Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
F. Hollande: Sus Asuntos
Eduardo García Gaspar
27 enero 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Tuvieron su popularidad. Una mucho mayor que la otra. separador.001

Fueron dos noticias de origen francés. Las dos acerca de su presidente François Hollande.

La importante es económica, la pintoresca es sexual.

En cuando a la económica, ella describe algo notable.

Para revitalizar a la economía del país, Holande está tomando medidas que son las opuestas a las que prometió durante su campaña. Antes más impuestos, ahora menos, al igual que menos trámites y reducir el gasto público (cerca del 60% del PIB ahora).

Es algo digno de notarse. Ganó las elecciones con una serie de promesas que prometían tener un mejor país, las implantó y, ya que no funcionaron, está haciendo lo opuesto de lo que lo llevó a ganar.

No es un buen indicativo de quienes votaron por él porque haría eso que no tuvo éxito.

Total, nada nuevo bajo el sol. Podía haberse predicho que las medidas socialistas de Hollande no darían resultados. Vayamos a la otra noticia, la que creó la oportunidad de escribir Liberté, Egalité et Infidelité.

La situación fue descrita por Sergio Sarmiento (Grupo Reforma, 17 enero 2014):

“Las encuestas sugieren que no hay en Francia una desaprobación moral a la compleja vida sentimental del Presidente, quien ha pasado en corto tiempo de una larga relación con Ségolène Royal, ex candidata presidencial con la que tiene cuatro hijos, a otra con Valérie Trierweiler, la ‘Primera Dama’ oficial del Elíseo, y a este aparente amorío con Gayet”.

Puestas en conjunto, podría suponerse que a Hollande no le gusta cambiar solamente de política económica. En este terreno, Hollande dice que este asunto es netamente privado y no debe explicaciones.

Puede ser, puede no ser. Esto bien vale una segunda opinión.

¿Es o no un asunto público la “vida sentimental” de un presidente? Para muchos medios, no importa si lo es o no, simplemente cambian la pregunta y deciden si es o no noticia. Obviamente lo es y se publica y se convierte en una especie de “nouvelle du jour”; la noticia del día y que desaparece por reemplazo.

¿Importa o no conocer la vida privada de las personas que son importantes y cuya conducta influye en los demás, como un presidente? Creo que sí. Estoy seguro que sí. Me explico.

Cuando usted tiene un computador descompuesto, llama al técnico que puede repararlo. Usted selecciona al mejor técnico que se pueda.

Usted no lo entrevista para conocerlo a fondo antes de entregarle su máquina. Lo que quiere es repararla y hacerlo bien. Le preocupará, es cierto, la honestidad de la persona, su filosofía (como escribió G. K. Chesterton): no querra ser robado, ni que se viole la confidencialidad de los datos en la máquina.

El interés de usted en la persona irá creciendo poco a poco conforme crezca la importancia de ella en la vida de usted. No le interesa mucho la vida privada ni la filosofía del repartidor de pizzas, ni la del mesero del restaurante. Pero le interesa más, mucho más, la del novio de su hija, por ejemplo.

No es conocer esa vida privada por una curiosidad enferma, sino porque esa vida privada tiene efectos en la vida de usted. Los políticos en campaña, muchos de ellos, explotan esto al pintarse como gente normal con familia normal.

El punto es claro: los políticos son personas con mucho poder sobre nuestras vidas a las que afectan de mil maneras posibles. Conocer lo más posible sus vidas es una necesidad lógica.

Podrán ser lo mejores economistas, por ejemplo, sin que esa capacidad sea afectada por sus “complejas vidas sentimentales”, pero aún así, saber que el gobernante no parece valorar mucho la fidelidad conyugal, es una pieza buena de información.

Quizá no tenga una influencia directa en la propuesta de reducir el gasto público, pero aún así dice algo de la persona, de su manera de pensar, de su filosofía personal.

Quizá no importe mucho la filosofía personal del que ha producido la tela de mis camisas, pero si comienza a importar más y más la manera de pensar de quienes están más cerca de uno o tienen poder sobre mi vida.

Si la reportan los medios o no, si alegan que es una cuestión privada o no, eso no importa. Hay posiciones en las que la vida personal debe ser conocida, como en el caso de los gobernantes. Sus estilos de vida revelan sus formas de pensar y eso, sin duda, tendrá efecto en los destinos de millones.

No es un asunto de puritanismo el conocer la vida sentimental de los gobernantes, es uno de simple utilidad. Si ellos se erigen en personas capaces de gobernarnos, creo que es de simple sentido común que nos digan cosas sobre su vida, y los asuntos de familia son unos de ellos.

Por el otro lado, finalmente, me parece que quien tiene un puesto público como el de Holland tiene una responsabilidad adicional: debe ser un ejemplo de conductas positivas para el resto, no de vidas sentimentales agitadas. Eso es parte de la idea de una sociedad virtuosa.

Post Scriptum

Me resulta una expresión curiosa calificar como “vida sentimental” a la actividad sexual. Lo sentimental suele entenderse como irreflexivo, emocional, sin seso; y si el gobernante tiene una vida sentimental agitada, eso me habla de un estilo de tomar de decisiones que no es precisamente recomendable.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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