Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Hosco Compulsivo
Eduardo García Gaspar
3 julio 2014
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá sea un síndrome. Una serie de síntomas presentados al mismo tiempo.androjo

Un cuadro general de algo fuera de la normalidad.

Al mismo tiempo hace generalizaciones atrevidas que expresa juicios negativos que ignora la realidad.

Lo exhibió muy bien una persona no hace mucho.

En este caso, ella hablaba de los abusos de algunos sacerdotes católicos, pero el síndrome es aplicable a muchos otros temas en los que algunas personas muestran este síndrome.

Lo podemos llamar el del hosco compulsivo.

El síndrome consiste en una posición personal extrema y negativa sostenida sobre una generalización exagerada que tiene solo evidencias parciales.

En el caso de esa persona, los abusos de esos sacerdotes y nada más que eso, le justificaban sostener que todo el Catolicismo debía desaparecer.

Otros temas que suelen recibir el mismo tratamiento son el neoliberalismo y la Inquisición, el feminismo, más otros, en los que algunas personas sufren eso del hosco compulsivo.

Hay otros casos, como el de la discusión ciencia versus religión y de la Ecología.

El hosco compulsivo tiene como rasgo central su posición negativa desmesurada. Por ejemplo, “toda religión debe ser prohibida”, o “lo que no es ciencia es superstición”, o “el neoliberalismo es la causa única de la pobreza”.

Es una posición que ha declarado a un enemigo y lo ataca hasta su desaparición.

Hasta aquí, el síndrome del hosco extremo poco tiene de interesante y se encuentra con cierta frecuencia entre personas que tienden a lo desmedido. Lo que completa el síndrome es otro síntoma, el de la generalización absoluta basada en evidencias parciales.

Regreso al caso de esa persona y sus opiniones, entre las que mencionó que “si se prohibiera a la religión, las guerras terminarían”.

Un buen ejemplo que muestra un rasgo del síndrome: sus opiniones tienen un poco de verdad, pero ignoran información adicional sustancial. Sí, ha habido guerras religiosas, pero claramente muchas otras no han tenido motivos religiosos.

Es como una generalización que ciega a la razón. Impide, por ejemplo, preguntar cuántos sacerdotes católicos cometieron esos abusos en proporción al total (y si hay otras instituciones en las que esa proporción sea mayor o menor).

Esto tiene un nombre, se llama atención selectiva.

El hosco compulsivo sufre de atención selectiva: considera solo la información que da apoyo a su opinión e ignora la que va en su contra. Incluso reintepreta lo que lo contradice, para comprenderlo a su modo. El racista es un ejemplo clásico de esto.

No hay que confundir al hosco compulsivo con quien tiene creencias arraigadas. En la superficie pueden parecer similares, pero entre ellos pueden diferenciarse dependiendo de la aceptación de datos, evidencias y razonamientos.

Pongo otro ejemplo, el de un católico que sufre del síndrome del hosco compulsivo. Para él, todo lo dicho por su Iglesia es inapelable, imposible de discutir, como si fuese todo la verdad revelada. Una posición curiosa en una religión que tiene una tradición intelectual y filosófica de siglos.

Para esta persona, la exhortación papal de Francisco, la Evangelli Gaudium no podía ser siquiera analizada. Cualquier examen era anatema para él cuando intenté hacerlo.

Igual me suele suceder con quienes suponen que los humanos son iguales a los primates porque tenemos un DNA casi idéntico.

No estoy seguro totalmente, pero el síndrome del hosco compulsivo se da muy marcadamente en personas que poco conocen del tema del que opinan. Una vez, una de ellas expresó sus opiniones negativas extremas sobre el Catolicismo por causa de la Inquisición en América (nunca había leído un libro sobre el tema, supimos luego).

Pero no solamente esas personas son hoscas compulsivas, también hay buena cantidad de casos en ciertas comunidades académicas. Los científicos que han tomado como artículo de fe al calentamiento global son son ejemplo. Una instancia curiosa para un tipo de gente que se presupone busca la verdad con evidencias.

Pero seguramente el clímax de este síndrome se encuentra muy marcadamente en las comunidades políticas, las de gobernantes y partidos que han adoptado una ideología como artículo de fe incuestionable.

Los más representativos eran los marxistas de hace tiempo, esos que solían atacar a sus opositores diciéndoles que sus mentes estaba afectadas por sus intereses de clase (como si la suya no lo estuviese también).

En estos tiempos, los ambientalistas, algunos de ellos, suelen padecer el síndrome, muy bien ilustrado por la imposibilidad de tener una discusión razonable que admita otras evidencias y pruebas. Algunas feministas sufren de lo mismo.

Las generaciones actuales suelen sentirse superiores a las anteriores. Se creen más abiertas, más conocedoras y mejores. Siento decir que no. La burla del oscurantismo de la Edad Media no está justificada. El hosco compulsivo es buena prueba de la dificultad moderna para difundir el conocimiento.

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