirar las manos del Estado requiere una propuesta mejor a lo que hay con el fin de garantizar un sistema sustancialmente mejor. No se trata de eliminar físicamente todas las escuelas y universidades del país, sería del todo insensato.

PROPUESTA

Es necesario, urgente y pertinente separar educación y estado. Ningún gobierno debe tener escuelas, ni formar planes, ni pagar a profesores, ni dar para mantenimiento del plantel, ni decir quién tiene derecho de estudiar y quien no, ni debe dar títulos o grados académicos.

No es papel del Estado todo esto. Propongo las siguientes políticas:

1. Todas las escuelas de gobierno se deben vender, de preferencia a los profesores que allí laboran.

2. En educación básica, aplicar el SISTEMA DEL VOUCHER a los alumnos cuyas familias no pueden pagar la colegiatura. Es subsidio directo al alumno para que pague la colegiatura en la escuela que elija.

3. Ninguna escuela o universidad debe recibir subsidios directos del gobierno.

4. Cada escuela debe gozar de autonomía total para decidir los planes y programas de estudio y para distribuir en sueldos y salarios lo que reciben del alumno por concepto de colegiaturas.

5. Cada escuela debe decidir las contrataciones de personal académico y administrativo.

6. Se deben dar todas las facilidades para abrir nuevas escuelas privadas, aun en el garaje de una casa.

7. Toda escuela y/o universidad debe estar exenta de pagar impuestos. Los ingresos de los profesores también deben estar exentos de impuestos.

Con estas políticas se rompería el monopolio estatal de la educación, florecerían diversas culturas y se crearían espontáneamente tantas escuelas como se necesiten.

Además, los alumnos recibirían educación de calidad en virtud de la sana competencia entre instituciones y, por primera vez, los recursos públicos se estarían usando de manera más eficiente.

Nota del Editor

El autor, Santos Mercado Reyes es profesor investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana

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