Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fracaso de Los Expertos
Eduardo García Gaspar
6 agosto 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es realmente compleja. Un cúmulo gigantesco de personas.androjo

Todas tomando decisiones en cada momento. Siempre bajo condiciones cambiantes.

Me refiero a la economía, incluso de una pequeña comunidad.

Considerar la complejidad de cualquier economía es algo que parece haber sido olvidado.

Cito a D. Friedman, un abogado-economista:

“Cada precio depende de todos los demás precios, directamente, porque el precio de un bien para el consumidor puede afectar su curva de demanda para otros bienes, e indirectamente, ya que el precio al que el productor puede vender sus mercancías afecta su ingreso derivado de su producción, lo que a su vez afecta sus curvas de oferta y demanda para otros productos”.

Digamos que está usted en el supermercado, con la idea de comprar entre otras cosas, una botella de ron. Pero encuentra que el vodka está en oferta, al dos por uno.

Usted cambia su decisión en ese momento y afecta al productor de ron y al de vodka.

A continuación usted se dirige a comprar verduras y encuentra que las manzanas no se ven frescas, pero sí las uvas. Y decide comprar uvas, no manzanas.

Y así en cada decisión, algunas tomadas en ese mismo instante. Lo mismo para cada persona en cada tienda a diario.

Se entiende que las decisiones de usted implican cambios sustanciales: aumentó la cantidad demandada de vodka y disminuyó la de ron, y así con el resto de sus compras. Pero también alteró a los fabricantes y a la misma tienda. Fascinante.

Ahora démonos cuenta de la complejidad de lo que sucede. Digamos, como suposición, que cada persona toma al día 100 decisiones de compra, 36,500 al año.

Muchas de ellas alteradas por circunstancias imprevistas por la persona, en situaciones distintas cada vez. Multiplique eso por el número de habitantes, digamos de un país con solo diez millones.

Hasta aquí hemos contado nada más a los consumidores. Nos faltan los productores, que mostrarán otro tanto de decisiones. Los números son enormes. Gigantescos.

¿Podría tratarse como un complejísimo sistema capaz de ser resuelto por medio de ecuaciones matemáticas?

Vuelvo a citar a D. Friedman:

“Resolver incluso una muy simple economía real necesitaría miles de ecuaciones; en la práctica el problema es insoluble incluso con matemáticas avanzadas y computadoras modernas. Pero el punto del análisis no es solucionar una economía; incluso si supiéramos cómo resolver las ecuaciones en primer lugar no podríamos escribirlas, ya que no sabemos las preferencias y habilidades de cada uno. Lo que observamos son los precios y las cantidades; vemos la solución, pero no el problema”.

Aún más fascinante. Estamos en una posición en la que puede verse algo excepcional: la solución de un sistema muy complejo realizada por millones de personas que buscando su propio bienestar, no se dan cuenta de estar trabajando en la solución de ecuaciones que no podrían escribirse.

Y presentan la solución en forma de precios de bienes, soluciones actualizadas al instante (o casi).

Funciona bien el sistema, aunque no deja de tener sus defectos, básicamente originados por errores humanos y conductas reprobables. Esto presenta una opción obvia.

¿Es posible mejorarlo? La inquietud es legítima. Veamos esto más de cerca.

Digamos que un amigo suyo escucha la explicación anterior que usted le ha dado y concluye que no sería una mala idea el proponer formas para mejorar su funcionamiento.

Quizá alguien pueda hacerlo. Tal vez un grupo de expertos muy sabios pudiera ver la manera para perfeccionar el sistema.

¿Puede hacerse eso? En teoría, es posible, si se contase con un sistema adicional de captura de información que entrara en los cerebros de todos conociendo sus circunstancias particulares y específicas. Luego envía en tiempo real esos datos, resolviera las miles de ecuaciones para encontrar al instante una solución para cada persona, mejor que la pensada por ellas.

Es decir, la solución encontrada por los expertos sería asombrosamente similar a la ya decidida por las personas. ¿Para qué gastar en todo eso si ya se tiene la solución? Sería redundante. Absurdo.

Pero supongamos ahora que esas dificultades no detienen a los sabios expertos y ellos concluyen que sus ideas mejorarían al sistema complejo. Enfrentarían problemas, como soluciones basadas en información incompleta. Y dificultades con la existencia de efectos imprevistos que podrían empeorar al sistema, no mejorarlo.

No son dificultades menores. Lo que llama la atención es que a pesar de las más razonables explicaciones en su contra, las propuestas basadas en ideas de expertos se intentan una y otra vez.

Por ejemplo, se intenta mejorar a la economía elevando el dinero en circulación, o decretando tarifas a la importación, o dando subsidios selectivos.

Hay dos cosas fascinantes en todo esto. Una es la maravilla de un sistema complejo, imposible de reducir a ecuaciones, pero que funciona espontáneamente con soluciones asombrosas creadas por la interacción de las personas.

La otra cosa fascinante, es la asombrosa terquedad de pretender que puede mejorarse el sistema moviendo una o dos de sus variables.

Post Scriptum

Las citas son de Friedman, D. D. (1996). Hidden order : the economics of everyday life. New York, NY: HarperBusiness.

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