Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Nuevo Juez Neutral
Eduardo García Gaspar
13 junio 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un objeto de alabanza. Una especie de ideal exaltado. androjo

Un punto juzgado como óptimo.

Lo podemos llamar neutralidad, objetividad, imparcialidad y cosas como ésas.

Es una posición juzgada como superior: esa parte en el medio y que puede juzgar a los demás.

Uno de los rasgos de lo políticamente correcto en nuestros días, esto es algo que bien vale una segunda opinión.

La primera consideración es la neutralidad misma y si ella es posible. La entendemos como una posición que no se inclina a favor ni en contra de opiniones opuestas que se colocan frente a la persona. Es un no tomar partido, un quedarse fuera de las alternativas presentadas.

¿Es posible permanecer totalmente neutral? Realmente no. Permanecer neutral es estar a favor de algo, la neutralidad. Querer ser objetivo es inclinarse a favor de lo objetivo. Desear ser imparcial es preferir la imparcialidad.

Pocas posibilidades existen de ser neutral ante algo, excepto por la posibilidad de permanecer totalmente indiferente ante la situación confrontada y eso, al final de cuentas, significa preferir la indiferencia (lo que ya no es realmente neutral).

Pero no importa esa dificultad lógica de las opiniones que buscan la neutralidad, ella se considera un punto medio sano entre dos posiciones opuestas y a las que considera posible juzgar desde una posición superior, moralmente más elevada.

Tome usted, por ejemplo, las opiniones opuestas entre creyentes y ateos. Quien adopte esa posición de neutralidad frente a esos dos grupos, llegará a sentirse un negociador de acuerdos, alguien capaz de no inclinarse por ninguna de esas dos opiniones.

O, también, vea las opiniones de los liberales y las de los socialistas, muy opuestas entre sí. La posición que quiere ser neutral se coloca en medio de ambas y adopta un lugar superior, como el de un juez que parte de la idea de no dar razón a ninguna de las partes.

Y llego así al punto que he querido descubrir en lo políticamente correcto: la neutralidad llega a significar no dar la razón a ninguna de las partes que tienen opiniones distintas.

Es la posición del que se considera superior a las partes en conflicto, frente a las que presume de neutralidad. Como un juez desinteresado y justo que enfrenta a seres inferiores.

Es cuando se ponen las cosas interesantes porque ese juez queriendo ser neutralmente superior termina emitiendo juicios que siguen sus propios criterios. Deja de ser realmente neutral (es imposible serlo) y juzga de acuerdo con sus criterios, a los que evalúa como superiores.

En su papel de juez neutral superior anda en busca continua de opiniones conflictivas, de situaciones de confrontación, en las que entra a participar como el recurso superior que puede arreglar los problemas.

Este es el papel que, mucho me temo, han adoptado los gobiernos de nuestros tiempos. Han sido transformados en jueces superiores de conflictos que ellos ven en todas partes, generalmente bajo el formato de opresores-oprimidos.

Y se convierten en agencia y juez de alivios y soluciones sociales entre grupos en conflicto. Siempre en ese papel de juez superior, neutral, que tiene la capacidad de juzgar todo, encontrando la solución ideal.

Esto es lo que hace a los gobiernos entenderse como un juez entre obreros y patrones, entre mujeres y hombres, entre heterosexuales y homosexuales y demás grupos antagónicos que pueden encontrarse.

El cambio es realmente notable. En su sentido ortodoxo y tradicional, un gobierno aplica la ley, manteniendo el orden, respetando libertades y defendiendo a personas individuales de ataques indebidos. Todo su enfoque es personal, enfatizando la defensa de los ciudadanos y sus libertades.

En el sentido actual, un gobierno es una agencia de solución de conflictos entre grupos, justificada por su supuesta neutralidad ante ellos. Todo el enfoque es colectivo, enfatizando la resolución de todo conflicto de acuerdo con las ideas del gobernante.

Y, por supuesto, la neutralidad aparente resulta en la imposición de las ideas del gobernante, de su ideología, la que suele ser el entenderse como un salvador social responsable de aliviar todo posible sufrimiento social.

Y esa posición de salvador social se adopta considerándola superior al resto de las opiniones sostenidas por otros (que en realidad no saben lo que les conviene).

Esto es lo que hace surgir al estado de bienestar y al intervencionismo moral, pero sobre todo a opiniones políticamente correctas, las que coinciden con el modo de pensar del juez superior y neutro.

Post Scriptum

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