Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ética: Problema Solo Humano
Eduardo García Gaspar
26 noviembre 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es obvio, muy evidente. Pero lo es, una vez que se sabe. androjo

Una de esas cosas, que después de conocerse, se reacciona diciendo que es obvio y claro.

Que no hay siquiera necesidad de mencionarlo.

Quizá, pero hay que hacerlo. Hay que hablar de estas cosas.

Recuerda, de cierta forma, una de las frases de George Orwell, el escritor, quien dijo que en tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario. En este caso, repetir lo obvio es un acto obligatorio, y es que en nuestros tiempos parece que lo evidente es confundido con lo innecesario.

Vamos al grano. Entre las grandes cosas que no separan de los animales, está eso que en conjunto llamamos moral o ética.

Me refiero a la idea de diferenciar entre lo que debemos hacer y lo que no. Esto es universal. Aunque de forma primitiva, esa inquietud la tiene incluso un niño.

Eso que debemos hacer lo llamamos el “bien”. Y llamamos el “mal” a lo que no debemos hacer. Somos, aunque sea de manera cruda, personas que tienen un sentido ético. Puede ser un sentido rudimentario, o refinado, pero lo tenemos. En nuestra misma naturaleza tenemos ese sentido de lo que debe y no debe ser.

Esto nos une como especie, y nos separa notablemente del resto de los animales. Nos hace además tener un problema que, hasta donde sé, no parece preocupar a, por ejemplo, los chimpancés, ni a los delfines.

Un problema que solo tienen quienes pueden distinguir entre lo que debe y no debe ser.

El problema es obvio: lo que es real no necesariamente coincide con lo que debe ser. Es decir, la realidad puede muchas veces no gustarnos. Desearíamos que coincidiera con lo que pensamos que debiera ser. Esto es lo que crea un siempre presente descontento, una inconformidad permanente.

Es un problema insoluble por definición. Nuestra realidad nunca coincidirá con lo que pensamos que debía ser. La razón de esto es nuestra propia naturaleza imperfecta. Esto suena obvio, lo es, pero debe recordarse.

Siendo deficientes no podemos aspirar a que nuestra realidad coincida con lo que debía ser.

Lo siento, pero así es. Y eso mata cualquier propuesta que asegure poder tener una realidad sin defectos y fallas. Es imposible aspirar en una sociedad perfecta, aunque más de uno lo haya creído cierto. Pero hay más, otro problema aún mayor.

Hasta aquí, tenemos un problema que solo los humanos pueden comprender, el de la falta de coincidencia entre la realidad y lo que debía ser. La situación se complica por otra razón obvia. Hay desacuerdos sobre eso que debía ser y eso que no debía ser.

Es decir, tenemos un acuerdo universal, el de reconocer que la realidad no coincide con lo que creemos que debía ser. No vivimos una realidad que concuerde con lo que creemos que es bueno y evite lo que creemos que es malo.

Es el problema ético por excelencia. Si viviéramos una realidad que no discrepa con lo que debería ser, la Ética saldría sobrando.

Y, mientras que existe ese acuerdo en todos, sucede que discrepamos fuertemente en las creencias de lo que debe y no debe ser. Nuestro deseo es acercarnos a eso que debe ser, pero no estamos de acuerdo qué es eso que debía ser.

En otras palabras, sabemos que hay cosas malas, pero no tenemos acuerdos sobre qué son las cosas buenas.

Esos desacuerdos son los que complican el problema. Son las diferentes escuelas de Ética, las diferentes opiniones y creencias que existen entre filósofos pero también entre gente común.

Las diferencias y desacuerdos son notables y serios. Tanto que ha surgido un remedio práctico para solucionar lo que parece no tener respuesta: que cada quien crea lo que más le convenga y eso que crea cada quien es merecedor de respeto.

Es una solución pobre y rudimentaria, intelectualmente débil, pero tiene su ventaja utilitaria: da un aire intelectual al abandonar el esfuerzo de pensar. Lo conocemos como relativismo ético y no es sorpresa que tenga sus defensores intelectuales (que parecen no usar exageradamente su intelecto).

En resumen, no cabe duda que somos todos seres con preocupaciones éticas, así sea primitivas, Eso significa que la realidad no concuerda con lo que pensamos que está bien.

Y el problema de fondo es que no hay un consenso sobre lo que debe ser. Sabemos que estamos mal, pero no exactamente lo que está bien.

Cuando, hace tiempo, hablé de esto a un par de personas, tuve un resultado descorazonador. Una me dijo que era obvio lo que dije, que no había nada interesante y que debíamos hablar de cosas más prácticas. La otra guardó silencio, viéndome de una manera peculiar que nunca descifré.

Post Scriptum

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