Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacias Personales: Ejemplos
Leonardo Girondella Mora
20 enero 2014
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Con facilidad, si se pone atención, se está rodeado de maneras falsas de argumentar en favor de la opinión separador.001propia. Da la impresión que demasiadas personas sostienen sus opiniones sobre bases extraordinariamente débiles.

En lo que sigue busco dar algunos ejemplos de opiniones que cometen ese error —apoyan opiniones cuya solidez no puede demostrarse usando ese argumento.

• “Es mentira lo que dijo porque él es un banquero que comercia con dinero ajeno”. Se llama argumentación ad-hominem y es errónea: no razona lo dicho por el banquero, lo ataca en su persona no en sus razones.

• “Debe ser cierto porque lo dijo Al Gore”. Es lo opuesto a lo anterior. Se llama ipse dixit y es errónea: no razona lo dicho por la persona, sino que lo acepta por un prejuicio personal en favor de quien ha hablado o por coincidir con lo que ella ha dicho.

Estas dos falacias, pues son eso, formas erróneas de razonar, están basadas en preconcepciones personales. Son extraordinariamente comunes, como, por ejemplo, “Es verdad (o mentira) porque lo dijo el Papa”, “la mayoría de los científicos dice eso y debe ser verdad”, “está equivocado porque es un neoliberal (o un socialista)”.

Se refieren básicamente a la persona que emite una opinión, que se aprueba o no, dependiendo del prejuicio personal que exista sobre ella o sobre la opinión vertida. Su falla está en el ignorar los argumentos que apoyan la opinión y centrar todo en la calidad de quien la expresa, según la opinión propia.

• “Pues la mayoría de las personas que conozco piensan eso y debe ser verdad”. Es una variación de las dos falacias anteriores. Se llama argumentum ad populum y consiste en argumentar que lo percibido como opinión mayoritaria es verdad.

Las tres cometen el mismo error de colocar toda su atención en la fuente de la opinión que se aprueba o no dependiendo de la evaluación personal de la calidad de quien opina. En una evaluación objetiva de una opinión cualquiera, importa quién lo dice, pero importa mucho más cómo lo sostiene y razona.

Esto me lleva a ver más de cerca el elemento de la fuente de la opinión —la persona en sí misma que sostiene algo como verdadero.

• Si la persona resulta confiable, en el sentido de ser honesta, objetiva, sabia, entonces su opinión puede verse como digna de atención —pero sólo hasta allí, pues no hay elementos para aprobarla o no.

• Si la persona es una considerada conocedora del tema sobre el que emite una opinión, también eso causa que su opinión pueda verse como algo que deba escucharse —pero sólo hasta allí, pues tampoco en este punto se examinan las razones que harían válida su opinión.

• Si dentro del campo en el que se emite la opinión hay desacuerdos sustanciales y la persona favorece uno de las corrientes de pensamiento de ese campo, eso debe ayudar a colocar a la persona en una posición —y motivar a buscar las opiniones opuestas.

• Incluso en el caso de que la persona tenga intereses personales en defender una opinión suya, eso no invalida lo que expresa —podría muy bien ser cierto, o no, con independencia de quién es ella y cómo le afecta.

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Mi intención al examinar estos ejemplos de falacias muy comunes es poner sobre la mesa avisos que el lector pueda recordar con facilidad para no cometer esos errores —o para alejarse de quienes las cometen y no se dan cuenta de ello.

Es frecuente, en mi experiencia, encontrar ejemplos como los siguientes y que dejo al lector como un ejercicio que le sirva para encontrar la falla específica de cada uno de ellos.

– “Estoy de acuerdo con los ateos por lo idiotas que son los fundamentalistas religiosos”.

— “Ninguno de mis amigos piensa que esa ley ayudará al desarrollo”.

— “Todos los científicos creen en el calentamiento (o enfriamiento) global”

— “Los empresarios sólo defendieron sus intereses al rechazar los nuevos impuestos”.

— “Sólo un traidor a la patria pediría la privatización del petróleo”.

— “No puedes darme la razón porque eres un religioso (o ateo) empedernido”.

— “La filosofía griega es sólo el pensamiento occidental de hombres blancos que buscaban el poder”.

— “Si piensas que no debe haber abortos, es que eres un moralista fundamentalista ignorante”.

– “Sólo un homófobo se opone a que haya familias homosexuales con hijos adoptados”.

– “Sólo porque tú fumas es que apoyas que se permita fumar el restaurantes”.

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En conclusión, eche el lector un buen ojo a quien expresa una opinión, pero antes que eso examine las razones en las que esa opinión ha sido cimentada.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Falacias. También existe una gran sección general que cubre éstas y otras formas de engaños, bobadas y similares, en ContraPeso.info: Falsedades.

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