Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Papa y el Progresista
Leonardo Girondella Mora
14 mayo 2014
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Es tendencia humana el persuadir a otros del pensamiento propio —buscar que los demás concuerden con las opiniones propias, en política, economía y. sobre todo, en asuntos morales y religiosos.

Para mostrar las facetas de esa tendencia tomo como muestra una columna reciente (Josefina Leroux, La Iglesia y sus circunstancias, El Norte 17 abril 2014).

Ella ilustra una manifestación característica del pensamiento progresista en un caso muy clásico: el deseo y el ansia de anhelar que la Iglesia Católica de transforme a modo de que ella coincida con el pensamiento progresista.

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Al comienzo de la columna se dice que,

La Iglesia (católica, apostólica y romana) está cambiando, adaptándose a las realidades del siglo 21, aunque sus viejos representantes se muestren aferrados a sus verdades absolutistas.

El motivo de la afirmación y otras similares es casi siempre algo que el Papa en turno ha dicho o hecho —en este caso, Francisco y una homilía del 10 de abril sobre el “pensamiento único”.

No pongo atención en el motivo específico, sino en el fenómeno general —el de buscar y encontrar cosas que puedan interpretarse como señales de cambio de la Iglesia: “nuevas formas de la Iglesia, rendijas al fin de estar bajando de las alturas al mundo real”.

En este caso, por ejemplo, la idea del “pensamiento único” se interpreta a favor de la opinión de la columnista, en clara oposición al significado que le dio Francisco —pero no importa eso, sino el que pueda verse allí una señal de cambio.

El Papa se percibe como el agente de cambio cuyas órdenes no se obedecen:

Pero, ¿cómo se reciben esta apertura y los cambios del nuevo Papa? … mi instinto de psicóloga me incita a pensar que no hay una aceptación al Papa Francisco, al Papa negro, al Papa jesuita, ni a sus propuestas, y la Jerarquía y sus subordinados optan en libertad de expresarlo simbólicamente.

El riesgo de la libertad es que puede aplicarse en contra de quien la permite. Lo que sea, hasta un cisma de la Iglesia es bienvenido. Sólo así podría evolucionar.

Buena o mala la calidad del razonamiento para justificar esa opinión, no importa para apuntar su estructura:

— Acciones y dichos del Papa, interpretados como señales de cambio en la Iglesia Católica por parte de mentalidades progresistas.

— Calificación positiva de esas señales de cambio que llevarían a la Iglesia a coincidir con el progresismo.

— Congratulaciones generales sobre el acomodo final de la Iglesia a los tiempos actuales —expresadas como evolución, modernización, actualización, reformación, o cualquier otro concepto similar.

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En lo que sigue apunto ideas sobre la visión limitada de opiniones como la anterior.

• Considerar al Papa como un personaje político, similar a un presidente, es erróneo. Un presidente puede cambiar drásticamente las políticas de su gobierno —el Papa no tiene esas facultades y no puede ser visto como el elegido de un nuevo gobierno.

• El Papa es claramente un sucesor de una línea papal que se remonta a San Pedro y tiene un papel central: ser la cabeza de la Iglesia que custodia la palabra de Dios a partir de las Sagradas Escrituras y la tradición interpretativa.

• Aunque cada Papa tiene su personalidad propia, más la imagen creada por los medios, esto no puede ser la base para entender a la Iglesia Católica —menos aún, cuando se anhela que ella coincida con las opiniones propias, y eso ocasione interpretaciones fallidas.

• Si no se entiende a esa iglesia, a su esencia y papel, solo se verán incidentes superficiales que poco o nada significan. No podrá existir una visión realista cuando se pone atención exclusiva en hechos y dichos personales, y preseleccionados, de un Papa.

El error de esa columna y de otras opiniones como ellas es primitivo: creer que la personalidad de un Papa lo es todo en la Iglesia Católica. Pensando así se comete el error de buscar e interpretar todo lo que haga y diga a la luz de las opiniones propias —lo que empeora gracias al ansia desmedida de querer que esa iglesia coincida con lo que piensa el progresista.

Finalmente, es un fenómeno común que la Iglesia Católica desilusione a muchos, en el sentido de no coincidir con lo que alguien piensa —sea conservador o progresista, socialista o liberal.

Su papel como custodio de la palabra de Dios hace imposible que la Iglesia puede ser evaluada bajo los mismos parámetros con los que se evalúa a un gobierno —un punto que puede ser comprendido por creyentes y no creyentes.

Nada sería tan agradable para un progresista que el Papa coincidiera con sus ideas —y él va a ver y entender todo a la luz de ese deseo, distorsionando si es preciso la realidad y olvidando comprender qué es la Iglesia.

Nota del Editor

La idea de Girondella, me parece, pone sobre la mesa una de las fallas comunes en los medios noticiosos. Acostumbrados a moverse en terrenos de política y gobierno, celebridades y personalidades, ellos presuponen que la Iglesia Católica puede ser comprendida de la misma manera.

Esto es lo que ocasiona que las noticias del Papa sean tratadas como las de un presidente cualquiera, o una celebridad, olvidando el tipo de institución de la que es cabeza.

En la columna A Soul for All Seasons de George Weigel (WSJ, 21abril 2014) describe esto con gran claridad:

In a March 1996 conversation, Pope John Paul II told me, almost wistfully, “They try to understand me from the outside, but I can only be understood from inside.” His tone that evening was less critical than it was bemused, even resigned. But whether his regrets involved biographers who treated him as a globe-trotting politician or journalists who parsed his every word and deed in conventional left-right categories, the view from outside, he knew, was not going to get anyone close to the essence of Karol Wojtyła.

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