Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Día de la Felicidad
Eduardo García Gaspar
2 abril 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La felicidad puede tener significados diferentes para cada persona, pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que su logro implica trabajar para poner fin a los conflictos, la pobreza y otras circunstancias desafortunadas en las que viven tantos de nuestros semejantes”. Ban Ki-moon

Tiene su colorido y tradición. Es parte de un cierto costumbrismo. androjo

De lo típico y esperado. Es eso de crear días internacionales de algo.

Sea del agua, de la paz, del no fumar, de la mujer, del niño, del glaucoma, de la marioneta, del beso… lo que a usted se le ocurra.

El día 20 de marzo, por ejemplo, fue el día mundial de la felicidad. Fue la ocasión que hizo al secretario general de la ONU escribir la cita inicial.

Eso no es todo, hay mucho más y es realmente notable.

En la página de la ONU se dice que “La búsqueda de la felicidad es una meta fundamental” y a lo que añade:

El mundo necesita «un nuevo paradigma económico» que reconozca «la paridad de los tres pilares del desarrollo sostenible», el social, el económico y el medioambiental porque, como ha señalado el Secretario General, Ban Ki-moon, «juntos definen nuestra felicidad global».

Eso se dijo en el lugar más obvio para hacerlo: Bután, donde gobierna Jigme Dorji Wangchuck, el rey. Y donde desde los años 70 se retiró la medición del PIB y de adoptó la medición de la felicidad.

¿Una locura? No de acuerdo con gobiernos en Francia y el Reino Unido, también en la UE y, no podía faltar, la ONU.

El tema bien vale una segunda opinión. Comencemos examinando sus facetas.

Primero, la definición. El punto es simple: no hay una definición de felicidad universalmente aceptada. Esto es lo que hace que ninguna de ellas pueda ser tomada como modelo para ser implantada.

Lo que para uno es un paraíso, para otro es un infierno. Haga la prueba y pregunte a sus amigos sobre su idea de la felicidad. Cada persona tiene su propia idea y, peor aún, ella es cambiante y multidimensional.

Segundo, la medición. Aceptemos, sabiendo que es es falso, que existiera una definición universal de felicidad y, lo más extremo, que la felicidad sea igual para todos.

Aún así queda un problema de medición. ¿Puede medirse de la misma manera que se mide el PIB? Realmente no. La razón es la imposibilidad de cuantificar la percepción de felicidad propia. Inténtelo usted hacer en su caso propio y verá que no se puede.

Tercero, el terror. Esto es el miedo que provoca en cualquier mente el saber que gobiernos y organismos internacionales se preocupan por hacerme feliz. No lo lograrán de seguro y, si lo intentan, me harán infeliz de seguro.

Querer hacer felices a los ciudadanos es la posición moral que arranca a todo régimen totalitario. Recuerde a Pol Pot y a Mao buscando la felicidad de la gente, o a la URSS, a Chávez, a Castro.

En otras palabras, no está mal hablar de felicidad, ni de intentar lograrla. Pero de allí no se concluye que otro defina la felicidad ajena, mucho menos que un gobierno busque y mida la felicidad de su pueblo.

Una vez aclarado lo anterior y lanzado el aviso de peligro totalitario, conviene ver algunas consideraciones sobre el tema. Una de ellas es particularmente llamativa.

“Las personas generalmente adoptan como propio el error hecho por la mayoría de los filósofos —que la felicidad es un estado psicológico y no uno ético, es decir, la calidad de una vida moralmente buena”. Adler, M. J. (1987). Ten philosophical mistakes. New York: Collier Books.

La observación es mucho más de lo que aparenta. Como un estado mental, la felicidad para unos podría ser vivir en un harem, aunque para otros sería el infierno. No hay manera objetiva de definirla. En cambio, sí puede serlo la felicidad como vida ética.

También, casi todos estarán de acuerdo, la felicidad es una meta a la que se aspira. Como una especie de situación futura e ideal y que no tiene una certeza de ser realmente lograda en esta vida al menos. Es algo que se ambiciona. Algo que no se recibe gratis y requiere esfuerzo para merecerla.

Finalmente, hay una idea que ubica la responsabilidad de los gobiernos en este tema. ¿Deben ellos responsabilizarse de la felicidad de los ciudadanos? Claramente no. Si llegan a hacerlo violarán a toda la naturaleza humana.

Pero sí tienen una manera de colaborar significativamente a la felicidad de las personas: creando y logrando un ambiente de paz y orden dentro del que las personas tengan mayor probabilidad de llegar al máximo de la felicidad que ellas han determinado para sí mismas.

En otras palabras, usted y yo nos hacemos responsables de nuestra felicidad personal sin que nadie venga a imponernos su idea de felicidad. Y de los gobiernos esperamos solamente que no nos estorben y que, también, se dediquen a gobernar que es hacer que se respeten nuestras libertades y propiedades.

Por mi parte, ahora que ha acabado esto, tendré que celebrar el Día Internacional de la Cerveza, que es el 5 de agosto, pero que adelantaré unos meses.

Post Scriptum

La lista de esos días mundiales está en http://www.diainternacionalde.com/index.php?MesConsulta=4.

Para más detalle de las mediciones de la felicidad, véase Charlatanería Política.

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