Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobernantes Imperfectos
Eduardo García Gaspar
27 agosto 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Para algunos, es cuestión de deshacerse de él. androjo

Otros lo toman como el objeto de su adoración. Hay también quien piensa que es un mal necesario.

Y muchos más, como lo que creen que es un modus vivendi.

Es el gobierno.

¿Lo necesitamos en verdad? Un mundo sin gobierno, basado en acuerdos entre las partes, me resulta atractivo, pero mucho me temo que es imposible.

La razón la vemos todos los días, nuestra propia imperfección. Realizamos actos indebidos y por eso mismo, necesitamos un gobierno.

Una entidad con poder que aplique leyes y castigue conductas indebidas. Conductas que dañen a las personas mismas y a sus propiedades, conservando las libertades más amplias posibles. En fin, debido a nuestra imperfección necesitamos gobiernos.

Y eso crea un problema fascinante: no hay otra opción que tener gobernantes que también son imperfectos, igual que el resto de los mortales.

Es decir, para hacer más leves las consecuencias de nuestra imperfección tenemos que acudir a la intervención de gobernantes, los que son también imperfectos.

La premisa de la que parten el socialismo, el intervencionismo, el estado de bienestar está equivocada. Estas formas de arreglo político-económico, suponen que los gobernantes son perfectos, o casi perfectos (al menos, mejores que el resto de nosotros).

La conclusión es obvia: para remediar y prevenir las consecuencias de nuestra imperfección, la que lleva a conductas indebidas inevitables, recurrimos al gobierno, pero el gobierno está también formado por personas imperfectas. Un problema interesante.

¿Como solucionarlo?

Lo primero, es aceptar la realidad: jamás tendremos un mundo perfecto, ni un gobierno perfecto, ni gobernantes perfectos, ni ciudadanos perfectos. Creer que podremos tener una sociedad ideal, es al menos ingenuo.

Comienza aquí la idea de cómo solucionar el problema de gobiernos y gobernantes imperfectos y lo hace con una idea simple: ver con sospecha y recelo las propuestas de gobernantes que piensan poseer el diseño de una sociedad ideal.

Cuando usted escuche eso de un gobernante, lo mejor que puede hacer es salir corriendo y votar en su contra. Un ser imperfecto que cree tener el secreto de una sociedad ideal, es aún más imperfecto que el resto de nosotros. Darle poder sería una locura.

Otra manera de encontrar un gobierno razonablemente bueno, pero en manos de seres imperfectos, es hacer todo lo posible por limitarles el poder. Demasiado poder en manos de seres imperfectos sería igual a ponerse en manos de un ser defectuoso que cometerá errores y sucumbirá a conductas indebidas.

Simplemente no conviene hacerlo. Es problema ya puede verse: ningún ser humano, absolutamente ninguno, está preparado para gobernar a los demás. Y solo lo podrá hacer bajo reglas que le son impuestas por el resto y cuidando que no se salga de ellas.

El gobierno, entonces, puede tenerse bajo la estricta condición de un papel de empleado que obedece el mandato del resto, expresado en leyes emitidas por legisladores con poder separado.

Es un gobierno empleado, al que se le exigen cuentas y que puede actuar solamente dentro de estrictos límites de los que no puede salir.

Consideraciones como las anteriores hacen entender la naturaleza de un buen gobierno bajo la condición inevitable de la imperfección humana. Sería una locura esperar acciones perfectas de un gobierno de gente imperfecta.

Y sin embargo, eso es lo que sucede en nuestros tiempos. Por alguna razón demasiados ciudadanos han sido atraídos a la idea de que quienes gobiernan tienen capacidades y conocimientos sobrehumanos, los suficientes como para ser ahora ellos quienes dictan conductas a los ciudadanos.

El cambio es digno de mencionar y bien vale una segunda opinión.

Bajo el supuesto de un gobierno razonable y limitado, es el ciudadano el que le exige cuentas al gobernante.

En cambio, bajo el nuevo concepto del gobernante que sabe conducir a la sociedad, es ese gobernante quien le exige cuentas al ciudadano.

Es ese el panorama general de los gobiernos en nuestros tiempos y que se debe al olvido de que los gobernantes son seres imperfectos, que no pueden ser sujetos de confianza ciega. Deben ellos ser vigilados, limitados, supervisados y mantenidos dentro de lindes bien definidos.

Es cuando nos olvidamos que los gobernantes no son sino seres iguales a nosotros, y quizá peores, que comienzan los problemas que padecemos en nuestros días, especialmente la pérdida de libertad y con ella, la pérdida del florecimiento humano.

Post Scriptum

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