Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Riesgo Del Simio
Eduardo García Gaspar
4 diciembre 2014
Sección: CIENCIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea flota por todas partes. Se repite, incluso con gozo.androjo

Como si se tratara de un gran descubrimiento.

Un descubrimiento científico que todo lo cambia.

Y en efecto, todo lo puede cambiar si le hacemos caso.

Me refiero a esa idea de que el ser humano es poco más que un simio. Lo que suele justificarse con la escasa diferencia de ADN entre un simio y un ser humano.

La base de la conclusión es muy directa: si la diferencia de ADN entre ambos es de 2 o 3%, entonces lo que haga un simio resulta natural en el humano.

El razonamiento es curioso porque podría ser al revés y concluir que entonces lo que haga el humano debería esperarse del simio.

Si el humano construye iPads, la pregunta sería porqué el simio no lo hace. En su lugar se hace una pregunta inversa, si el simio es promiscuo por qué no también deba serlo el humano.

Con independencia de esa curiosidad en la conclusión basada en el ADN, se tiene también otra idea similar. En estudios del cerebro, la ciencia descubre reacciones químicas y eléctricas que, se dice, explican, sentimientos, amor y otras reacciones humanas.

De allí, se deduce algo similar: los humanos no somos más que una biología que poco a poco se explica con nuevos descubrimientos de reacciones químicas y corporales, todas ellas producto de adaptaciones corporales evolutivas.

El tema es fascinante, especialmente considerando que esos adelantos científicos son reales, pero que sus conclusiones contienen errores fundamentales. Y, peor todavía, implican un riesgo severo para nuestra civilización.

Este riesgo ha sido explicado muy bien:

“Cuando el simio aspirante cesa de pensar en él como un ángel caído, quizás él inevitablemente se resigne a ser un simio, y entonces contento con su destino, incluso últimamente goce de que el universo demande poco más de él que la satisfacción de un simio”.

Aparte de los argumentos que pueden esgrimirse en contra de la definición de un humano como un objeto que puede ser descrito integralmente por la ciencia, olvidando que también el humano es un sujeto, quiero concentrarme en ese riesgo.

El riesgo es ese precisamente, el de un descenso en las aspiraciones humanas, ese contento que produciría un mundo en el que al humano se le pide no gran cosa más que ajustar su conducta a la de un simio. Es el peligro del júbilo que se encuentra en la pérdida de exigencias personales, en la placidez de satisfacerse con lo que sea.

Piense usted en una posibilidad en política. Cuál de esas dos posibilidades preferirá el gobernante, tener como ciudadano, al simio que es feliz siéndolo, o al humano que siente insatisfacción y aspira a ser feliz.

Quizá esa sea la distinción mayor entre una postura y la otra. Algo que parece una paradoja y que hace preferible a la infelicidad del humano-humano a la felicidad del humano-simio.

La felicidad de este último radica en esa escasa o nula exigencia que se le hace, no mucho mayor de la que se le pediría a un simio. Es la felicidad de la pasividad y del poco imperativo: no más allá de 2 o 3% más que el simio. Un regocijo derivado de una existencia con requisitos mínimos.

Para el humano-simio, objeto capaz de ser descrito totalmente por la ciencia, como un cuerpo dominado por la química y la física, la única posibilidad de felicidad es el contento de mantenerse como los describe la ciencia. No puede hacer más que eso. No debe hacerlo porque ir más allá sería antinatural.

El humano-humano, el que se entiende como mucho más que un objeto de curiosidad científica, por el contrario encuentra su razón de ser en su propia infelicidad, su descontento e insatisfacción. Sabiéndose un sujeto y no un objeto, aspira, quiere, anhela y ansía. Su disposición es activa. Quiere mejorar.

Es perder esa infelicidad lo que nos llevaría a ser humanos contentos con ser ligeramente superiores al simio. Es aparentemente contradictorio, pero es cierto que en nuestro descontento podemos encontrar nuestra naturaleza real, la de ser sujetos capaces de reconocer que existen “yos” y “tús”, distintos.

Ese es el riesgo al que me refiero, el de perder el sentido de la infelicidad, del descontento y la desdicha. Sin ese sentido, se perdería también el sentido de sus opuestos.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizá también:

Del ADN al Más Allá

Sexo por ADN

La noción cristiana del ángel caído es una buena forma de comprender esta idea del humano que aspira a ser más porque sabe que puede serlo.

La cita es de Hart, D. B. (2009). Atheist Delusions: The Christian Revolution and Its Fashionable Enemies. Yale University Press.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras