Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Egoísmo e Incentivos
Eduardo García Gaspar
25 febrero 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Está en la naturaleza humana. Es imposible de erradicar. androjo

Unos pocos lo dominan casi totalmente.

La mayoría sucumbe a él muchas veces, algunos casi siempre. Me refiero al egoísmo destructivo.

Ese que busca beneficiarse a sí mismo a costa del daño a otro.

En términos más modernos, se hablaría de un juego de suma cero, como el póquer. Lo que uno gana, el otro por necesidad pierde.

No puede haber en esta circunstancia una ganancia mutua simultánea. Esto, llevado a los tratos entre personas, es el egoísmo destructivo.

Egoísmo dañino, como el del ladrón que gana el contenido de una billetera a cambio de la pérdida que sufre su propietario. Uno gana lo que el otro pierde. La causa está en la naturaleza humana imperfecta que comete actos indebidos.

El asunto se pone interesante y bien vale una segunda opinión cuando reconocemos que es una misión imposible pensar en la erradicación del egoísmo en las personas. Suponer, por ejemplo, que puede tenerse un gobierno con personas enteramente sacrificadas al bienestar ajeno, es una hipótesis tonta.

Sin dejar de ser egoístas, es decir, de buscar primero el bien personal, el problema es intentar quitar el factor destructivo al egoísmo. Retirar el elemento del daño al otro.

Es un reto interesante el intentar crear algo que reconozca al egoísmo imposible de hacer desaparecer del todo y, al mismo tiempo, reduzca notablemente el daño a terceros.

El resto es fascinante. Se trata de encontrar un modo que reconozca la realidad, es decir, la imposibilidad de hacer desaparecer el deseo personal de tener beneficios y pueda simultáneamente, minimizar el quebranto que se cause en los demás.

En términos modernos se trata de encontrar un juego de suma positiva. Algo en el que las personas ganen al tratarse una con la otra. O al menos, una gane sin que la otra pierda. ¿Cómo lograr esto?

Una buena fuente para encontrar la solución es la Economía, una ciencia muy conocedora de los incentivos.

¿Qué incentivo podría crearse para que una persona fuera motivada a actuar buscando su beneficio y, al mismo tiempo, incluso sin quererlo, hiciera algo que beneficiara a otro? No es una tarea sencilla partir de cero e inventar ese incentivo de la nada.

Afortunadamente no tenemos que devanarnos los sesos para diseñarlo desde cero. Los economistas han dado una respuesta fantástica: crear un incentivo de tal naturaleza que haga posible beneficiarse a uno mismo por medio del servir a los demás.

Cuanto más y mejor se sirve al resto, más y más me beneficio a mí mismo.

¿Suena demasiado idealista y utópico un sistema así? ¿Es imposible de crear, implantar y hacer que funcione?

Al contrario, lo tenemos bajo nuestras narices a diario, aunque no nos demos cuenta de ello. Lo vive mi dentista y el de usted, el supermercado al que vamos, los restaurantes donde comemos, los fabricantes de la cerveza que bebemos. Y es tan fantástico que se parece a la salud de nuestros cuerpos, hasta que no la perdemos no nos damos cuenta que la tuvimos.

El sistema que no hace desaparecer al egoísmo, pero lo convierte en un incentivo que beneficia a otros, funciona con simpleza. Una persona, cualquiera que sea, quiere vivir mejor, busca su beneficio, y nadie se lo impide, siempre que lo pueda hacer beneficiando a otros. El sistema funciona siempre que se deje a todos hacer lo mismo al mismo tiempo.

Si hay varios que ofrecen servicios de dentistas, o que venden cervezas, o que tienen restaurantes, el beneficio que ellos tengan dependerá de la calidad de sus productos y servicios entre los que el resto seleccionará el que más le convenga. Cuanto más personas los seleccionen, más ganará él, pero también los demás.

Todo por cambiar el incentivo y hacerlo disponible a todos. El que quiera que ponga un restaurante y si no quiere, que haga otra cosa, sin que nadie tenga exclusividad de nada. Todos pueden abrir el negocio que deseen, fabricar lo que quieran, poner el precio que se les antoje. Y, ya está, el egoísmo natural de las personas se convertirá en una fuerza que beneficiará al resto.

El sistema tiene sus ventajas. Primero, no sueña con imposibles como el suponer que las personas dejen de ser totalmente egoístas. Segundo, es consistente con las libertades humanas al dejar que todos tengan posibilidad de buscar las oportunidades que más deseen, de producir, vender y comprar. Tercero, respeta la igualdad intrínseca de las personas, al prohibir exclusividad.

No será un arreglo perfecto y sin defectos, los tendrá, pero minimizará las ocasiones de suma cero de beneficios y ampliará las situaciones de suma positiva. No está nada mal el invento y tiene su nombre, se llama mercado libre o libre competencia, o como usted quiera llamarle.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Incentivos.

Por supuesto, ese sistema que sublima al egoísmo está contenido en las ideas de la mano invisible de A. Smith (1723-1790) y en las de F. Bastiat (1801-1850) sobre la competencia, amén de otros.

El sistema me parece realmente admirable. Muestra una bondadosa relación entre la libertad humana y el beneficio material que así se logra. Es decir, si se limita la libertad económica, disminuirán los beneficios que con ella se lograrían. Esto es un problema de diseño mismo que tiene el intervencionismo económico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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