Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Eutanasia, Sus Efectos
Eduardo García Gaspar
4 septiembre 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Son asuntos delicados. Suelen tratarse con rudeza. androjo

Son sutiles, pero se examinan con tosquedad.

La delicadeza produce frutos, la ordinariez crea agresividad.

Uno de esos asuntos es la eutanasia. Veamos esto con serenidad.

No hay duda. Un efecto de la eutanasia es positivo. Es su defensa central. La eutanasia evita al enfermo terminal tiempo de dolor y sufrimiento.

Lo mismo les sucede a las personas quien tienen la responsabilidad de atender al enfermo. No puede negarse esta ventaja.

La pregunta que sigue es más sutil que solo lo anterior. ¿Justifican esas ventajas claras el quitar la vida a alguien? Un defensor de la eutanasia diría que sí.

Sin embargo, esas ventajas no cubren todo el asunto. Hay mucho más. Y eso es el cambio que se tendría en la actitud frente a la muerte.

La muerte, sin duda, es un asunto serio. Inspira una serie de complicados sentimientos y complejos pensamientos. Todo ese laberinto de ideas sobre la muerte, confuso, rico, embrollado, sentimental, razonado, todo es reducido a un examen simple de costos personales.

El cambio es radical, reduccionista. Morir o no morir sería convertido en una función de cálculo de dolor propio y ajeno. Tiene un aire a J. Bentham y sus cálculos de felicidad. Un real cambio de actitud frente a la muerte en general y eso va más allá de la eutanasia. Llega hasta la modificación de la percepción de la muerte misma.

Ya no es un asunto complejo y difícil, al contrario, simple y directo. Podría incluso tenerse una App que diera cálculos sobre si conviene usar la eutanasia o no.

Mi punto es claro: la eutanasia tiene ventajas de ahorros de sufrimiento, dolor y responsabilidad, pero también tiene otros efectos.

Y el corazón de esos otros efectos es la actitud frente a la muerte. Perdería ella su complejidad. No tendría ya esa aura de asombro y deslumbramiento que causa. Se convertiría en algo banal, nimio. Perdería su riqueza teológica, filosófica, emocional, al convertirse en un cálculo casi numérico.

No es un efecto menor, al contrario. La facilidad de un cálculo de dolor para justificar la eutanasia, altera nuestra actitud frente a la muerte a la que hace trivial y simple. No creo que cueste mucho trabajo comprender que hacer frívola a la muerte es igual a hacer insignificante a la vida.

La muerte es compleja, complicada, sentimental, porque también lo es la vida. Hacer intrascendente a la vida haría baladí a la muerte. Y viceversa. No es algo deseable perder la noción de tener una vida que merece ser examinada, al estilo Sócrates.

No es casualidad que la defensa de la eutanasia esté asociada con la defensa del aborto. Una es el abaratamiento de la muerte, la otra es el desprecio de la vida. Las dos son un cálculo simplista de ventajas personales imprudentes. Y eso tiene consecuencias.

Si se justifica la eutanasia para el enfermo terminal, la noción de “terminal” será relajada poco a poco, para llegar a incluir otras situaciones no terminales en su sentido estricto. Y si se permite el aborto dentro de las primeras semanas, no tardará en ampliarse el período.

Estos son efectos considerables y que deben ser incluidos al hablar de eutanasia. Va ella mucho más allá del ahorro de dolor y sufrimiento personal y ajeno.

El efecto general es preocupante. Despreciando a la muerte, perdiéndole respeto, es también hacer insignificante a la vida misma.

Ha sido usada con frecuencia una expresión sobre el tema, la de “cultura de la muerte”:

“El término “cultura” de la muerte se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto. El término “cultura” de la muerte fue acuñado por el Papa Juan Pablo II en su encíclica “El Evangelio de la Vida” publicada el 25 de marzo de 1995”. http://00nomataras.blogspot.mx/

La expresión tiene su fondo, pero no muestra todo lo que existe en la eutanasia y sus efectos. La cultura de la muerte es en realidad el desprecio de la propia vida.

La vida despreciada no puede ya tener sentido, ni razón. Solo podría ser una serie prolongada de ocasiones para buscar el placer directo, inmediato, al estilo de lo narrado por H. Balzac en La Piel de Zapa.

Porque la eutanasia es solo posible y deseable en la mente que no ve en la vida nada más que la búsqueda del mayor placer posible, evitando las ocasiones de dolor y sufrimiento a cualquier costo.

No entiende que eso es parte de la vida, parte de eso que puede llamarse experiencia moral, maduración, sentido del deber.

Post Scriptum

Todo lo que he querido hacer es apuntar el error considerable de creer que la eutanasia solo presenta ventajas de ahorro de dolor y sufrimiento. Ella produce un cambio en la actitud frente a la vida, a la que hace intrascendente.

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