Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Expertos Trasladados
Leonardo Girondella Mora
20 marzo 2014
Sección: EDUCACION, FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Quiero en lo que sigue ilustrar con un ejemplo un fenómeno de estos días y tiempos —el fenómeno de la traslación de conocimiento, por el que un experto en un campo se mueve a otro en el que no es experto y produce opiniones de apariencia experta.

Tomo un ejemplo, el de un científico, cuya breve descripción tomé de Wikipedia:

“Richard Dawkins (Nairobi, 26 de marzo de 1941) es un etólogo, zoólogo, teórico evolutivo y divulgador científico británico. Fue titular de la «cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia» en la Universidad de Oxford hasta el año 2008. Es autor de El gen egoísta, obra publicada en 1976, que popularizó la visión evolutiva enfocada en los genes, y que introdujo los términos meme y memética. En 1982, hizo una contribución original a la ciencia evolutiva con la teoría presentada en su libro El fenotipo extendido, que afirma que los efectos fenotípicos no están limitados al cuerpo de un organismo, sino que pueden extenderse en el ambiente, incluyendo los cuerpos de otros organismos. Desde entonces, su labor divulgadora escrita le ha llevado a colaborar igualmente en otros medios de comunicación, como varios programas televisivos sobre biología evolutiva, creacionismo y religión”.

Claramente es un científico —un tipo dedicado a asuntos biológicos y similares— y ejemplifica el fenómeno al que me he referido, el de trasladarse de su campo a otro, presuponiendo que el conocimiento de experto en su campo original puede sacar conclusiones en otro.

La misma fuente anterior lo ilustra:

“En su libro El espejismo de Dios, Dawkins sostenía que era casi una certidumbre que un creador sobrenatural no existía y que la creencia en un dios personal podría calificarse como un espejismo, como una persistente falsa creencia, sostenida tenazmente a pesar de la gran evidencia en contra”.

El traslado debe ser claro —de su campo científico se ha trasladado al terreno del teólogo, del filósofo. Estos traslados de autoridad del experto en un campo a otro en el que también cree ser experto es lo que exploro en lo que sigue.

Lo que hago a continuación es usar el esquema de un filósofo, Mortimer Adler —con mi agradecimiento al editor de esta página que fue quien llamó mi atención sobre un breve párrafo de Adler que habla de las especialidades de los expertos.

• ¿Puede un científico definir la felicidad humana y determinar lo que debe hacerse para alcanzarla? No, al menos usando su conocimiento de experto en biología o física —aunque podrá opinar en lo personal, no como un experto especializado.

• ¿Puede un científico decir cómo se logra una sociedad justa, o cuáles son los deberes humanos, o por qué los humanos tienen dignidad? Tampoco. Su experiencia en asuntos químicos, por ejemplo, no le da bases suficientes para tener una opinión experta en un terreno ajeno.

• ¿Puede un experto explicar la razón por la que somos libres, o tenemos derechos? La misma respuesta —puede él tener una opinión personal, como cualquier otro ser humano, pero será dudoso que su carácter de experto en biología le permita tener opiniones de experto en otros campos.

La idea es fácil de exponer: las ciencias no tienen la capacidad de responder a cuestiones morales, ni religiosas —todas esas que van al interior de la esencia humana más allá de lo corporal. Y no son el terreno de las ciencias, lo son de otras disciplinas, concretamente de todas las ramas de la filosofía y de la teología.

Lo anterior me lleva a otras consideraciones:

• Existe un segmento de publicaciones de calidad muy variable conocida como “mejora personal” —con libros que suelen mostrar técnicas y habilidades para lograr la felicidad, tener éxito y demás.

Esto muestra que los humanos tienen inquietudes por respuestas que no vienen de las ciencias y que, en este caso, revelan recetas fáciles que suponen ser respuestas a las interrogantes humanas más profundas.

• El lector sagaz preguntará sobre si un gran conocimiento científico, de física sobre el origen del universo o de biología sobre la evolución, pueden llevar a conclusiones sobre la felicidad humana o la existencia de Dios.

La respuesta sigue siendo no —resulta imposible, por ejemplo, ir en el otro sentido, y hacer que un teólogo exprese opiniones de experto sobre fenómenos químicos. Sin embargo, existen expertos que se especializan en la frontera de ambas áreas, como el de quien sabe de bioética.

Mi tesis final es la de mantener un escepticismo saludable en las ocasiones en las que un experto en un campo se mueve a otra suponiendo que también allí es experto —y tener una decisión clara de preferir a los especialistas de cada campo si se desea profundizar en él.

Por ejemplo, para conocer más sobre el Cristianismo es preferible acudir a textos de teólogos —que no son todos pesados ni aburridos— y no a libros comerciales y superficiales sobre el tema, escritos por no expertos.

Nota del Editor

La columna me hizo pensar en la persona que derivó sus conocimientos religiosos de los libros de J. J. Benítez y de Dan Brown. Un ejemplo exagerado, pero real, del fenómeno señalado de traslado de expertos en un campo a otro, en el que se creen igualmente conocedores.

Girondella no trata un aspecto que preocupa por igual razón, el de la impresión que crean libros, películas y programas de televisión sobre esos temas no científicos. Esto sucede con un literato autor de grandes novelas que opina sobre religión típicamente.

Un diálogo entre Dawkings y Pell, es indicativo del contraste entre expertos en ambas areas (demasiado televisivo para profundizar, pero interesante hasta cierta forma.

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