Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falta Que Distrae
Leonardo Girondella Mora
24 enero 2014
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La crítica al mercado libre ha surgido de nuevo —con una cierta vitalidad renovada entre sus opositores— por separador.001causa de un párrafo en la exhortación papal reciente, la Evangelli Gaudium.

Es la observación que afirma que no es aconsejable fiarse de movimientos espontáneos de los mercados libres, generalmente calificados de fuerzas invisibles que no tienen elementos humanos —con la “mano invisible” jugando siempre un papel.

Por supuesto, el enemigo de la libertad económica y de trabajo ha hecho esa crítica por años, la mayor de las veces con demasiada inocencia —y encuentra vigoroso el hallar algo similar en un personaje de autoridad como un Papa.

Este enemigo de la libertad tomará al texto papal y lo interpretará a su modo, con conclusiones que no son realmente razonables —lo que me lleva a intentar ver de cerca ese párrafo, el que dice,

“Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos”. (204).

Tomado por sí solo y citado selectivamente, estoy seguro que servirá de apoyo para afirmar que la Iglesia se opone a las reformas estructurales y que apoya a subsidios agrícolas para el aguacate —y que patrocina la existencia de políticas fiscales distributivas.

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Creo que en realidad se trata de mucho menos que eso —como lo intento mostrar en las consideraciones siguientes:

• La porción económica en ese texto es realmente pequeña en relación al resto del contenido, que es religioso absolutamente —un documento evangélico que llama a ir a Jesucristo.

• Aún siendo yo un defensor de mercados libres, guiados por la mano invisible —que es mejor que la mano burocrática—, sí encuentro que eso solo no basta, ni es suficiente.

• Los mercados libres son el producto de la acción espontánea de personas que buscan mejorar su situación —y resultan mejores para crear riqueza que alternativas como el intervencionismo y el socialismo.

• Sí creo que se necesita algo más que eso porque los humanos son mas que entes materiales —es conveniente agregar otros elementos que Su Santidad no explica allí con fortuna al llamarlos “decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo”.

• Ese lenguaje se presta a interpretaciones vagas y usa un vocabulario gastado, como el de la “mejor distribución del ingreso” —queriendo, según el contexto del documento, significar la acción humana inspirada en el Evangelio Cristiano.

• Hablar de “distribución del ingreso”, incluso a pesar de no hacerlo como asistencialismo, lleva a la idea de una agencia redistribuidora al estilo del estado de bienestar —cuando lo que más debe venir a la mente es que esa redistribución es realmente el producto de la acción compasiva y prudente del humano que ayuda al prójimo.

• Creo que se trata de una mala selección de palabras que usa expresiones usuales —las acostumbradas por el opositor a los mercados libres. No es una falta ligera, pero tampoco es esencial.

• Otra parte de ese párrafo dice que la economía ya no debe acudir “a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos” —otro caso de lenguaje poco afortunado.

• La dualidad muy mencionada, la de no poner al elemento material por encima de lo humano es muy congruente con la esencia católica y resulta en un precepto o virtud siempre aceptable —pero que tiene sus sutilezas en el momento de aplicación, las que no son tratadas allí.

• Cuando, por ejemplo, la totalidad de una empresa depende de mantenerse rentable, la situación es odiosa y terrible —pero no admitiría que por mantener ciertos empleos, el resto se perdieran después incluyendo los salvados un tiempo.

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En resumen, veo en ese párrafo y en otro sobre el dinero, simplemente una mala selección de vocabulario en un muy breve espacio —que puede interpretarse de muy variadas maneras.

Un opositor de la libertad económica lo tomará como un apoyo a sus ideas y un defensor de esa libertad lo tomará como un ataque —cuando me parece obvio que esas ideas deben entenderse a la luz de dos cosas muy obvias:

— El sentido entero del documento, que es una exhortación a seguir a Jesucristo y actuar así en la vida entera— incluyendo la vida económica: Jesucristo es eso que falta a los mercados libres, porque no puede confiarse en que ellos lo sean todo.

— Una falta sensible en el modo de expresión y la brevedad del espacio: expresiones usuales que acarrean connotaciones no propias de un documento de tal naturaleza y que sin quererlo producen un efecto indeseable, el apoyo a quienes de otra manera no creen en la religión.

Esta falta es lo que mucho me temo ha ocasionado una consecuencia no intencional que va en contra de las intenciones finales del Papa Francisco. Han distraído la atención pública a un detalle del documento, evitando que se vea como lo que es, un llamado al mundo para reconocer a Jesucristo.

Nota del Editor

Para más ideas sobre el tema, vaya a ContraPeso.info: Francisco.

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