Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Error de lo Colectivo
Eduardo García Gaspar
18 junio 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Es una realidad. No hay otra opción que aceptarla. androjo

Se refiere a la sociedad. A ella y a su complejidad. Igual que a su fragilidad.

Un gran número de personas unidas por las relaciones entre ellas.

Relaciones que son innumerables y, sobre todo, difíciles de ver.

La persona A realiza una acción cualquiera en este momento. Lo hace porque piensa que así obtendrá un beneficio.

Esto sucede cada instante del día. Por ejemplo, ella prende la radio para escuchar música a todo volumen. Eso quiere, eso hace y le representa un beneficio.

La persona B, que vive a poca distancia entonces tiene una molestia, la de escuchar la música de A a la que detesta. Hay un beneficio para A. Hay un daño para B.

Podemos concluir: nuestras acciones tienen efectos en los otros.

Es inevitable. Pueden ser efectos negativos, pero también positivos. Las acciones que algunas personas realizan para abrir un comercio cerca de mi casa, son de ese tipo: me beneficiarán a mí por tener una tienda más cercana. Más aún, beneficiarán a sus propietarios, dándoles ganancias monetarias.

Podemos concluir: las acciones de las personas, buscando su beneficio, tienen efectos en terceros. Algunos beneficios pueden ser positivos, otros pueden ser negativos.

Posiblemente estén ambos mezclados, por ejemplo, el beneficio que recibo de la tienda puede incluir también el daño por un aumento del tránsito de autos que van a esa tienda, frente a mi casa.

Con cada persona realizando decenas de acciones diarias, en una afectación mutua, podemos imaginar la complejidad de la sociedad y la red de causas-efectos y efectos-causas, que se crea.

Algo en extremo complejo. Y, además, algo que es especialmente importante para actos de gobierno.

Si el gobernante no considera esa complejidad de relaciones entre personas, no podrá gobernar bien. Sus actos de gobierno tendrán consecuencias dañinas en las personas, sus gobernados. Los gobiernos deben ver el costo/daño que sus actos imponen en la gente.

Por ejemplo, una complicada ley de impuestos impone costos adicionales a los del pago de impuestos: los de respetar esa complicación y falta de claridad de la ley. O bien, los impuestos adicionales a refrescos con azúcar en México, destinados a evitar obesidad, castigan también a los que consumen esos refrescos y no tienen problemas de obesidad.

El punto central es reconocer que las acciones de las personas tienen efectos en los demás. Esos efectos pueden ser buenos y malos. Son malos cuando imponen daños a otros.

Un caso clásico es el de la contaminación de una fábrica, ensucia el aire que respiran quienes viven cerca. Esto se llama externalidad: el actor realiza una acción como producir y en la que no se incluyen los costos totales (falta el costo del aire sucio que sufren los demás).

También, un conductor bebido en su auto impone un costo entre quienes circulan cerca de él: la mayor probabilidad de ser dañados por un percance ocasionado por el borracho. Una ley que castiga esto es igual a hacer que el conductor pague por el costo de conducir así.

La idea puede resumirse en la noción de hacer que se internalice la externalidad. Que quien cause el daño en otros pague por ese daño. Por ejemplo, el vecino ruidoso deberá bajar el volumen de su música (ése es su costo).

La cosa, sin embargo, es más compleja. Por ejemplo, la invención de un mejor método para vender música, digamos al estilo de iTunes de Apple. Eso tiene efectos en los demás.

Los beneficios son fáciles de ver, pero también tiene efectos negativos: las tiendas de discos enfrentarán nueva competencia y algunas cerrarán. Se perderán algunos empleos.

Resultaría absurdo que el generador de la innovación tuvieran que internalizar el costo del daño que le produce a competidores. De todas maneras, es obvio que el nuevo sistema de venta de música causará una mezcla de daños y beneficios, directos en indirectos.

No pretendo examinar más esa complejidad, sino simplemente apuntar que ella existe, que es real y que ignorarla es equivocado. Conduce a situaciones que pueden producir daños severos.

Un ejemplo clásico, la Prohibición. Queriendo producir un gran bien, produjo un gran mal. No consideró la complejidad de la sociedad.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es eso precisamente, el que con frecuencia se olvida la complejidad de la sociedad.

Cuando se piensa que ella es simple y con una variable puede ser manipulada, entonces comienzan los problemas. Como cuando se aumenta el gasto público para dinamizar a la economía.

Y creo que eso sucede cuando en lugar de ver personas se ven colectividades y grupos, cuando lo que existe en realidad es algo más complejo: miles, millones de “yos” que se relacionan unos con otros de millones de maneras y cuyo producto es en extremo complejo.

Esta es la razón por la que deben verse siempre con sospecha las nociones sociales que se fundamente en relaciones entre colectividades. Lo más probable es que sean simplificaciones equivocadas.

Post Scriptum

A lo que me refiero en concreto es a lo equivocada que es la idea de dividir a la sociedad en grupos y a partir de allí tratar de entenderla: un ejemplo notable es el de la lucha de clases y sus secuelas. La única manera de entender a la sociedad es verla formada por personas, una por una.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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