Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Eso “Totalmente Demostrado”
Eduardo García Gaspar
29 enero 2014
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Lo dijo Oscar Wilde. Puede resistirse todo, menos las tentaciones. androjo

Hay algunas imposibles de soportar. Al menos para mí.

Son las afirmaciones que comienzan con “está demostrado que…”

Y a continuación se establece algo que se toma como verdad absoluta porque la evidencia lo prueba.

Hay ejemplos de esto en, por ejemplo, está demostrado que la pena de muerte no tiene efectos… que el humo secundario causa cáncer en los no fumadores… que el cambio climático es producto del hombre… que la prohibición de las drogas disminuye su consumo…

Las afirmaciones son usualmente producto de la repetición, mucho más que de la reflexión. Y tienen una pieza vital.

Dicen contar con las pruebas de la ciencia, los estudios, los expertos. Esto las viste de respetabilidad y se vuelven imposibles de poner en duda.

Su esencia está en ese uso de evidencia científica, de los resultados de uno o más estudios. Y tomar esos resultados como prueba contundente.

Es similar al síndrome de que si algo se muestra con números y estadísticas, debe ser cierto.

Ayuda al efecto de la afirmación sostenida en estudios y expertos, el modo en el que se reporta en los medios. Ellos dan los resultados, les otorgan un peso de prueba incuestionable y así crean la apariencia de una realidad innegable.

El resultado neto es, en muchos casos, una opinión personal firme y sostenida en evidencias tan sólidas como una gelatina. Lo peor sucede cuando esos resultados científicos son tomados como realidad y los gobernantes basan en ellos decisiones y acciones.

Suele suceder en la ciencia que sus estudios y resultados muestran teorías distintas y en competencia. Que no hay acuerdos absolutos entre los científicos y que, lo muy usual, hay problemas en los estudios, que los hacen dudosos.

Un caso, el del cáncer en personas no fumadoras expuestas a humo secundario. Los llamados fumadores pasivos. Varias personas me han dicho que es una realidad comprobada científicamente.

¿Lo es? Siendo de naturaleza escéptica estas afirmaciones son imposibles de resistir.

Pude averiguar al respecto cosas interesantes. Fue en 1992 que el gobierno de EEUU hizo un meta-análisis de estudios anteriores sobre el tema. Fueron 30 de ellos y 25 mostraban que no había relación entre cáncer y exposición a humo de tabaco (con 95% de confianza, un estándar científico usual).

Pero aún así se “probó” que si se produce cáncer. Se eliminaron 11 estudios de los 30 y se redujo el porcentaje de confianza en ellos a 90%. Parece obvio que haciendo esto no se respeta el espíritu científico de encontrar la verdad. Más bien, se trata de usar y abusar las evidencias para probar lo que desde antes se considera verdad. Y, no crea, tiene su excusa: es por una causa noble.

Algo similar sucede con eso de que está demostrado que la pena de muerte no previene el crimen. La realidad es que sí hay estudios que son bastante convincentes en el sentido opuesto. Si uno piensa que si la pena de muerte no logra resultados, entonces menos lo lograrían las penas de cárcel. Y esto no tiene sentido.

Entiendo que los medios no pueden lograr noticias interesantes y atractivas hablando de intervalos de confianza, de estadística adecuada, de validez de mediciones, de hipótesis nulas y demás. Pero olvidar todo eso resulta en reportes débiles e inexactos.

La recomendación para el opinador compulsivo es sencilla, el ser escéptico. No creer tan ciegamente y usar su sentido común. Pero sobre todo, no cometer el error del non sequitur. Me explico porque es lo realmente más notable de todo esto.

Supongamos que uno o más estudios muestran que los obesos son los que comen alimentos con calorías de más. Más aún, supongamos que los estudios son correctos y acertados. Hasta aquí se reconoce una realidad, aunque un tanto incompleta (hay otras causas de obesidad adicionales a los alimentos).

Esos resultados no son evidencia alguna que justifique la intervención estatal para regular alimentos de ese tipo e imponerles, como se ha hecho en México impuestos que eleven su precio e intenten así disminuir su demanda.

Esos estudios sobre la obesidad solamente han probado una correlación entre ciertos alimentos y la obesidad. Nunca han probado que se justifique el aumento de impuestos para reducir su consumo. Ni han mostrado evidencia alguna de que el mejor camino es la coerción gubernamental.

La distinción es obvia, pero se olvida.

Si se probara fuera de toda duda razonable que el humo secundario daña al no fumador, eso no justificaría científicamente el que se prohibiera fumar en todos los bares y restaurantes. Una cosa no puede concluirse de la otra.

Mi punto ha sido claro: muchas de las cosas que se usan para opinar vienen de evidencias científicas que son cuestionables, cosa que sólo puede saberse examinando esas evidencias con cierto refinamiento que no es común.

Me parece que esto es innegable y común. Con una faceta muy humana, el de la percepción selectiva: tomamos y consideramos solo la información que confirma nuestras opiniones; descartamos la que las niega o pone en duda.

Post Scriptum

Insisto en lo que creo es el punto central: el que algo sea probado fuera de toda duda, como que el azúcar en exceso produce obesidad, prueba solamente eso y nada más que eso; no es evidencia que justifique la adición de un impuesto adicional a los productos que contengan azúcar. Esto es algo que me ha costado trabajo explicar a algunos.

Recuerdo una nota en un periódico que decía en su cabeza que “expertos” recomendaban el uso de condones entre jóvenes. En el cuerpo de la nota, los expertos se redujeron. Era uno solamente, un activista de una organización homosexual.

Un meta-análisis es un estudio adicional que toma los resultados de varios estudios anteriores e intenta agregarlos para encontrar una evidencia más sólida. Por ejemplo, muchos estudios sobre el efecto de consumir vitamina C, o sobre el efecto del humo en no fumadores.

Para esta columna me basé fuertemente en la obra de Whyte, J. (2013). Quack Policy: Abusing Science in the Cause of Paternalism (Hobart Paper). Institute of Economic Affairs. Puede ella conseguirse en el Institute of Economic Affairs.

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