Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ese Sujeto, La Sociedad
Eduardo García Gaspar
17 julio 2014
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Como sociedad debemos descubrir cómo desalentar conductas como el abuso del alcohol (twitter)… Como sociedad debemos preocuparnos por cuidar nuestro entorno y el lugar donde habitamos (facebook)… Debemos organizarnos como sociedad para garantizar nuestro derecho a una alimentación libre de transgénicos (facebook)

Ha adquirido una personalidad propia. androjo

Tiene una connotación separada e individual.

Se le reconoce como un sujeto independiente. Le decimos “sociedad”.

Es parte del lenguaje normal, especialmente del político y económico.

K. Minogue (1930-2013) ilustra bien el curioso fenómeno con frases muy usadas. “Pagar su deuda con la sociedad”, se dice de los reos que cumplen su condena.

Se habla de “afrentas a la sociedad”, cuando se trata de problemas como pobreza, criminalidad y todo eso que disgusta.

Incluso se habla de “fallas de la sociedad”, cuando se encuentra una incidencia que horroriza, como un tiroteo en una escuela. El fenómeno no se detiene en el lenguaje. Va más allá.

Se entiende a la sociedad como un sujeto independiente.

Algo que puede ser diseñado, planeado, para hacerlo ideal. Usted ha escuchado eso de “el tipo de sociedad que queremos”. También, eso de “somos el producto de nuestra sociedad”.

Como calificativo es extremadamente común y útil. Un aditivo conmovedor a palabras como programas, políticas, acciones, sistemas, necesidades, problemas, gastos, lo que usted quiera.

El fenómeno es curioso porque un simple nombre colectivo se mueve ahora en un plano diferente y superior al de sus componentes. Algo que tiene una jerarquía superior al de quienes la formamos. Incluso se hace ideal la noción del sacrificio personal ante el bien social.

Lo que bien vale una segunda opinión es la adquisición de una carga moral asignada a la sociedad. Lo que es calificado como social tiene ahora una connotación ética que obliga a ciertas conductas sancionadas gubernamentalmente.

Si la idea de compasión y ayuda se refería antes al prójimo, es decir, a personas concretas, ahora la compasión y la ayuda se entienden como referidas a la sociedad, un ente colectivo y vago. El cambio es vistoso, tan vistoso como erróneo.

Su consecuencia más visible es la desaparición de la persona real, la que tiene una jerarquía claramente inferior a la de la sociedad. La sociedad está primero y tiene más valor y dignidad que la persona.

Esto hace posible, incluso justificable, la noción del sacrificio personal ante la sociedad (por vago que sea el término).

Si la persona vale algo solo lo vale por su serie de contribuciones a la sociedad, que es la única conducta moralmente admisible. Conducta que se vuelve obligatoria bajo amenazas de coerción gubernamental.

La substitución de la persona se completa con los programas sociales del gobierno.

No tiene ya la persona ese ideal de ayudar a otros porque es el gobierno quien la posee. Convertido en agente caritativo general, la persona se ve relevada de sus obligaciones personales más básicas.

Bajo esta mentalidad es perfectamente entendible la noción de justicia social. Tan popular que es usada sin darse cuenta de lo que ella acarrea y que es la desaparición de la persona. Cuando la justicia social aparece, la persona se desvanece.

El buen samaritano no puede existir en un sistema de justicia y caridad social. Pasaría él de largo frente al herido pensando en que debería llegar ayuda gubernamental. Cuando mucho, haría un llamado al servicio de atención telefónica del Ministerio de Ayuda Social.

La sociedad, entendida como sujeto superior a la persona, es una herramienta de gran ayuda al gobernante. Le permite actuar sin considerar a las personas, de acuerdo con lo que piensa él que la sociedad merece. Las expropiaciones de Chávez en Venezuela son un buen ejemplo de esa mentalidad.

Ellas muestran cómo funciona este mecanismo: los problemas y situaciones personales son transformados en problemas sociales generales de gran importancia, los que se convierten en asuntos políticos que caen bajo la responsabilidad gubernamental.

La educación, por ejemplo, es obvio que se trata de algo importante para todos. Un problema si ella no se tiene o es de baja calidad o no casi todos la acceden. No significa eso que por definición deda ser un asunto social transformado en terreno político que el gobierno deba atender.

Pero se hace y, en buena parte, su causa está en la idea con la que empecé: la sociedad ha adquirido una personalidad propia, autónoma, independiente de quienes la forman, y a quienes se adjudica una jerarquía inferior.

Ante la sociedad somos vistos como ciudadanos de segunda.

La mentalidad está bien representada en otra frase, la de “conciencia social” y la connotación de superioridad moral que ella contiene. Pocas cosas más terribles pueden decirse de alguien a quien se acusa de no tener conciencia social.

Post Scriptum

Otras citas:

Como sociedad debemos hacernos preguntas difíciles y profundas (B. Obama)

Debemos decidir cambiar nuestra sociedad… creando una buena sociedad para nosotros… (conversandoenpositivo.cl)

… donde sea que encontremos afirmaciones sugiriendo que ‘la sociedad debe hacer esto o aquello’, el único significado que debe dárseles es un significado político. Son exhortos para que el Estado deba actuar de cierta manera. K. Minogue, The Liberal Mind.

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